Últimamente me encuentro con la pregunta que muchos de vosotros me hacéis: Òscar, ¿cuál es la tendencia actual del vino? Evidentemente ya hemos hablado de ello en capítulos anteriores; por ejemplo, la irrupción de los vinos blancos, que a mi entender es más una recuperación que una moda. Si me ciño a lo que está empujando ahora mismo, para mí hay tres líneas muy claras:
- Los Orange
- Los vinos de Europa del Este
- Tintos “light”
Como me dedico al mundo del vino en plan multi faceta, tengo una visión 360º acerca de él. Esto me facilita mucho leer entre líneas y ver desde un sitio privilegiado todos los movimientos. Así que en los próximos artículos vamos a desgranar un poco estas tendencias.
Los Orange
Hablaba hace unas horas, antes de este artículo, con un amigo acerca de ellos. Òscar, tú quieres decir ¿que siguen siendo tendencia? Mi respuesta, obvia y contundente, fue un sí. Además, en un artículo que escribí aquí en Hule y Mantel --Orange is the new wine-- hace cuatro años, ya os hablaba de ellos.
Pero es que venimos de lejos: quizá uno de los primeros Orange que probé fue sobre 2015; eso son exactamente once años. La demanda actual que tenemos para un cliente al que asesoro en distribución de estos vinos en hostelería supera, aun con creces, la de sus hermanos tintos o blancos. Sin ir más lejos, ayer envié un pedido de 48 cajas, de las que 21 eran naranjas. Por precio, encajan perfectamente en el designado “vino a copas” de los bares de vino. No hace falta ser un genio de las matemáticas para ver que el porcentaje es altísimo comparado con el resto.
El vino naranja u Orange wine o, en Cataluña, vino brisado, procede de uva blanca que macera con sus pieles. Eso le da el color característico y, sobre todo, unos matices aromáticos muy distintos a los de un blanco al uso. El Orange wine está, además, intrínsecamente ligado al movimiento del vino natural, de mínima intervención o libres desde el minuto uno.
En aquella época, como al vino natural se lo veía como una tendencia, queda claro que a los naranjas tampoco se les tuvo mucha consideración. Recuerdo bien los primeros Orange que probé: marcaban el camino, sí, pero también ponían a prueba el paladar. Poco a poco, como la gota malaya, han ido calando en la mente del consumidor.
Y era normal que al principio no gustasen demasiado: imperaba el estilo georgiano, con maceraciones larguísimas y una extracción aromática muy potente. Eso mismo provocaba una pérdida de estilo y de varietal en según qué zonas. Un Xarel·lo del Penedès era irreconocible si pasaba más de dos meses con sus pieles macerando. Al consumidor habitual o semiprofesional quizá le caía en gracia; al público general le producía rechazo, y con razón.
Entonces, ¿por qué sigue siendo tendencia este vino? El cambio de timón de muchos elaboradores. Con el paso del tiempo y una buena observación, los elaboradores han ido adaptando sus vinos al gusto de la demanda. Esto ha provocado que, en el mercado actual, podamos encontrar vinos naranjas con un reconocimiento varietal sencillo. Más fresco, más fluido y reconocible al paladar. Quizás la irrupción de los productores del norte de Italia como Gravner, Radikon o Denavolo, incluso otros movimientos por Europa central han demostrado que otro tipo de vino naranja era posible.
Entonces, a los Orange Wine se les siguen alineando los astros. Si sumamos que cada vez son más populares, que siguen esa línea de baja graduación alcohólica y que, encima, van de la mano del Green Washing Greta Thumberiano, los coloca en la cúspide de la pirámide.
