Va camino de cumplir dos décadas en Barcelona y eso es mucho decir. Sobre todo si esos 20 años han sido sin volantazos en el discurso y el menú, y manteniendo la idea con la que, en aquella época, abrieron muchos restaurantes bautizados como bistronómicos: buena cocina de autor a precios razonables.

No quedan muchos de esa generación, pero entre ellos ahí está Embat (Carrer de Mallorca, 304), un clásico del Eixample que es fiel a esa filosofía que hoy cuesta tanto encontrar. Sobre todo la parte del precio.
Nombre de viento mallorquín para esta cocina catalana, con influencias de aquí y de allá y que busca más gustar que impresionar. De eso se encarga Santi Rebes desde la pequeña cocina de esta restaurante abierto en 2007 en el 304 de la calle Mallorca. Más tarde se uniría al equipo de cocina Marta Przywarska, mientras que la sala la maneja, y muy bien, Roser Sancho.

Un equipo pequeño y ambiente familiar. Es parte del encanto de uno de esos restaurantes con clientela habitual y que puede vivir en cierto modo ajenos a las modas que van y vienen, y manteniendo además un perfil discreto, sin necesidad de estar cada día en los titulares. Y mira que dos décadas dan para tendencias, viralidades y muchas posibles noticias.
Apuesta por el menú
Los menús de mediodía y de noche son, desde hace años, las estrellas de la casa, aunque ahora también ofrecen una pequeña carta. Los mediodías laborables su menú a 26,50 euros (bebidas incluida) es muy conocido en la zona, mientras que para las noches y los fines de semana la propuesta es un menú degustación de seis pases con platos a elegir y compartir por 41 euros por comensal, en este caso con las bebidas aparte.
Una fórmula ganadora, más en estos tiempos en los que cada vez más personas quieren jugar con un precio fijo y saber cuánto van a gastar.

La buena noticia es que los platos que conforman estos menús cumplen con esa idea de cocina honesta, personal y sin demasiadas florituras, pero cuidada en las presentaciones y con el punto de creatividad que se espera de un menú degustación.
Seis platos para compartir
En cada uno de los seis pases -cinco salados y postre- hay que elegir una de las tres opciones que se ofrece, cuatro en el caso del principal y el postre. Los platos llegan al centro de la mesa para compartir, lo que permite dinamizar y aligerar un menu que podría hacerse largo y pesado y que resulta muy equilibrado.

Este esquema, ademas, hace que la clientela más fiel y repetidora pueda volver a configurar el menú sin repetir platos. También está, claro, la citada opción de carta, aunque sólo disponible por las noches y fines de semana.
En nuestra visita, pudimos probar, entre otros platos, sus ya clásicas croquetas caseras, un rico hojaldre de espárrago, un tatín de cebolla con queso Comté curado y el canelón de tres carnes, otro de los platos más aclamados de Embat. Como principal, un arroz de gamba roja y sepia más que digno para un menú así.

Muy rica tambien la alcachofa a la brasa con vinagreta, la zanahoria asada con vieira o la el vitello tonnato servido en una masa fina y crujiente.
En la amplia carta de vino son mayoría las referencias catalanas y, de nuevo, nos encontramos con unos precios muy ajustados. Es el remate perfecto para un restaurante que puede presumir con orgullo de ser una de esas apuestas seguras a las que siempre es buena idea volver.
