Europa central ya no es una nota al pie para amantes del vino natural. O bueno, quizá sí, pero de esas notas al pie que acaban comiéndose media página y de repente explican mejor el libro que el propio libro.
Entramos de pleno en el cierre de la trilogía de tendencias para el vino que nos viene. Ya hemos hablado de que el soufflé de los orange no lo es y que llegaron para quedarse, de vinos tintos fluidos y ahora hablar de los de Europa del centro.
Nadie va a venir a descubrir ahora los vinos de Austria, Alemania y Suiza ni la tradición de los dulces de Hungría. Forman parte del eje histórico vinícola de Europa hace tiempo ya.
En este caso nos vamos a centrar más en el resurgimiento de zonas como Eslovenia y Eslovaquia, la República Checa, y añadirles Hungría por la parte de los vinos tranquilos y Croacia, que aún estando considerada zona Balcanes la podemos añadir.
Y sí, volvemos otra vez a los vinos naturales. La revolución empezaría hace unos años ya con la entrada de los vinos austriacos, alemanes y suizos naturales. Los suizos, por caros, se descartaron, ya que su calidad estriba a veces entre lo mediocre y lo normal.
Los alemanes y austríacos, por esa misma razón, cuajaron mejor: vinos de gran carga frutal y acideces brutales. Además, venían con nombres de uvas: Grüner Veltliner, Traminer, Blaufränkisch o Saint Laurent, siendo estas dos últimas tintas.
Los tintos centroeuropeos supusieron un gran cambio de paradigma, ya que se alejaban de las madureces de sus vecinos más al sur, con acidez muchísimo más alta, favoreciendo más frescura y fruta, mucha fruta. Casos claros como Kollektiv Peternell, Marto, Gut Oggau, Strohmeier o Christian Tschida, que le tomarían bien el pulso a grandes de Borgoña o Jura mismamente.
Pero la mina se empieza a agotar y los vinos empiezan a subir de precio. Así que las distribuidoras empezaron a mover ficha: la ecuación era sencilla, seguir buscando por la zona.
El norte de Italia aparecería y el movimiento o salto geográfico fue sencillo. Se movieron hacia Croacia, con la irrupción de la bodega Vinas Mora, que en poco tiempo se situaría en el olimpo de los etiqueteros. Vinos tintos fluidos de una calidad excelsa.
Entre medias de estos países se sitúa Eslovenia y ahí es donde muchos empiezan a encontrar vinos que cumplen los requisitos. Ya tenemos entonces el resultado: de un tiempo aquí han girado hacia los países situados a su derecha con una mina de oro nueva. Hungría no solo produce Tokajis; Chequia, Eslovenia y Eslovaquia comparten uvas con los austriacos y alemanes, y para colmo hacen vinos naturales. Era/es el caldo de cultivo perfecto para los buscadores de oro.
Esto no pretende ser una guía definitiva, porque para eso ya están los libros gordos, los mapas y la gente con demasiado tiempo libre. Es más bien una brújula personal, una rápida selección de algunos productores y sus vinos preferidos para entender por dónde va el tiro:
República Checa
Los vinos mayormente se sitúan en la región de Moravia. Allí quien empezó a cortar el bacalao hace tiempo ya es Milan Nestarec, punta de lanza de un movimiento ya asentado. Le siguen bodega Mira, de Mirka Nestarcová —actual pareja de Milan—, y lo que para mí ha sido la bodega revelación, Martin Vajčner.
- Dopamin de Milan Nestarec. Este blanco es un chute de energía, su base reside en un porcentaje muy alto de Grüner Veltliner, acompañada de Chardonnay o Riesling dependiendo del año. Esto se debe a que es un experimento de vino de soleraje que empezó en 2019 en barricas Stockinger.
- Pinot Noir River Sediments de Martin Vajčner. Dos parcelas situadas una frente a otra en las orillas de un río. Barrica de roble francés y checo que no las ves por ninguna parte. Pinot Noir más varietal imposible y un recuerdo a los borgoñas de hace veintipico años. Frutal, floral, delicado, estructurado, largo, elegante, se me acaban los adjetivos para una de las mejores Pinot en por lo menos una década que he probado.
- Mira Sauvignon Blanc. Si Rosalía os la trajo a vuestra vida con Lux y andáis buscando este varietal, aquí Mirka nos lo trae en una versión que, como digo yo, sauvignonea poco. Nariz contenida, pero sin olvidar el varietal; boca que busca suelo, dejando un toque mineral a un conjunto fresco, sedoso y contenido en fruta.
Hungría
Aquí también hablamos de los vinos secos. Uvas blancas son la batuta que marca esta sinfonía de vinos con una longitud extraordinaria. Tenemos a bodega Szóló, de Timea Éless, Kristinus, de Florian Zaruba, o Kolonia 52, de Annamaria Török y Attila Francisti, llevando el ritmo de este vals fluvial.
- Kolonia 52 Lime. Como anuncia el nombre, existe en este vino una carga cítrica, acentuadísima por una acidez chispeante. Furmint y Riesling forman una dupla que no se conoce igual desde Laporte y Cubarsí. A pesar de ser dos varietales muy aromáticos, el vino se contiene en ese apartado, dejando solo vislumbrar algo de fruta exótica con esos cítricos. Una maravilla para este verano con una longitud en boca increíble.
- Szóló Levegö. Pura expresión de la Furmint. Luz en un vino, estoy enamorado de los vinos de esta enóloga; su precisión, expresión de cada parcela —cada vino es parcelario— y búsqueda de lo que quiere contar en cada uno de ellos es admirable. Parte criada en huevos de cemento, parte en depósitos de inoxidable: tenemos ambas caras en el vino. Longitud, verticalidad y textura glicérica. Honestamente brutal.
- Kristinus Olaszrizling. La Olaszrizling o Welschriesling, o Riesling Itálico, no es familia de Riesling, por eso a veces puede llevar a equívoco. Estamos ante un varietal que sí tiene fruta, pero nada que ver con el varietal teutón. Kristinus nos ofrece un orange en ánfora de arcilla que es el cromo necesario para el winelover. Franco, directo, sin oxidaciones o notas pesadas como algún orange que conocemos y un final mineral muy rico.
Eslovenia
Vamos a cerrar con Eslovenia, ya que si no este artículo se nos va a hacer harto largo. De aquí me gusta destacar a Matic Wines, de Matija Stajerska, y Slov Wines, ambos amigos y grandes jóvenes productores.
- Mea Rosé. Este ancestral de Blaufränkisch combina burbujas y vino rosado. Fresco, agradable de burbuja contenida, buena acidez y un canasto de frutillos rojos en tu boca.
- Slov Orange Muscat. Un orange que cumple con la varietal aromático contenido. Balancea bien con la acidez, deja que el tanino la envuelva sin ser excesivo y crea un vino muy gastronómico.
Y ahí está el asunto: Europa central ya no es solo el rincón al que miramos cuando queremos sonar más leídos que bebidos. Es una mina nueva para distribuidores, etiqueteros y para quienes simplemente tenemos sed de vinos con nervio, acidez, fruta y esa sensación de que aún quedan mapas por manchar.