¿Tienes en tu cocina una pieza de museo? 8 objetos cotidianos que son iconos del diseño

Entrevistamos a una de las autoras del libro "Vinçon 1929-2015" para redescubrir ocho iconos del diseño industrial gastronómico que quizá sigan en tu cocina. Además, comprendemos el papel que jugó esta tienda en la difusión del menaje culinario

Laia Antunez

Redactora de Hule y Mantel

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Citromatic MPZ-2 de Braun / Foto collage: Hule y Mantel / 8 objetos cotidianos que son iconos del diseño
Citromatic MPZ-2 de Braun / Foto collage: Hule y Mantel / 8 objetos cotidianos que son iconos del diseño

Antes de que existiera el Museu del Diseño, Barcelona ya contaba con un lugar de peregrinaje: la tienda Vinçon del Paseo de Gracia. Un comercio con personalidad propia que, a lo largo de sus casi 90 años de trayectoria, mostró siempre interés por todo aquello vinculado con la gastronomía, la cocina y la mesa. Aquellos objetos y utensilios que eran sinónimo de modernidad, son ahora piezas de museo, aunque probablemente también los hayas tenido o los sigas teniendo en tu casa. 

Portada del libro "Vinçon. 1929-2015" / Foto: Museu del Disseny-Tenov
Portada del libro "Vinçon. 1929-2015" / Foto: Museu del Disseny-Tenov

Aprovechamos la reciente publicación del exquisito libro "Vinçon 1929-2015" (ed. Museu del Disseny-Tenov) para hablar con María José Balcells, responsable de fondos documentales históricos de este museo y coautora del libro junto con el historiador y diseñador Oriol Pibernat. Con ella, redescubrimos ocho iconos de nuestro diseño industrial gastronómico, desvelamos qué papel jugaron a la hora de revolucionar nuestra relación con la comida y la bebida y, por qué no, también nos regalamos una buena dosis de nostalgia, que siempre reconforta.

Batidora Turmix (Equipo Turmix, 1949)

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Batidora Turmix de 1949 / Foto: Museu del Disseny

Entre paragüeros con motivos de caza y vajillas de La Cartuja de Sevilla, en la primera tienda Vinçon ya destacaba esta moderna batidora Turmix, con cuerpo de metal cromado en forma de cono escalonado y apoyos de plástico rojo. Un diseño made in Barcelona inspirado en un modelo suizo, pero con claras referencias a las batidoras americanas de los años treinta y cuarenta. "Turmix compró los derechos para producirlo en España", apunta Balcells, y su equipo, liderado por el ingeniero Enrique Berrens, hizo hasta cinco variantes.  

"Fue uno de los primeros electrodomésticos que se vendieron en nuestro país", apunta. En 1967, su precio era de 2.088 pesetas, según el Museu del Disseny; y, junto con otros pequeños electrodomésticos como batidoras, cafeteras eléctricas, exprimidores y tostadoras que se fueron introduciendo en los armarios de las cocinas españolas, supuso una revolución y una gran "ayuda en la preparación de las comidas", dice.

Conjunto de café y té Latina (Rogeli Raich, 1961)

Conjunto de café y té Latina de Rogeli Laich /Foto: Museu del Disseny
Conjunto de café y té Latina de Rogeli Laich /Foto: Museu del Disseny

Siguen presentes en el trajín de la mayoría de bares y restaurantes de España, pero las teteras, la jarra y la azucarera que integran el conjunto Latina diseñado por Rogeli Raich, llevan en danza desde 1961. Son piezas resistentes, versátiles y accesibles económicamente que se fabricaban en acero inoxidable, "un material que se consideraba más de hostelería que no doméstico, pero que poco a poco pasó a formar parte de los elementos del hogar", afirma Balcells. La cerámica dejaba paso a los nuevos materiales.  

Las piezas de Raich, que ganaron el Delta de Oro (1961) que otorga el ADI-FAD, seguro que te han acompañado en sobremesas y tardes de té y esto se debe a que, medio siglo después de su creación, la empresa Isogona las sigue comercializando, con otro nombre pero bajo la misma marca BRA. Extremos redondeados, una tapa que se abre fácilmente y un asa que permite coger la tetera y la jarra sin quemarse definen la "funcionalidad perfecta" de este conjunto, según la experta.

Pinzas para hielo (André Ricard, 1964)

Pinzas diseñadas por André Ricard. Izquierda, reedición de 2018. Derecha, pinzas originales de 1964.
Pinzas de André Ricard. Izquierda, reedición de 2018. Derecha, pinzas originales de 1964.  

