El jengibre ya no es ese ingrediente “exótico” que se compra una vez para una receta asiática y se queda olvidado en el cajón de las verduras hasta que se arruga. La raíz de jengibre lleva tiempo instalada en la cocina cotidiana. Y lo ha hecho con motivos. Es fresca y aporta sabor a cualquier plato.
Además, es uno de esos productos con fama de ser saludable que la despensa moderna ha adoptado sin demasiadas discusiones. Eso sí, para sacarle partido de verdad hay que entenderlo. No es ajo ni pimienta. El jengibre es un ingrediente con 'carácter' propio que hay que usar con cabeza.
Qué es la raíz de jengibre y cuáles son sus propiedades
La parte que consumimos del jengibre es su rizoma comestible, una raíz engrosada de piel beige y pulpa amarillenta y fibrosa. Su aroma es inconfundible: fresco, ligeramente cítrico y con un picor que no es agresivo, pero sí persistente.
A la hora de cocinar, funciona como un comodín. Puede dar el toque final a un caldo o aromatizar un sofrito. En pocas palabras, da profundidad sin necesidad de complicar la receta.
Además, no es casualidad que el jengibre se haya asociado durante siglos a usos medicinales. Más allá del interés gastronómico, su popularidad también se explica por sus propiedades:
- Efecto digestivo: se utiliza para aligerar comidas pesadas o para mejorar la digestión tras comidas copiosas.
- Sensación de alivio en náuseas: es un clásico en infusiones y bebidas calientes para tratar el malestar estomacal.
- Propiedades antioxidantes: contiene compuestos bioactivos que mejoran la salud cardiovascular y fortalecen el sistema inmunológico.
- Acción antiinflamatoria suave: reduce la inflamación en enfermedades crónicas y alivia dolores musculares.
Cómo cocinar la raíz de jengibre
Antes de ponerse manos a la obra en la cocina, a la hora de comprar jengibre hay que tener en cuenta una regla sencilla: cuanto más firme y liso, mejor.
El jengibre fresco debe tener la piel tensa, sin arrugas, y partirse con facilidad. Si está blando o muy fibroso, no dará el mismo resultado.
En cuanto al tamaño, no hace falta llevarse una pieza enorme. El jengibre se usa en pequeñas cantidades y es preferible comprarlo fresco y renovarlo que acumularlo durante semanas.
Una vez lo tengas, es importante tener en cuenta estas recomendaciones para prepararlo sin complicarse:
- Para pelarlo, lo más práctico es usar una cucharilla: raspa la piel y retira sin desperdiciar pulpa.
- Para rallarlo, un rallador fino es suficiente. Es ideal para integrarlo en salsas o guisos sin que se vea.
- Para cortarlo, se puede laminar, picar o machacar. En caldos, muchas veces basta con unas rodajas.

Con qué ingredientes combina mejor
El jengibre encaja especialmente bien con ajo y cebolla, con cítricos como limón o lima, y con condimentos ricos en umami como soja, miso o tamari.
También funciona muy bien en recetas con leche de coco, con especias cálidas como comino, cúrcuma o curry, y en salsas con tomate si se usa con moderación.
En guisos, además, es un gran aliado de carnes grasas, como la de cerdo o cordero, y de verduras de invierno como calabaza, zanahoria, boniato o coliflor.
Recetas con jengibre para dar sabor a tus guisos
El jengibre funciona de maravilla para cocinar platos de cuchara. Estas recetas son una buena forma de incorporarlo en guisos clásicos:
Lentejas con jengibre y comino
Una versión especiada, pero muy casera. Unas lentejas de toda la vida pueden ganar un matiz diferente con un gesto mínimo: jengibre rallado en el sofrito. Funciona especialmente bien si las acompañas con comino, pimentón suave y un toque de tomate.
El resultado no es “oriental”, sino más aromático. Lo mejor es añadirlo al principio y dejar que se cocine con la cebolla. Así pierde agresividad.
Pollo guisado con jengibre, limón y aceitunas
El pollo agradece sabores frescos. En un guiso clásico de cazuela, el jengibre aporta una nota ligera que corta la grasa y hace el plato más interesante. Encaja muy bien con muslos o contramuslos, un fondo de cebolla y un caldo suave.
La clave está en rallar un poco de jengibre y añadir también una tira de piel de limón, sin la parte blanca, al final.

Curry rápido de garbanzos con tomate y jengibre
Para días de “cocina útil”, el jengibre es el ingrediente que hace que una receta sencilla parezca trabajada. Garbanzos cocidos, tomate, cebolla, especias y un toque de jengibre rallado. No hace falta complicarse con diez ingredientes.
Con cúrcuma, comino y un punto de picante ya queda redondo. Si quieres suavizar su sabor, añade un poco de yogur natural o leche de coco.
Caldo de verduras con jengibre
En sopas y caldos, el jengibre actúa como un “perfume” culinario. Basta con unas rodajas finas durante la cocción para que el caldo gane un fondo más limpio y reconfortante.
Funciona muy bien con puerro, zanahoria y apio, y es una buena base para sopas de fideos, ramen casero o cremas de verduras. Ante todo, es importante que retires las rodajas de jengibre antes de servirlo.

Estofado de ternera con un toque de jengibre
No es lo más habitual, pero encaja. En estofados largos, el jengibre no se impone, se integra. Aporta una nota cálida que combina con vino tinto, zanahoria y laurel, siempre que se use con moderación.
El secreto está en añadir poca cantidad al principio, para que se funda con el sabor del guiso.


