Un imán de nevera con una bailaora sevillana cubierta con el característico trencadís de Gaudí no es solo un horror en cuanto a diseño, es un ejemplo claro de falta de contexto y también uno de los souvenirs habituales que los turistas encuentran en las tiendas de la Rambla o de la Sagrada Familia.
Imanes, tazas, miniaturas, camisetas... ponerle un trencadís a cualquier cosa para seguir explotando el potencial de lo gaudiniano es un recurso habitual. Sin duda, el célebre arquitecto lloraría ante esos despropósitos. Y, probablemente, se haría la misma pregunta que nosotros: ¿Ese es el recuerdo que un visitante debe llevarse de Barcelona?
Ahora ya no, porque el maestro chocolatero Lluc Crusellas y Makeat, el estudio de food design barcelonés que está detrás —en silencio, sin buscar grandes titulares— de muchos de los más innovadores proyectos gastronómicos que hemos visto en los ultimos años, se han unido para crear GAUDEAT.
El proyecto comienza con algo muy goloso ya que han convertido detalles de la arquitectura de Antoni Gaudí en nueve bombones de chocolate que se presentan en una delicada y estudiada caja, con la intención de que el visitante pueda llevarse Barcelona a casa, pero también de que un barcelonés tenga ganas de comerse a Gaudí.
Dignificar el souvenir
El trabajo no ha sido fácil y para llegar hasta aquí han necesitado casi tres años de desarrollo, diseño, pruebas, de dejar reposar, de cambios de última hora y de aplicar una buena cantidad de exigencia y de obsesión por el detalle. “Somos unos tarados”, nos dice entre bromas Víctor Echevarría, socio y director de estrategia de Makeat. “Nunca es suficiente”.
La relación entre Makeat y Crusellas viene de largo y se consolidó trabajando juntos en el proyecto que llevó al pastelero a ganar el World Chocolate Masters en 2022. Detrás de esa impresionante escultura de un elefante hecha con cerca de 100 kg de chocolate también estaban ellos.
Tras esa experiencia entablaron amistad y ganas de seguir trabajando conjuntamente. Ahora con otro objetivo: “Queríamos hacer un nuevo souvenir representativo de Barcelona, comestible", nos explica Juan Manuel Umbert, CEO y cofundador de Makeat.
"Un souvenir que nosotros compraríamos, regalaríamos y compartiríamos. Y cuando compartes una caja de Gaudí, además, estás compartiendo cultura”, añade Echevarría.
La complejidad de la obra de Gaudí
La capacidad creativa de Gaudí fue inmensa y desarrolló un universo de formas, texturas, mosaicos... Podrían haber hecho una caja de bombones de la Casa Batlló, otra de la Sagrada Família y otra del Palau Güell. Podrían haber convertido cada una de esas fachadas en una colección de bombones. Pero eso habría sido demasiado fácil.
Por eso, ellos han apostado por realizar "una importante labor curadoría", cuenta Adrià Colomina, CTO y cofundador de Makeat, y reproducir en esta caja elementos que provienen de cinco obras emblemáticas del arquitecto en Barcelona: el dragón del Park Güell, la estrella de la Sagrada Familia, las chimeneas de la Pedrera... "Piezas representativas de la obra de Gaudí, pero sin ser tan directas”, agrega.
Las piezas parten de fotografías y dibujos realizados por el equipo de diseño. "Es un trabajo que hay que poner mucho en valor", afirman. De ahí pasan a los moldes y después llega la parte en la que el chocolate tiene que comportarse como se espera. “Hay tanto detalle que el reto es aplicar el chocolate sin que haya burbujas de aire y conseguir que la superficie quede brillante”, especifica Crusellas.
Chocolate y sabor mediterráneo
Y es que toda esta labor de diseño no tendría sentido si no se acompañara de la mano experta del chocolatero. Porque una pieza puede ser técnicamente espectacular y, aun así, no funcionar como chocolate. Y ese ha sido su reto. Además de intentar de reflejar "esa cultura mediterránea", dice, del lugar donde vivía Gaudí.
Por eso, ha trabajando con una base de chocolate para el encamisado de los bombones, a la que ha incorporado todo tipo de frutos secos, cítricos y especias que se utilizan en la cocina mediterránea, para que el territorio también aparezca en el sabor. “Queríamos que, cuando te lo comieras, no pensaras que estás en Sudamérica”, comenta Crusellas.
Las cajas de bombones están ya disponibles en las tiendas de la Casa Batlló y La Pedrera, en los aeropuertos de Barcelona, en los centros de El Corte Inglés, además del canal online y el mercado de regalos de empresa. "No estaremos en cualquier lugar. Queremos que sea un detalle muy cuidado. No queremos hacer una masificación del producto", recalca Umbert.
Su precio es de 35 euros y, si bien reconocen que es elevado, insisten en que "no hemos querido bajar la calidad del producto". El diseño, los moldes, la precisión de las piezas y la selección de ingredientes forman parte del producto. “Si con esto hemos de ser pequeños, seremos pequeños”, sentencia Echevarría. Para ellos, no se trata de vender muchas unidades, sino defender un producto de calidad.
Y hay otro compromiso, porque GAUDEAT reinvertirá el 1% de sus beneficios en proyectos destinados a proteger, conservar y divulgar la obra de Gaudí. Es una forma de intentar que el patrimonio que sirve de inspiración al producto reciba también algo a cambio.
Un proyecto con continuidad
De hecho, esta caja de bombones, que se presenta precisamente en el contexto del Año Gaudí, en el que se conmemora el centenario de la muerte del arquitecto. es solo el principio ya que GAUDEAT nace con vocación de continuar.
El equipo y Crusellas ya piensan en las dieciocho grandes construcciones vinculadas a Gaudí, repartidas por el terriorio español, y en "cómo seguir utilizando la gastronomía para contar ese patrimonio", expone Umbert.
Este año ya realizaron unos workshops con monas de Pascua para explicar la Sagrada Familia a niños y niñas, siempre a través de la gastronomía. "Nuestro proyecto es infinito, tan infinito como lo que hizo Antoni Gaudí", recuerdan.