Casa Platos, la cocina hi-fi llega a Barcelona

Iker Morán, periodista y autor en Hule y Mantel

Periodista

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Asistentes en el Pizza Fest en una edición anterior en Barcelona
Asistentes en el Pizza Fest en una edición anterior en Barcelona

Un restaurante donde suenan vinilos. Y lo hacen con una calidad excepcional gracias a un equipo de sonido digno de un melómano dispuesto a gastar unos cuantos miles de euros. Puede parecer la última excentricidad hostelera, pero en realidad esto existe en Japón desde por lo menos la década de los 50, cuando se popularizaron los llamados “listening bars”. En Barcelona ya hay coctelerías y bares que se enmarcan en esta categoría, pero hace unos meses Casa Platos se convirtió en el primer restaurante de este tipo en la ciudad.

Cocina de autor, coctelería y música hi-fi. Esa es la combinación de este restaurante que, hay que reconocerlo, tiene un nombre insuperable. Platos en la mesa y girando en el tocadiscos en este proyecto de Ot Salvans junto a su socio Víctor Martínez, que abrieron hace justo un año el muy recomendable Manda Huevos en Les Corts. Aquí se busca una cocina más personal y, en cierto modo, compleja para este bonito local de Gracia en el que, eso sí, la luz y decoración parecen invitar más a los planes de tarde o de noche que a los mediodías.

Buena cocina, buena música

Precisamente para animar los mediodías entre semana han estrenado una suerte de fórmula los jueves y viernes en la que juegan con dos de los platos más aclamados de la carta, el arroz meloso y el yakitori, para proponer este menú. Cierran lunes y martes, miércoles sólo abren noches y el resto de días abren en turno de comida y de noche.

Aclarada la información práctica, lo importante es que más allá de la música, la decoración y la coctelería, aquí se come muy bien. Es importante tenerlo en cuenta porque el contexto que rodea a los platos puede ahuyentar a quienes sólo les interesa lo que llega a la mesa. Lo de aquí, eso sí, es una cocina un tanto escurridiza si se pretente asignarle una etiqueta que la resuma, porque lo mismo preparan un cap i pota de tendones de ternera y langostinos, que una carbonara marina a base de fideos de calamar con pil-pil de jamón ibérico y anguila ahumada, o una raya a la meunière de ají y yuzu.

Salvans ha pasado por las cocinas de Diverxo y Disfrutar y eso es algo que puede servir para explicar la técnica y cierte heterodoxia en el menú. Buen producto, ingredientes que miran a Asia sin perder de vista el recetario local con una reinterpretación a priori atrevida (cocochas de merluza al pil-pil de all i pebre y patata “arrugada”) y sabores potentes. Y es que tras esa apareciencia desenfadada que sugiere la decoración y los enormes altavoces de las paredes, estamos ante una cocina que apunta alto y una carta de esas en las que apetece probarlo todo.

Cocina líquida

Lo precios medios de los platos rondan los 20 euros, aunque en algunos pensados para compartir como el wellington de pichón sube a los 35 euros. ¿Y qué hace un wellington como tú en su stio como este? La pregunta tiene cierta lógica, pero insistimos en que más allá de la música y los carísimos altavoces que permiten algo milagroso en muchos restaurantes -que la música no moleste, sino que acompañe- aquí la cocina es un asunto serio.

No es el mejor wellington que hemos comido, cierto. Pero está rico y tampoco es que se estile mucho en las cartas actuales, así que el simple hecho de atreverse con algo así es una declaracion de intenciones gastronómicas. Que una cosa es hacer un plato rico de macarrones y otra este hojaldre relleno de pichón en esta versión. El ticket medio, por cierto, rondará los 50 o 50 euros, dependiendo como siempre del apetito y lo que se quiera beber.

Aunque la carta de vinos es interesante (si tienen vinos de pasto, esos jerezes frescos y ligeros sin encabezar es que saben lo que hacen) aquí la idea es acompañar la comida con cócteles. "Cocina líquida", leemos en la carta. Sí, como en Diverxo, aunque sin sus precios y sin un menú propio para saltarse la comida. Pero ojo que tampoco es mala idea acabar en la barra escuchando música y tomando algo.

Hay una cara A con clásicos a los que se les da un toque personal y una cara B con creaciones propias. Si en la primera parte nos encontramos con un negroni sakura o un spritz con hibiscus, en la segunda se sube la apuesta a un "skalivada" con vodka, muchos ahumados, colatura de anchoas y soda de pimientos asdos o un old fashioned con trompetas de la muerte. Lo de cocina líquida está claro que no era una simple licencia poética.

"Cocina afinada", defienden sus creadores para el que puede presumier de ser el primer restaurante hi-fi de Barcelona. Seguro que no es el último.