Si los precios de Barcelona quieres controlar, solo necesitas unas tiendas como 'NuevaYol'

COLUMNA | Barcelona estudia crear tiendas municipales para ofrecer alimentos básicos a precios asequibles, pero el problema del coste de vida va más allá de la cesta de la compra

Iker Morán, periodista y autor en Hule y Mantel

Periodista

Guardar

Una parada del mercado de La Boqueria (Barcelona) / GALA ESPÍN
Una parada del mercado de La Boqueria (Barcelona) / GALA ESPÍN

Las fotos junto a Zohran Mamdani, el simpático alcalde de Nueva York, se cotizan ya más que con Bad Bunny, cuya conocida canción sobre divertirse con encanto y primor en Nueva York —cántese 'NuevaYol'— inspira el título cantable.

Porque más allá de la eterna sonrisa de Mamdani y sus vídeos virales en redes, ha convertido La Gran Manzana en un referente del socialismo. Escueza o no a algunos, así es como el propio alcalde se define. Sí, tiempos locos estos en los que la vieja Europa da la espalda a la socialdemocracia y toca buscar en Manhattan referentes de izquierda.

Las medidas sociales del alcalde de Nueva York, aplicadas con una determinación que debería avergonzar a muchos, también han afectado a la parte alimentaria del asunto. Porque, sorpresa, lo que compramos, cocinamos y comemos también es política. Desde lo más cotidiano como el precio de los alimentos o las batallitas culturales entre brunch y capipota.

Lo que compramos, cocinamos y comemos también es política.

Y lo es hasta tal punto que en la reciente visita de Jaume Collboni, alcalde de Barcelona, a Nueva York en el marco de cumbre Urban 20 y tras su reunión con Mamdani el titular estrella ha tenido que ver precisamente con el precio de la comida en las tiendas de la ciudad. Ha sido una de los muchos proyectos anunciados por la alcaldía neoyorkina, decidida a hacer algo tan lógico como aparentemente revolucionario: conseguir que la ciudad sea un poco más habitable.

El caso es que Mamdani ha prometido una red de tiendas municipales en la que se controlarán los precios para facilitar el acceso a alimentos frescos a toda la población. Y la misma idea ha cruzado el Atlantico. Por ahora sin detalles concretos sobre cómo se aterrizará, aunque se habla de un proyecto piloto para 2027 en el barrio de La Marina en una zona de nueva construcción. “El objetivo es garantizar bienes básicos de primera necesidad de forma asequible para las familias trabajadoras y las clases medias”, explicaba Collboni.

A priori parece bastante lógico. ¿Quién podría oponerse a algo así? Además de los de siempre, claro, a los que la idea de regular precios les hace pensar en comunismo, reforma agraria y nacionalizar la banca. Cabe suponer que siguen creyendo eso de que el mercado se regula solo. Sí, como la IA, exacto.

Por suerte, aquí la fruta y la verdura no se han convertido todavía en un producto de lujo como ocurre en Estados Unidos, donde es más fácil comprar un arma que un tomate.

Pero volviendo al mundo real alejado de las tertulias políticas, comparar Barcelona con Nueva York en la cesta de la compra sí que chirría un poco. Por suerte, aquí la fruta y la verdura no se han convertido todavía en un producto de lujo como ocurre en Estados Unidos, donde es más fácil comprar un arma que un tomate, si se me permite el recurso dramático. No solo es cuestión de precio, sino de oferta y acceso a comida de verdad.

Aquí el pescado y la carne están en máximos, cierto. Pero hay días que se pueden encontrar sardinas a 5 euros el kilo, por poner un ejemplo. Que sí, que también queremos merluza y un bistec, pero me cuesta imaginar una pescadería en el Upper East Side o en el Bronx y estamos hablando de comparar ir de compras en ambas ciudades. En casi cualquier barrio hay decenas de fruterías e incluso los supermercados tiene una gama de frescos que no es tan habitual en tierras de Trump.

Pero no solo es cuestión de precios y oferta, es que en realidad Barcelona ya cuenta con una red de tiendas municipales dedicadas a la alimentación. Lo apuntaba con muy buen criterio Maria Nicolau: eso de lo que habla Collboni ya existe y se llama mercado. ¿Tiene sentido pensar entonces en otra entidad municipal que haga la competencia a los mercados y a las pequeñas tiendas que bastante tienen con sobrevivir al empuje de Mercadona y compañía?

¿Tiene sentido pensar entonces en otra entidad municipal que haga la competencia a los mercados y a las pequeñas tiendas que bastante tienen con sobrevivir al empuje de Mercadona y compañía?

La medida —por ahora solo una promesa— tiene fuerza e insisto que todo lo que sea poner en su sitio al Mercado con mayúsculas merece un aplauso. Pero, puestos a hablar del precio de alimentos, suena más interesante meter mano a la cadena de producción, al monopolio de las grandes distribuidoras que imponen en precios de compra en origen, o los céntimos que se paga al payés por esa fruta que luego llega a unos cuantos euros a la tienda.

No es competencia municipal, imagino, pero lanzar ideas es gratis. Otra más, que esta sí compete y más hablando de mercados: conseguir que sean lugares para comprar alimentos y no parques temáticos para que los cruceristas coman brochetas, tacos y zumos de colores.

Porque en realidad hablar de precios en Barcelona sin una foto más general del asunto parece hacer trampa. Porque mientras se anunciaba desde Nueva York la idea de las tiendas municipales, en la ciudad había protestas contra la ampliación del aeropuerto, el turismo que sigue arrasando barrios, y algún listo pedía al lado de casa 1.600 euros al mes por un piso de poco más 40 metros cuadrados. De temporada, claro. Y con terraza, eso sí.

Da igual el barrio, porque la historia se repite por todas partes. Intentar hacer algo frente al precio de las manzanas o el pollo está muy bien y es necesario, pero no se puede obviar que el problema de la mayoría no es lo que cuesta la comida, sino sobre todo no poder pagar un alquiler ni tener una casa donde cocinar. Volviendo a la música de Bad Bunny, en ese mismo disco hay otro tema, menos pegadizo y bailable. “Quieren el barrio mío y que tus hijos se vayan”, canta Benito. En eso sí que nos parecemos cada vez más a Nueva York.

Archivado en: