Los influencers dicen que todo es "brutal" mientras Endesa hace números

Del caso de Endesa y los restaurantes bajo sospecha por fraude eléctrico a la reflexión sobre la credibilidad de los influencers gastronómicos y el auge de los buffets asiáticos

Iker Morán, periodista y autor en Hule y Mantel

Periodista

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Influencer gastronómico grabando en un buffet asiático / Canva / Los influencers dicen que todo es "brutal" mientras Endesa hace números
Influencer gastronómico grabando en un buffet asiático / Canva / Los influencers dicen que todo es "brutal" mientras Endesa hace números

"Es increíble". "Lo tienes que probar". "Lo mejor de la ciudad". "No te lo puedes perder". Cualquiera que se haya cruzado con alguno de esos vídeos de influencers de comida reconocerá rápidamente la sucesión de adjetivos superlativos, normalmente combinados con un primer plano de un plato girando, la sonriente cara del foodie de turno detrás y una voz en off que te asegura que todo, absolutamente todo, es "brutal".

Un clásico en las redes sociales que, como suele ocurrir, se repite hasta perder cualquier tipo de significado. Si todo es maravilloso y todo es lo mejor, significa que nada lo es. O que cuando, de verdad, den con algo recomendable, lo lógico será no creerles. Porque la letra pequeña que explica este cansino fenómeno es muy simple: detrás suele haber algún tipo de trato —comida o dinero a cambio de publicación— que muchas veces a estos despistados muchachos y muchachas se les olvida comentar en su apasionado relato.

Si todo es maravilloso y todo es lo mejor, significa que nada lo es. O que cuando, de verdad, den con algo recomendable, lo lógico será no creerles.

¿Morro? ¿Ignorancia? ¿Delito? Un poco de todo habrá, pero juro que he tenido conversaciones con algunos de ellos en las que me aseguran que no tienen por qué explicar o dejar de explicar si les pagan.

Otros, más prácticos, apuntan que las publicaciones marcadas como patrocinadas tienen menos alcance —Instagram quiere ganar dinero él, no que lo ganes tú promocionando tus movidas— y tampoco faltan quienes ponen un debate interesante sobre la mesa: a los periodistas también os invitan muchas veces y no pasa nada. No pasa nada, correcto, salvo que esa invitación sea a cambio de una publicación y, más, si tiene un sentido promocional, no informativo.

Nada nuevo y un asunto que, cierto, aburre. Pero el giro de guion que no vimos venir es que, según ha publicado El Periódico, desde hace un tiempo Endesa utiliza este tipo de vídeos y una herramienta de inteligencia artificial para detectar incongruencias entre el tamaño de algunos restaurantes, su supuesto éxito y el consumo eléctrico que declaran.

Endesa utiliza estos vídeos y una herramienta de IA para detectar incongruencias entre el tamaño de algunos restaurantes y el consumo eléctrico que declaran.

Vaya, que si en tu elegante y gigantesco buffet libre de dos plantas por donde pasan cada día centenares de personas y decenas de foodies para promocionarlo la factura de la luz es como la del bar Los Pitufos que despacha algún que otro café y cerveza, recalienta una tortilla al día y poco más, algo está pasando. Ni siquiera hace falta mucha inteligencia artificial para intuir que se está pinchando alguna línea. Una práctica que, por lo visto, está más extendida en la restauración de lo que podríamos creer.

Confieso que al leer lo de Endesa tuve que aguantar la carcajada. Imaginaba al empresario de turno, que había contratado a FoodieSecretBarcelonaTop para que le llenara el local, y ahora los de la luz venían a darle el alto porque, en un exceso de emoción propio de las redes sociales, el influ en cuestión había dicho que el restaurante era enorme y que estaba siempre lleno y que te dieras prisa para venir a conocerlo. “Pero si tampoco viene tanta gente”, podría ser que declarara en su defensa el restaurador mientras maldecía al santo algoritmo.

Imaginaba al empresario de turno, que había contratado a FoodieSecretBarcelonaTop para que le llenara el local, y ahora los de la luz venían a darle el alto.

