Estabecida en Barcelona desde hace más de 12 años, María Lo nos atiende telefónicamente, aunque nos hubiera encantado encontrarnos con ella. Le faltan horas. La que fuera ganadora del programa Masterchef en 2022 no ha parado de trabajar desde entonces. Está en un momento de plenitud laboral.
"Voy acelerada, llevo unas semanas que me va a dar un infarto, entre la creación de contenido, las colaboraciones con marcas, y el libro, no puedo con más cosas", nos dice. Aún así nos dedica un buen rato para tener una conversación sobre su trayectoria y sobre este recetario —el segundo ya— que acaba de publicar: Muérdelo. Guisos y bocadillos para chuparse los dedos (Grijalbo).
Un libro en el que comparte recetas de guisos tradicionales, pasados por su prisma personal, y de bocadillos, pensados como un recurso de aprovechamiento de esas sobras que quedan tras comer un guiso. Panes, salsas y guarniciones caseras también tienen protagonismo, porque todo lo que podamos cocinar en casa siempre nos hará más sanos y más felices.
Ella, formada en el Basque Culinary Center, lo tiene claro, y así lo transmite en sus redes sociales donde acumula varios cientos de miles de fieles seguidores. Ser trabajadora, y sobre todo 'coherente' —una palabra que la acompaña—, tiene su recompensa.
-¿Qué has querido contar en este libro que no explicaste en 'Cocínalo'?
En el primero —Cocínalo. Recetas con sabor y alma (Grijalbo, 2024)—, hablaba de los sabores y de los platos que me gustan, mientras que aquí he querido centrarme en los guisos y los bocadillos, que para mí es algo muy tradicional español. Todo el mundo tenemos recuerdos de un guiso y de un bocadillo. También buscaba hacer una oda a la cocina tradicional, que no se pierdan las costumbres de toda la vida.
-Hay referencia a la cocina de aprovechamiento, pero la planteas servida entre panes...
Lo que te sobra de un guiso, en vez de congelarlo, puede tener una segunda vida. Añadiéndole dos o tres ingredientes más a ese guiso, puedes hacer un bocabdillo. Eso es cocina de aprovechamiento, y también una manera de desarrollar la creatividad.
-En el libro hay un apartado donde explicas cómo elaborar 14 masas de panes diferentes, ¿qué importancia le das al pan?
Eso ha sido el parto más grande del libro, porque va todo fotografiado paso a paso. Es una locura que creo que ya no se hace en los libros de cocina.
El pan me fascina pero, sobre todo, lo que me fascina es trabajar con fermentaciones. Yo lo hago en casa, aunque cada vez hay más panaderías, muy buenas, en las que se utiliza la masa madre y se producen panes más digestivos. Pero sigue habiendo mucho pan industrial, pan blanco con harinas refinadas, que deriva en problemas de salud. La gente se fija en el precio, porque, hay que decirlo, todo está muy caro, pero olvidamos la parte más importante que es la nutrición.
Hay que entender un poquito más de dónde viene el producto, cómo nos afecta y escuchar mucho a nuestro cuerpo.
Hay mucho producto preparado porque no tenemos tiempo para cocinar. Pero sí tenemos tiempo para estar una hora y media 'scrolleando' en Instagram.
-Das protagonismo a las salsas, recordando que un kétchup o una mayonesa se pueden hacer en casa.
Sí, como decía, soy muy partidaria de saber qué estamos consumiendo en cada momento, de dónde vienen los ingredientes. Se trata de ponerle foco a nuestra salud a través de lo que consumimos. Hay mucho producto preparado porque no tenemos tiempo para cocinar. Pero, siempre lo digo, sí tenemos tiempo para estar una hora y media scrolleando en Instagram.
-Está bien que digas esto siendo creadora de contenido en redes sociales.
Me hago la propia crítica. Creo que la cocina, cuando la trabajas y cuando la mimas, te desarrolla la creatividad y los sentidos; te hace más inteligente. Y pienso que hay que poner más foco en dónde invertimos nuestro tiempo, con una coherencia. Una palabra que últimamente está mucho en mi mente.
-¿Cuál es tu sello gastronómico en las redes sociales?
Siempre pongo mucho cuidado en la materia prima. Creo que se ve de una manera indirecta en el contenido que comparto. Son recetas que, aunque duren un minuto y medio, tienen todos los pasos. Intento que la persona que esté mirando ese contenido vea cómo tiene que quedar una salsa, el color de un sofrito...
Siempre digo que hago recetas 'para tontos', sin que nadie se sienta señalado. Lo digo en el sentido de que sean accesibles para cualquier persona, que le entren ganas de cocinarla porque ve que no se le va a escapar nada. Además de lo visual, todo viene apoyado con una receta escrita, que escribo yo y que no escribe la IA.
Podría meter una receta y darle cuatro patrones a la IA, pero, para mí, ese contenido va carente de alma.
-Has sacado el tema del momento...
La IA está ahí y hay que saber convivir con ella, ser inteligentes usándola y que no nos domine. Yo podría meter una receta y darle cuatro patrones a la IA, pero, para mí, ese contenido va carente de alma. Y lo último que se tiene que perder es el alma en hacer las cosas. En redes eso es muy importante. Ya hay una pantalla digitalizada en la que nos vemos, por lo menos que el texto esté escrito desde tu puño y letra.
-¿Las recetas que hay en el libro han sido creadas ex profeso o ya las habías compartido en redes?