Un clásico indiscutible: las pinzas para hielo Tong, diseñadas por André Ricard en 1964 y editadas por la empresa Arce. Fueron revolucionarias en dos aspectos: "Porque eran de plástico, y en ese momento todas las pinzas eran metálicas. Y porque funcionan al revés que todas las pinzas. Solo haces presión cuando coges el hielo; después, gracias a su pieza horizontal, el hielo se aguanta perfectamente. Para que caiga dentro del vaso, vuelves a hacer presión", explica Balcells. 

Fabricadas de una sola pieza, las pinzas recibieron el Premio Delta de Oro (1964) y, aunque existían en diversos colores, "en Vinçon solo las vendían en rojo y en negro, que eran sus colores corporativos". Una tónica habitual en este establecimiento que apostaba por objetos que usaran "colores muy básicos y neutros" potenciando así su atemporalidad. Se han mantenido en el mercado desde los años sesenta, y, en 2018, su editora actual, la barcelonesa Mobles 114, le pidió al mismo Ricard (Premio Nacional de Diseño, 1987) que hiciera unas pequeñas modificaciones en el diseño del molde. El resultado: una reedición de estas icónicas pinzas, fabricadas con otro plástico más transparente y flexible.

Aceitera anti goteo (Rafael Marquina, 1961)

Aceitera antigoteo de Rafael Marquina / Foto: Oniricat.cat
Aceitera antigoteo de Rafael Marquina / Foto: Oniricat.cat

Lo mismo sucede con la aceitera antigoteo diseñada pocos años antes por Rafael Marquina, probablemente la pieza más reconocible y más mundialmente copiada y fusilada del diseño industrial catalán. "Marquina recordaba cómo le regañaban de pequeño porque manchaba el mantel con las gotas de aceite que resbalaban por la aceitera", señala Balcells, y de ahí su obsesión por incorporar a un objeto tan popular de la cocina mediterránea este ingenioso sistema anti goteo.  

Un diseño básico a la vez que preciso y funcional, que se forma con dos conos, uno grande que hace de recipiente del líquido y otro pequeño que recoge el degoteo y hace de embudo para llenar la aceitera. El diseño original, que ganó el premio Delta de Oro (1961) y el Delta de Oro 25 años (1986), es el único autorizado por Marquina de entre todos los que se siguen comercializando. 

A modo de anécdota, Balcells explica que Marquina hizo otras versiones "para ver si se podía mejorar el diseño" y que se las iba llevando a Fernando Amat, alma mater de Vinçon, que pensó en producirlas bajo su sello. No sucedió, pero antes de cerrar la tienda expuso esos prototipos en su escaparate como merecido homenaje, porque este diseño es de diez: soluciona un problema y mejora nuestro día a día. 

Vajilla Compact (André Ricard, 1962)

Vajilla Compact de André Ricard / Foto: Museu del Disseny
Vajilla Compact de André Ricard / Foto: Museu del Disseny

Antes de diseñar sus famosas pinzas, André Ricard había creado vajillas y otras piezas de menaje para la firma guipuzcoana Porcelanas Bidasoa. Entre ellas, la más icónica es la vajilla Compact, que también recibió el Delta de Oro (1962). "Era una vajilla de diario, básica, blanca, compacta y con paredes muy gruesas para que fuera resistente. La integraban platos, boles para sopa que también servían de salsera y poco más... Perfecta para viviendas pequeñas", cuenta la autora.

Siguiendo este mismo concepto de éxito, en los años ochenta el diseñador presentó otra vajilla llamada Basic, en color blanco y con dos puntos que "recordaba una pieza de dómino", concreta Balcells. "Era la vajilla "buena" o "la de los domingos", pero a precio de vajilla de diario y se podía utilizar en ambos casos". Un producto, agrega, "muy en la línea de Ricard: bien pensada, con su justa funcionalidad y a precios asequibles".

Cubitera Polar (Fernando Amat, 1974)

Escaparate de Vinçon dedicado a la cubitera Polar (1974). Derecha, la cubitera Polar / Foto: Museu del Disseny
Escaparate de Vinçon dedicado a la cubitera Polar (1974). Derecha, la cubitera Polar / Foto: Museu del Disseny

La cubitera Polar, diseñada por el propio Fernando Amat y editada en 1974 por Disform -produjeron los primeros muebles de Philippe Starck cuando todavía nadie lo conocía-, fue número uno en ventas en Vinçon y llegó a muchas casas. Inspirándose en una cubitera que Miguel Milá había diseñado con porexpán en 1963, le añadió el metracrilato transparente, "un material muy del momento", según Balcells, que evitaba que esta se ensuciara y se rompiera, y facilitaba su limpieza.

