“Después de un largo periodo de reflexión, hemos decidido que Slow & Low cerrará sus puertas como restaurante gastronómico”. Así ha anunciado Frank Beltri, el chef al frente del proyecto, que el próximo 17 de octubre será el último servicio de este restaurante del Eixample que consiguió en 2022 su primera Estrella Michelin. Una decisión que el propio Beltri explica de forma muy sencilla y con una sinceridad que no siempre es habitual en el mundo de la hostelería: “La cantidad de clientes que necesitamos para ser rentables no los tenemos”, apunta en declaraciones a este medio.
La noticia contrasta con el éxito del otro proyecto de este cocinero, que en otoño de 2024 abrió, casi al lado del restaurante, el Bar Canyi. Una propuesta informal pero con un notable nivel en las tapas, platillos, arroces y bocadillos que trabajan y que dos años después sigue triunfando. “Hacemos hasta 4.000 clientes al mes”, señala el cocinero, que ya trabaja en otros proyectos con una línea alejada de la alta gastronomía.

“Tengo 43 años, ahora pienso en negocios que puedan tener más rentabilidad. Pero nunca se sabe”, apunta el chef al ser preguntado si esto significa un adiós definitivo a la alta gastronomía. De momento, a medio plazo, viene otra apertura en línea con Canyi. Todavía no ha firmado el local, nos cuenta, así que mejor no dar dirección, pero el concepto está claro: "cocina informal, bocadillo y todo muy ligado a la música y a los vinilos".
Cambio de paradigma
La noticia sobre la despedida de Slow&Low coindice con la reciente decision del chef francés Bruno Verjus de cerrar Table a finales de año, su restaurante con dos Estrellas de París. "El fine dining está muerto", aseguraba Verjus, explicando que no le gusta un formato al que sólo unos pocos comensales pueden acceder por el elevado precio de los menús.
La contundente proclama de Verjus sobre la muerte de la alta cocina lleva horas resonando en todo el sector, y deja claro que el cirre de Slow&Low se enmarca en un contexto muy complicado para los restaurantes gastronómicos. Los precios y la pérdida de poder adquisitivo son, seguramente, la explicación más sencilla a algo evidente para cualquiera que se asome a una web de reservas y compruebe lo fácil que es conseguir mesa en casi cualquier Michelin de la ciudad. Y, por supuesto, lo que ocurre en Barcelona es extrapolable a todo el país.

"No me gusta hablar de los demás, pero está claro que es una situación general y que estamos en un cambio de paradigma", señala Beltri. "Si veo que a los demás les va bien y a Slow no, intentaría cambiar algo, pero no es el caso", añade. El restaurante Slow&Low abrió sus puertas en 2018 de la mano de Beltri y Nicolás de la Vega, que en 2025 dejó el proyecto. Recientemente ha abierto, también en el barrio de Sant Antoni, Maiz Maiz, un pequeño local especializado en cocina callejera mexicana.