Este asunto me ha recordado un absurdo trabajo de campo que comencé hace unos meses y abandoné por puro aburrimiento. Mi Instagram estaba lleno cada día de influs asegurándome que tal o cual nuevo buffet asiático, repleto de sushi, atún del bueno, con barbacoa y platos increíbles —decían— merecía una visita. Así que aprovechando cumpleaños familiares, amigos a los que conseguí engañar (es muy triste ir solo a una barbacoa coreana all-you-can-eat) y demás víctimas, durante unas semanas recorrí algunos de los que, según las redes, eran los mejores o más populares.

Ahora parece que se ha calmado un poco, pero era un momento en el que parecía que cada día abría uno nuevo. Y por allí desfilaban los sospechosos habituales repitiendo que, casualidad, volvía a ser el mejor de la ciudad. O, por usar su diccionario, un sitio “brutal”. Durante aquel experimento llegue a ver cosas increíbles. Influencers posando con un robot —de esos que corren y tienen brazos, ojo-—que te servía los noodles y asegurando que eso era el futuro.

Por allí desfilaban los sospechosos habituales repitiendo que, casualidad, volvía a ser el mejor de la ciudad. O, por usar su diccionario, un sitio “brutal”.

El día que yo fui, estaba sin batería. No es broma. Así que acabamos sentados junto al trasto apagado en una silla porque había ido con mi hijo con la promesa de que le iba a traer el ramen un robot. A la semana el negocio estaba cerrado y reconvertido en un restaurante de cocina asiática, pero ya sin robots. La comida, por cierto, correcta.

También he escuchado a influs decir que lo mejor de uno de estos gigantescos buffets era que te podías preparar un nigiri doble. Proponía este shushiman de TikTok colocar sobre el trozo de salmón o atún del nigiri en cuestión, otra pieza más de pescado. ¡Zas! ¡Nigiri doble! ¡Aprende Jiro Ono! Sin ser japonés, me ofende. No sé si al nivel de la paella con chorizo a un valenciano, pero sí hay indicios constitutivos de delito. Lo de pinchar la luz pase, pero no permitamos esto.

También visité aquel restaurante y probé el nigiri estándar para confirmar lo que todo el mundo sabe de este tipo de locales. La gracia es la cantidad, no la calidad. Negocios al alza en un contexto económico apretado en el que mucha gente quiere saber lo que va a pagar cuando sale a comer y cenar y, si además, no tiene que andar sufriendo por si alguien quiere repetir.

Proponía este shushiman de TikTok colocar sobre el trozo de salmón o atún del nigiri en cuestión, otra pieza más de pescado. ¡Zas! ¡Nigiri doble! ¡Aprende Jiro Ono!

Que sí, que mejor poco y bueno que atiborrarse a sushi en el que ni el arroz ni mucho menos el pescado merecen la pena. De acuerdo en eso. Pero fuera de nuestra burbuja gastronómica en la que, al menos en Twitter, cada semana hay alguien que repite en Etxebarri, ahí fuera la realidad se parece más a esto. En los diferentes buffets que recorrí, había familias celebrando, grupos de jóvenes pidiendo como si no hubieran comido en semanas y, en general, gente dejando claro que aquí se viene a comer mucho y a divertirse.

Así que denostar este tipo de locales o las cadenas italianas que son un éxito en San Valentín es más un problema nuestro que uno real. En un país donde cada vez se cocina menos, los mercados están vacíos y las tortillas de Hacendado son para demasiada gente un referente de calidad, está claro que tenemos problemas sociales y gastronómicos más preocupantes que la chavalada disfrutando de sushi y fideos ilimitados.

Otro tema es, claro, lo de pinchar la luz. O que los influs nos mienten, una vez más, diciendo que esto es maravilloso. No, querido foodie: es divertido, barato y abundante. Así de sencillo. Lo otro es una mentira, otra. Y, recordad, Endesa os vigila. Bueno, yo también, pero no puedo poner multas.

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