“Los platos son para compartir, es una cocina rica y sencilla, diferente a la del Berasategui de las Estrellas Michelin” comenta el equipo de sala a los clientes que se sientan en las mesas del nuevo Bera. Casi lleno un mediodía entre semana de mayo, por cierto. Estamos en el hotel Monument de Barcelona, en el espacio donde antes se ubicaba el restaurante Oria y que, ampliado y tras una profunda remodelación, ahora se ha convertido en Bera.
Un restaurante de hotel pero abierto también a la calle --Mallorca con Paseo de Gracia, nada menos-- que deja a un lado el perfil de alta gastronomía de Oria para apostar por un formato más flexible, cercano y también asequible, con un ticket medio de entre 50 y 60 euros.

La carta sorprende con una gilda a 3,5 euros que, pese a estar en un hotel de lujo y con la firma de Berategui, es más económica que en muchos otros locales de la ciudad. Eso sí, hay que tener en cuenta tras la grata sorpresa por lo ajustado de los precios de los platillos --muchos por debajo de 20 euros y ninguno por encima de 25-- que se trata de eso, de platos con un ración comedida, pensados para pedir unos dos o tres por comensal y, al centro, para compartir.

Del Martintxo a las kokotxas
Gabriele Milani, chef del hotel, se encarga de dar forma a la carta de Bera, donde conviven clásicos de la cocina vasca --muy ricas las kokotxas de bacalao con berberechos o las pochas con almejas en salsa verde-- con platos más locales (cap i pota, albóndigas con salsa de ceps...), y otras propuestas para picar algo a cualquier hora o simplemente resolver la comida con una copa de vino y un bocadillo.
Pero no uno cualquiera, ojo, porque el "bokata martintxo" con buen solomillo y crema de sardinillas se ha convertido, nos cuentan, en uno de los más vendidos durante estas primeras semanas de estreno del restaurante.
Esta flexibilidad en el formato y el menú es la clave Bera, que incluso en ese diminutivo del nombre ya quiere dejar claro que aquí, pese a lo elegante del hotel y el nivel de la firma de cocina, formalismos los justos. Un vistazo alrededor permite comprobar que hay mesas que han venido atraídas por el reclamo que siempre supone una novedad del chef vasco y otras que, simplemente, comen y toman algo en un bar-restaurante de hotel con una oferta muy bien resuelta. Y unos precios que, si para los locales son correctos, para los visitantes resultarán incluso más atractivos.

Espíritu de cocina transversal
Y es que estamos en un hotel. Uno muy gastronómico, cierto, y junto a Lasarte, que fue el primer tres Estrellas de la ciudad. Pero ese espíritu de cocina transversal, pensada para gustar a todo el mundo y con un horario muy amplio también se nota en la carta. No falta el clásico bikini, una pasta --gratinada con txistorra, guanciale y parmesano-- o un steak tartar de textura muy cremosa y servido en forma de taco. Poco ortodoxo, pero pensado para tentar incluso a quienes no son muy de pedirse este plato.
Sencillo pero resultón el roast beef de wagyu con salsa de mostaza y verduras y rico el puerro asado con fondo de escabeche, aunque echamos de menos algo más de potencia en la salsa y presencia en la verdura. De postre, la tatin de manzana no falla.

La carta de vinos sigue esta misma línea, aunque con suficiente margen como para que quiera darse un capricho o amenizar los platos con burbujas tenga opciones sencillas o de presupuesto más elevado. Bera ofrece su carta completa de 13 a 15.30 al mediodía y en el turno de cena de 20 a 22.30, pero el resto del día, de 11 de la mañana a 1 de la noche, permanece operativo en formato bar y coctelería con algunos bocados disponibles y cumpliendo la promesa que se pude leer en la cristalera de Bera: cocina sin pausa.