Apio Apium graveolens, originaria de la cuenca Mediterránea y del extremo Oriente. Pertenece a la
familia de las umbelíferas, como el perejil, cilantro, hinojo que todos comemos pero
también de la cicuta, esa planta que envenenó a Sócrates en la Antigua Grecia.Hubo una vez, no hace mucho tiempo, que un cocinero me pidió la raíz del apio para la preparación de una nueva receta. Para alguien como yo, amante de los cultivos permanentes, este acto suponía un sacrificio de planta, pero
todo sea por el arte del buen comer, del buen cocinar. Lo que no me fue confesado y que hoy les voy a compartir son las virtudes de una planta de aspecto viril de la que se consumen sus tallos, sus hojas, por supuesto sus
flores y por buenas, sus semillas también.
No les voy a hablar hoy de lo bueno y saludable que es el consumo de sus tallos, hojas y de sus
pocas calorías. No les voy a mencionar el
alto contenido en fibra que contiene y que lo ha hecho el ingrediente protagonista de los
batidos verdes que tan bien vienen para esas
dietas detox y de pérdida de peso.No les voy a decir que junto con el perejil, el apio
contiene más vitamina C que las naranjas o que contiene importantes cantidades de Calcio, Hierro y Magnesio. Les recomiendo que vayan a un
taller de Naturalmente Margui, y será ella quien al momento, les prepare una bebida de esas buenas para curar todos los males que podrán degustar in-situ.Si hablamos de apio en cocina, es hablar de sabor y textura según variedad: sus flores minúsculas son blancas, crecen agrupadas en una especie de paraguas acolchado. Su
suave aroma presenta el golpe de
sabor acre, dulce, anisado, salado y termina con un
ligero amargor que se desprende al morder un pequeño grupo de flores.De sabores, de su combinación y de la experiencia combinada saben mucho
Fer Fuentes y Andrea Bernardi del restaurante
estrella Michelín Nub, en la Laguna. Así presentan un
ostión a la Parmesana con la flor de apio de colofón.

Ya
en crudo, las hojas se consumen en
ensaladas, los tallos son protagonistas de las
“crudités”. Son deliciosos
encurtidos pero también en guisos, salsas, arroces, caldos… Su lado oscuro está como alérgeno. El apio y sus derivados deben ser obligatoriamente etiquetado allá donde se presenten. No queda otra que, a pesar de sus virtudes, si uno es consciente, evite su consumo.Y para terminar
esta historia nos remontamos a los griegos, para ellos era una planta dual, la utilizaban tanto para llevarla a la tumba, como para despertar pasiones. En la Odisea de Omero, la ninfa Calipso vivía en una cueva rodeada de campos de lirios y apio salvaje que alimentaron una
dieta de pasión con Odiseo durante más de cinco años.Parece ser que de la raíz del apio se desprende la androesterona, en la asimilación de esta planta, los hombres exudarían algo así como una feromona que los haría ser percibidos más atractivos por las mujeres.No se si aquel cocinero consiguió crear el plato deseado, pero ahora ya sabemos que
la raíz rallada, junto con las flores y semillas secas se mezclan con sal, en proporciones a gusto, para condimentar y aromatizar, con sutiles matices que ahora ya conocemos, aquellos platos en los que onemos nuestros mejores deseos.¿Flores, hojas, plantas y raíces para qué os quiero? Y ¿cómo no os voy aquerer?
Laura López. Serie de Flores Comestibles en HuleyMantelNormas de uso responsable en este
ENLACE.TAMBIÉN EN HULEYMANTEL.COM