Cualquier neófito que se acerque a un bar de vinos y pregunte por ellos, en estos tiempos, se encuentra quizá en el mejor momento para descubrirlos. Si para colmo el sumiller de turno es hábil y detecta que es la primera incursión del cliente, tendrá a bien darle un naranja introductorio y comenzará el idilio perfecto. A continuación, os dejo una pequeña lista a modo guía. En ella encontraréis un poco de este estilo más fácil y actual, sin perder de vista una buena maceración:
- Gemma Miró La Lambretta. Vino para empezar la selección y no puede gustarme más. La Lambretta de Gemma Miró – entrevistada en la tercera temporada del Podcast - es un Orange de Moscatel 100% de una finca en Priorat. Además, es su único blanco y un Best seller. Tanto que muchos somos los que esperamos este vino hasta la siguiente añada. Fácil, fresco y fluido. Una moscatel en nariz que no puede olvidar su origen varietal, flor y fruta (uva) muy marcados, pero en boca se muestra mineral y afiladito. Una maravilla que os va a encantar en la mesa.
- Contacto de Álvaro Loza. Riojano por los cuatro costados. Un vino que la única diferencia de estilo que vas a encontrar con un blanco clásico es su contacto con pieles. Viura 100% macerada con sus pieles 15 días, después pasa a barricas de roble francés usadas durante 12 meses. Maravilloso viticultor emergente con una vista al pasado y otra al presente. Esta Viura es rioja, es El Ciego, es transmisión de cultura y pasión. Ojo a la etiqueta, que me parece de una belleza extrema. Más cuando sabes que una de las manos, es la de su abuelo.
- Puesta en Chus de Frontio. En Arribes pasan cosas, ojo con esta denominación. Una de ellas fue la llegada de Thygen – Chus para los locales y amigos – Benned desde Copenhague, Dinamarca. Majísimo el tipo oigan, derrocha buen humor y simpatía. Esto se nota en sus vinos, sin ir más lejos Puesta en Chus. Juego de palabras con la uva Puesta en Cruz típica de Zamora y Salamanca. Maceración cortita de 12 días y paso por barrica de 10 meses. Vino de color dorado y marcado carácter afrutado. Melocotoncitos maduros, albaricoques y toque cítrico. Vino de capas que se van sucediendo en boca, pero de las agradables y alejada de complejidades u oxidaciones.
- Dédalo Pieles de Federico Lucendo. Otro superventas allá donde lo ves; un vino que suele gustar mucho, y con razón. Airén manchega, en este caso en Quero, Toledo. Ojo que aquí estamos ante arquitectura técnica viejuna: cuatro tinajas de 2000 lt – con más de 300 años - enterradas bajo tierra y, luego, tinajas de 8000 lt en bodega. Mitad bajo tierra, mitad en bodega. Tras cuatro meses, pasa a barrica de roble francés durante 15 meses. Vamos, que está cuidado al máximo. Vuelve el perfil fluido con notas florales, pero en boca se muestra goloso: fruta de hueso que casi toca el orejón. Después asoma un toque tánico y un final semi amargoso que cierra muy bien la sensación. Normal que funcione tanto.
- Luminescence de Domaine Lampyres. Reciente descubrimiento lo de esta bodega. François Xavier Dauré es la cuarta generación de viñadores en la familia, viñadores afincados en el Valle del Agly en el Rosellón. Aunque este, en vez de vender la uva a la cooperativa, inició el camino de la elaboración propia. Su camino pasó por trabajar en varias bodegas, recalando con Tom Lubbe de Domaine Matassa – one of the greats – apoyándose en los vinos de mínima intervención. Luminiscence es un Orange de Moscatel de grano menudo y Moscatel de Alejandría. Una virguería de vino que te deja clavado. Evidentemente el varietal nunca olvida quién es; en este caso, la moscatel en nariz se nota. Pero la boca es una pasada; en líneas generales, los vinos de François Xavier suelen marcar el terruño. Este vino es mineral, con paso graso, glicérico y a la vez fluido. Abandona el cuerpo frutal y nos da frescura, con notas cítricas que mueren en un punto salino. Lo dicho, una grata sorpresa el trabajo de este elaborador.