El diseño fue "revolucionario" porque, además de mejorar la facilidad de manejo de la cubitera, dejaba a la vista las bolitas de porexpán, un material que, si bien se utilizaba como aislante en el transporte de productos fríos, no era habitual en utensilios de cocina y mesa. Fue el segundo diseño de Amat, el otro, una chimenea, fue "un desastre", dice Balcells, y le sirvió para olvidar definitivamente su faceta como diseñador. 

Exprimidor (Luelles y Rams, 1970)

Detalle del exprimidor automático Citromatic MPZ-2 de Braun / Foto: Museu del Disseny
Detalle del exprimidor automático Citromatic MPZ-2 de Braun / Foto: Museu del Disseny

El exprimidor automático Citromatic MPZ-2 de Braun ha amenizado las mañanas y los desayunos en millones de casas de este país durante décadas. Producido solo por Braun España, este modelo lo configuraron Dieter Rams y Gabriel Lluelles, quien también inventó el célebre Minipimer. Fue un aparato práctico e innovador porque, entre otras mejoras, permitía verter el zumo directamente en el vaso. 

"Responde a la estética de la fábrica Braun de los años sesenta y setenta: blanco, muy compacto y funcional. Además, la parte de arriba se desmontaba y se podía limpiar fácilmente bajo el grifo", comenta Balcells. Un exprimidor de referencia, que se fabricó hasta 1994, aunque se le hayan rendido diversos tributos, y que ahora "se ve como una pieza de museo". 

Cubiertos Faces (Adrià y Huber, 2006)

Cubiertos Faces de Ferran Adrià y Luki Huber / Foto: Museu del Disseny
Cubiertos Faces de Ferran Adrià y Luki Huber / Foto: Museu del Disseny

Ferran Adrià revolucionó la cocina en El Bulli y generó nuevas necesidades: utensilios específicos para cocinar sus platos y para consumirlos adecuadamente. Algunas de estas herramientas, "porque no sé si les podemos llamar cubiertos", dice Balcells, se produjeron en serie, con el diseñador Luki Huber, y pasaron a formar parte de una colección llamada Faces. También incluyó bandejas, cuchillos y otras piezas diseñadas por creadores como Xavier Claramunt o Antoni Arola.

"Era el boom de Adrià, y todo el mundo quería cocinar y esferificar como él", dice la autora, y aunque quizás estos "instrumentos bullinianos" no sean las piezas que más hayamos visto en nuestros hogares, sí que aúnan "innovación y atrevimiento", algo que los propietarios de Vinçon siempre quisieron apoyar. "Sabían que no se venderían mucho pero se crearon más como un objeto de referencia, de nuevo diseño".

Vinçon y la gastronomía

Bolsa y papel de regalo diseñado por Pati Núñez en 1989
Bolsa y papel de regalo diseñado por Pati Núñez en 1989 / Foto: Museu del Disseny

Antes de Fernando y Sergio Amat, que heredaron el negocio a finales de los años sesenta, el vínculo de Vinçon con la mesa y la cocina ya definía su carácter. Sus fundadores, Enrique Levi y Hugo Vinçon, importaban porcelana, loza fina y cristalería. Años después, los hermanos Amat elevaron el negocio a otro nivel, apostando por el diseño industrial de calidad y los creadores locales. "Se caracterizaban por tener un producto que no encontrabas en otros sitios", recalca Balcells.  

Buscaban "diseños atemporales, funcionales y con un precio razonable, especialmente en todo lo relacionado con la cocina; piezas de buena calidad y que fueran diferentes por su forma y materiales". Conseguían instrumentos para zurdos inéditos; fueron pioneros en vender utensilios orientales, como boles y palillos, en un espacio dentro de la tienda que bautizaron como Vin Chong y que, según Balcells, fue "muy rompedor"; y tuvieron su estudio de diseño de cocinas a medida, Kitchen Çon.

Bolsas de la tienda Vinçon / Foto: Museu del Disseny
Bolsas de la tienda Vinçon / Foto: Museu del Disseny

La gastronomía también se coló en sus icónicas bolsas, objetos de diseño en sí mismos que son emblema de la comunicación creativa que hacía la tienda, y que también aplicaba a sus escaparates, su papel de regalo y sus acciones callejeras. "En las bolsas de los años setenta ya aparecían instrumentos de cocina; y a partir de los años ochenta Pati Nuñez diseñó bolsas de Navidad que daban la vuelta a las tradiciones culinarias barcelonesas y catalanas: el galet, la escudella o el pollo", dice Balcells. Un cambió en la forma de ver y de consumir diseño, pero también gastronomía, que transformó Barcelona, y un poco a todos nosotros. //

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