Hace veinte años cuando el cocinero Fran López se puso al frente de Villa Retiro --hotel de cinco estrellas con restaurante de alta cocina en Xerta-- algunas voces auguraron que no tendría un largo recorrido. No por falta de talento del chef, del que va sobrado, sino por la ubicación.
Villa Retiro se sitúa en un lugar un tanto escondido de Xerta (Tarragona), una localidad poco habitual en los circuitos turísticos y con una población de poco más de 1.200 habitantes. Para los lugareños no era una apuesta segura. Afortunadamente, las quinielas no acertaron y el tiempo demostró lo contrario.
“Comenzamos con un proyecto ambicioso: el primer y único hotel de cinco estrellas de Terres del Ebre con un restaurante con cocina de territorio llevada al máximo nivel, pero la gente nos decía que el negocio no funcionaría aquí”. Y añade, “nosotros creímos firmemente en nuestro proyecto y seguimos adelante. Abrimos en 2006 y en 2009 obtuvimos nuestra primera estrella”, afirma Fran López. Hoy, el restaurante suma también dos soles Repsol.

El complejo ocupa una finca histórica: el hotel se distribuye en el torreón principal y el restaurante se ubica en las antiguas caballerizas, donde antaño se guardaban carruajes y vivían algunos trabajadores. En uno de los laterales crece un imponente ficus, de más 300 años de edad y una raíz tan potente que varios de sus brazos asoman por una de las puertas del sótano, donde se ubica la bodega.
“Hemos decidido dejar las raíces a la vista porque nos aportan condensación y humedad natural. Nos ayuda a preservar la temperatura del espacio y del vino. El árbol es tan grande que la casa tuvo que construirse a su alrededor”, explica Fernando Marqués, responsable de sala que nos acompaña hasta la estancia. “Cuando llueve mucho, puedes observar como el agua se desliza por las raíces, es mágico”, comenta López.
La bodega alberga más de 600 referencias, algunas heredadas de generaciones anteriores --la familia ya suma cuatro vinculadas a la restauración--, y es el punto de partida del menú. “Aquí comienza la experiencia”, señala Fernando. En este mismo espacio, una pequeña puerta enrejada da paso a una estrecha gruta “donde se guardaban quesos y otros alimentos”, una anécdota más de la estancia.
Un menú homenaje
Para celebrar estas dos décadas de andadura, el restaurante ofrece un menú muy especial de ocho secuencias, cinco saladas y dos dulces. “Es un recorrido por los lugares más emblemáticos de la comarca y sus platos representativos”, introduce Fran.
Un viaje que empieza, figuradamente, en la Catedral de Vino de Pinell de Brai, obra de César Martinell --discípulo de Gaudí--, actualmente gestionada por el propio López. Este primer pase se presenta sobre una tabla con un friso y una cepa centenaria de garnacha blanca, símbolos de la Terra Alta.

A partir de ahí, cada secuencia se acompaña de una vajilla diseñada por artesanos locales que reproduce, a pequeña escala, enclaves emblemáticos del territorio. La Torre de l’Ermita de l’Aldea --pueblo natal del chef-- acoge platos que evocan su infancia, como arroces y cefalópodos.
El faro del Fangar sirve de escenario para la anguila, uno de los productos más identitarios del Delta. El Montcaro, cumbre del macizo de Els Ports, acompaña elaboraciones más contundentes como la liebre a la royal, el paté de cabra hispánica o las mollejas. Y los Ullals de Baltasar, con su paisaje húmedo y vegetal, sirven de base para platos como el tartar de pato, el foie micuit o la terrina de cerdo. Finalmente, el recorrido culmina con los postres, presentados junto a un yelmo que evoca la huella templaria en la zona.
“Cada lugar ha sido escogido por su valor simbólico, cultural y gastronómico. Las Terres de l’Ebre son un territorio riquísimo”, explica el equipo de sala. El menú se convierte así en un homenaje a la naturaleza, el territorio y el paisaje vinculado a la memoria, la cultura y a la evolución del propio cocinero: desde su infancia --entre los parajes verdes del Baix Ebre-- hasta su formación en Francia y su regreso al origen para liderar un proyecto con voz propia.

La mirada al pasado
Fran López creció en un entorno familiar dedicado a la restauración. “Me crie en un hotel de carretera donde se servían menús diarios. A los 16 años empecé a estudiar cocina, a los 19 me fui a Francia a trabajar con Alain Ducasse y, tres años después, volví para poner en marcha este proyecto”, resume.
La idea inicial de sus padres era abrir un asador tradicional, con cocederos de marisco y chuletones, pero López apostó por una propuesta gastronómica más ambiciosa. “Les convencimos para hacer algo distinto, una cocina que no existía en la zona, más gastronómica, con menú degustación y una gran carta de vinos”. Y añade, “Era un proyecto valiente y ambicioso, en el que creímos firmemente, aunque nunca imaginamos que llegaríamos hasta aquí. Hemos superado expectativas”.
Desde entonces, la evolución ha sido constante, aunque sin perder el rumbo. “Trabajamos con el territorio como base. La cocina del Delta es nuestro punto de partida y no lo hemos cambiado”. Tampoco lo ha hecho su objetivo: “Los reconocimientos ayudan --la estrella nos puso en el mapa--, pero lo importante es el cliente: que disfrute, que quiera volver y que el restaurante funcione”.

En cuanto al futuro, considera que la zona tiene mucho potencial turístico. “Es un territorio en el que todavía encuentras autenticidad. Hay ese sabor de receta tradicional, de proximidad, de territorio... con mucha naturaleza, donde no se ha construido nada en décadas y donde todavía hay playas vírgenes”, dice Fran. “Además, es más económico que otros destinos. Encuentras mucha calidad a un gran precio. Es una zona que crecerá más”, apunta.
Actualmente, además de Villa Retiro, Fran gestiona la catedral del vino de Pinell de Brai y asesora a Terra Dominicata.
El entorno
El entorno juega un papel clave en la experiencia. Villa Retiro está rodeada de una vegetación exuberante, banda sonora natural de aves e incluye una cascada con una gruta que dota al lugar de un aire mágico, casi de cuento --o paraíso perdido-- que invita a desconectar, descansar y reconciliarse con la vida.
El hotel dispone de piscina y consta de 19 habitaciones, diez donde se respira el ambiente de la época de su fundación y nueve recién construidas, más modernas y con una terraza que es recorrida por una pequeña canalización de ladrillo donde corre el agua de la cascada. Un entorno idílico para esas jornadas donde uno necesita aislarse del mundo o compartir unos días a solas en pareja.

Bonus Extra
De camino a Villa Retiro, merece la pena hacer parada en la ya mencionada bodega modernista de Pinell de Brai conocida como la Catedral del Vino. La bodega fue definida por el escritor Àngel Guimerà como una de las más bellas catedrales del vino.
Construida en 1919 como cooperativa vitivinícola, combina funcionalidad e innovación con una estética modernista singular. El edificio incorpora soluciones técnicas avanzadas para la época, como sistemas de ventilación, drenaje y regulación térmica que garantizaban la calidad del vino.
El espacio está abierto a visitas y actividades enoturísticas como catas de vino y aceite, con opción a aperitivo. En el piso superior de la bodega se encuentra el restaurante con una accesible oferta gastronómica a cargo de Fran López.
Una parada que añade contexto e historia a la visita a Villa Retiro.