Hay un mix, aunque las recetas que han tenido más éxito en redes, especialmente los guisos, sí que las he aprovechado.
-¿Crees que has conseguido una voz propia como cocinera?
Creo que sí, a pico y pala. Cuando salí de MasterChef empecé a crear contenido desde un lugar que a mí me gustaba: reivindicando los ingredientes y lo tradicional, soy muy gaditana en ese sentido. Yo no voy buscando la viralidad, ni hacer lo mismo que todo el mundo. He sido muy consistente en cómo he hecho las cosas desde el principio, en mi manera de compartir recetas y de hacer vídeos. Eso genera confianza a la persona que te consume, y que sabe perfectamente lo que se va a encontrar.
-¿Dirías que el algoritmo no te está condicionando a la hora de generar ciertos contenidos?
Lo pienso muchas veces, la verdad. Pero creo que lo tengo controlado. Intento no estar obsesionada con las cifras, aunque, al final, no deja de ser mi trabajo, facturo de eso. Siempre he ido, poco a poco, consiguiendo seguidores, pero nunca he bajado. La audiencia que tengo es estable y se nota en los comentarios. Están fidelizados, les gusta lo que hago. Ese mínimo poder me permite no tener que salirme de mi registro ni guiarme por tendencias. Eso es pan para hoy, y hambre para mañana.
Tengo la suerte de poder decir que vivo bien porque he ido haciendo las cosas con sentido y coherencia desde el principio.
-¿Cuán difícil es ganarse la vida en redes sociales?
Cuando tienes un determinado número de seguidores, y eres un perfil que genera confianza, las marcas te buscan. Tengo la suerte de poder decir que vivo bien porque he ido haciendo las cosas con sentido y coherencia desde el principio. No solo es suerte, me lo he currado. Las redes requieren un 24/7 cuando lo quieres hacer bien.
-De hecho, otra de tus novedades es una hamburguesa creada para Hamburguesa Nostra.
Sí, es una hamburguesa con el sello María Lo que estará en su carta hasta finales de diciembre. Se llama La Colosal, es su hamburguesa premium, con carne de buey, y lleva una mermelada de bacon ahumado, queso brie y una salsa de roquefort con miel, con pan de brioche. A mí, si el proyecto me apasiona, como este, me lanzo.
-Han pasado cuatro años desde que ganaste MasterChef y eres muy conocida como creadora de contenido, ¿te ha costado que el sector te respetara como cocinera?
Sinceramente, tenía mucho miedo porque podía entender el posicionamiento que puede llegar a tener MasterChef para los chefs. Aunque creo que, independientemente de las cosas que hayan podido pasar, en las que yo no me meto, el programa ha puesto en valor la cocina y la ha hecho llegar a las casas de todo el mundo.
Igualmente, tenía muy claro que quería dedicarme a la cocina, es lo que me ha gustado siempre, y he estado muy centrada en lo que quería conseguir. Lo bonito es que siempre he tenido una buena relación con chefs de estrellas Michelin. Por ejemplo, Ángel León ha escrito el prólogo del libro. Y es un prólogo súper bonito.
Pepe y Jordi, obviamente, están ahí. Pero también tengo relación con Benito de Bardal, un restaurante increíble. Varrios chefs me han dicho: "Se nota que eres cocinera, por cómo explicas la cocina, cómo coges un cuchillo, cómo te mueves en la cocina...". Y eso me hace mucha ilusión. Tenía ese miedo a que se me respetara, pero al final no he tenido que hacer un sobreesfuerzo.
Tenía ese miedo a que se me respetara, pero al final no he tenido que hacer un sobreesfuerzo.
-Vamos con la pregunta típica: ¿Te gustaría abrir un restaurante o te quedas con las redes?
Tú quieres hablar media hora más —bromea—. Mi sueño ha sido tener un restaurante, pero es cierto que cuando empecé a meter la patita, ví que está muy complicado. Yo defiendo una cocina democrática y, como me apasiona tanto lo que hago, sería de las que no cobraría nada, daría de comer a la gente gratis.
Pero los precios de los traspasos, la falta de personal, el coste desorbitado de las materias primas... ¿Cómo voy a hacer una cocina democrática cuando tengo que desembolsar, como mínimo, medio millón de euros para empezar? No tiene sentido.
Entonces, mi idea, aunque la vida cambia, es volver a Chiclana en algún momento y montar algo chiquitito, una barrita de seis personas y ponerme yo sola a cocinar. Esa es la idea, no para hacerme rica, sino porque me gusta la cocina, me gusta ir a comprar al mercado y prepararlo para que la gente lo disfrute.
Para mí eso es coherencia, en cambio, no lo es estar teniendo siete aperturas en una semana. Es económicamente insostenible. Además, estamos tirando dinero para crear negocios que son moda y tendencia y que no suelen tener alma.
-Para cerrar, volvamos al libro donde también hablas de recuerdos. ¿Qué guiso y qué bocadillo son los que evocan más a tu casa o tu infancia?
De los guisos, los fideos con caballa, que es un plato gaditano, y una receta de mi tía Loli, que cocina increíble. De los bocadillos, la verdad es que, en la infancia, me comía un bocadillo de salchichón; no me comía estos bocadillos. Pero me puedo quedar con el sándwich de pollo de toda la vida. Me acuerdo que me lo compraba en una bocadillería que teníamos en Chiclana y que era el plan de sábado cuando tenía 16 años.