Durante años, Badalona ha vivido, gastronómicamente, eclipsada por Barcelona pese a que la antigua Baetulo está bien conectada, luce personalidad propia y alberga una interesante historia cultural. Se podría decir que ha ejercido de telonera de la capital catalana en materia culinaria.
Muchos badaloneses preferían cruzar la ronda para buscar propuestas gastronómicas más ambiciosas y dejar atrás una oferta irregular y con pocos locales donde disfrutar de la gastronomía. Pero eso está cambiando. Y proyectos como Al Marge o el nuevo l’Esmolet son la prueba.
Éste último ha abierto hace apenas un año y se une a esa generación de cocineros --jóvenes y no tan jóvenes-- que, lejos de marcharse a Barcelona, han decidido apostar por su ciudad, Badalona, y darle el valor y visibilidad que merece.
Ligados a grandes nombres de la gastronomía
Detrás de l’Esmolet están Albert Reverté, Pedro Cárdenas e Iván Cruz. Tres cocineros con currículums ligados a grandes nombres de la gastronomía --Celler de Can Roca, Nerua, Martín Berasategui, Via Veneto, Xavier Pellicer o Castell de Peralada, entre muchos otros-- que coincidieron en tiempo y filosofía hasta encontrar el momento adecuado para abrir su propio proyecto.
Reconocen que, al principio, les daba un poco de vértigo. “Siempre he trabajado en Barcelona, por lo que, aunque yo sea de aquí, no tenía muy controlado el pulso del comensal badalonense. Todo era muy nuevo para nosotros, más difícil, no sabíamos si atrevernos o no. En Barcelona tienes más controlado esos parámetros”, indica Albert.
El espaldarazo lo dio el padre de Albert. “Vio este local y nos instó a que llamáramos y fuéramos a visitarlo. Fue él quien nos acabó de convencer”, confiesa Albert. Pedro añade “era el momento de plantearse subirse al tren o no”. Y se subieron para emprender su nueva aventura en Badalona.
La acogida del público disipó sus dudas iniciales y les confirmó rápidamente que existía una clientela deseosa de nuevos proyectos. “Sentimos que habíamos caído bien”, explican. Un año después, cuentan con clientes habituales, aparecen en guías gastronómicas y cuentan con una comunidad local que celebra poder disfrutar en su ciudad de una cocina contemporánea sin tener que desplazarse a Barcelona.
“Tenemos muchas ganas de crecer y seguir ampliando el repertorio de cocina, no quedarnos aquí. Queremos ir aumentando el nivel poco a poco”, asegura Alberto. Y añade Pedro, “lo mejor es que se establece una relación con el cliente y puedes explicarle nuestra cocina porque todo lo elaboramos aquí”.
Están convencidos de que las claves de esa buena acogida son su pasión por la profesión y la buena sintonía que existe entre ellos. “Si uno hace una cosa, el otro otra. Además tenemos la suerte de contar como socio con Iván, que fue nuestro maestro durante diez años, por lo que vamos todos en una misma línea. No todo el mundo puede afirmar eso”, especifica Pedro.
Una carta con guiños a la ciudad
Iván Cruz define la propuesta de l’Esmolet como honesta, tradicional y, a la vez, contemporánea. “En una misma mesa pueden convivir unas bravas y una liebre a la royale. Evidentemente, no vamos al extremo de la técnica porque esto no es elBulli, pero queremos darle al cliente un poco más cada día. Somos cocineros y, por tanto, somos capaces de hacer tanto un guiso de rabo de toro como un esférico de tomate”, explica Iván.
Y resume, “nuestro trabajo es que el cliente tenga la percepción de que ese punto de elaboración va subiendo poco a poco de nivel”. Y continúa Pedro, “empezamos con una carta sencilla porque era lo que el cliene quería al principio –-si estás al lado del mar debes tener arroces-- pero ahora empezamos a hacer platos más elaborados”. Y puntualiza “es algo que, al principio, ni imaginaba, pero poco a poco vas creciendo, vas invirtiendo y eso, al final, motiva”.
Todo se elabora con producto de temporada y en carta hay guiños constantes a Badalona: pan del Forn Gisbert, helados de Can Soler, Corominas o vinos Vall de Betlem, un proyecto enocultural y cooperativo del Monestir de Sant Jeroni de la Murtra que recupera la tradición vitivinícola de la zona.
Además de la carta, existe una pizarra con sugerencias que cambian semanalmente. “Es una selección de unos diez platos, en los que volcamos ese espíritu innovador, de evolución y crecimiento”, explica Albert.
Durante el curso escolar disponen de un menú de mediodía a un precio de unos 20 euros. “Solo lo hacemos durante esos meses porque es cuando la gente trabaja y tiene poco tiempo para comer”, argumentan los cocineros.
El precio medio suele oscilar entre 30-40 euros.
Más allá de los platos, l’Esmolet representa algo necesario: un nuevo impulso gastronómico para la ciudad. Una muestra de que Badalona puede ofrecer propuestas competitivas.
Apostar por la ciudad es construir tejido gastronómico y con esto ganamos todos: el barrio, el comercio local, los habitantes y el interés por una ciudad que da los primeros pasos para convertirse en un futuro destino gastronómico.
¡Bienvenidos a Badalona!