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Despensa

El viñedo catalán, en un momento de explendor: el mapa de la excelencia vitivinícola

Seis bodegas demuestran que el reconocimiento (+ 95 puntos) otorgado por el reputado Master of Wine británico Tim Atkin no responde a modas pasajeras, sino que es un merecido premio a la constancia y a la búsqueda de la excepcionalidad

7 minutos

Un viñedo en una imagen de archivo

El viñedo catalán atraviesa un momento de esplendor interpretativo donde la madurez técnica se funde con un respeto reverencial por el paisaje. La mirada de prescriptores internacionales como Tim Atkin ha sabido captar la emoción de una hornada de viticultores que no buscan la estridencia, sino la identidad del paisaje reflejada en la copa.

Una cartografía del vino de alta gama definido por la autenticidad, la recuperación varietal y una audaz pureza interpretativa trazada a través de seis proyectos excepcionales repartidos por todo el territorio.

Desde la frescura de los espumosos del Penedès hasta la austera mineralidad de las cariñenas de pizarra del Priorat o el Empordà, pasando por la pureza indómita de las garnachas de la Terra Alta, el hilo conductor sigue siendo el mismo: vinos sinceros, enraizados y de indiscutible personalidad. 

Parés Baltà (Penedès). “Vinos que son de terruño y con personalidad” 

Desde Pacs del Penedès, la enóloga Marta Casas dirige una transformación conceptual cimentada sobre cinco fincas en la comarca del Penedès que escalan desde el Garraf hasta los 800 metros de altitud. Con certificaciones ecológica y biodinámica Demeter firmemente asentadas, la bodega concibe el viñedo como un organismo vivo en profunda conexión con la naturaleza. "Todo nuestro viñedo está trabajado de esta forma tan especial que tiene que ver con dar vida al suelo, a las plantas para que nuestros vinos tengan una vitalidad diferente que no tienen otros", cuenta Marta a Hule y Mantel. 

Son vinos de mínima intervención, sin sulfitos añadidos, sin filtrar y fermentados en algunos casos en ánforas modeladas con arcilla extraída de sus propias fincas. Es el caso de Amphora Brisat 2022, un blanco 100% xarel-lo y uno de los vinos seleccionados por Atkin-.

Y es que más de dos décadas lleva Parés Baltá reivindicando, y abanderando, la versatilidad de la xarel·lo con referencias de culto como Electio 2023, elaborado con cepas centenarias y fermentado en barrica. El podium Atkin se completa con la garnacha del abuelo recuperada para el Hisenda Miret 2023; y las audaces apuestas por variedades rescatadas como la moneu (una uva tinta ancestral) del Natiu Moneu 2023 –un vino de mínima intervención–; y la cariñena blanca muy típica del norte de Catalunya para su magnético Satèl·lit 2023. Como dice Marta Casas: “Hacemos vinos tranquilos y vinos espumosos que son de terruño y con personalidad”.

Marta Casas de Parés Baltà. Vinos que son de terruño y con personalidad / Yolanda Cardo

Celler Vall Llach (Priorat): el compromiso social de dos abstemios

"Vall Llach es una bodega un poco extraña porque fue fundada por dos abstemios, uno era mi padre que era notario, el otro su amigo de la infancia Lluís Llach", nos cuenta Albert Costa, actual propietario. Ubicada en Porrera, Vall Llach nació en los años noventa como una hermosa utopía de carácter social, impulsada por el célebre cantautor Lluís Llach y el notario Enric Costa, destinada a dinamizar económicamente una de las comarcas más desfavorecidas de Catalunya mediante una decidida revalorización del precio de la uva en la comarca.

“Cuando nosotros llegamos el precio de la uva en el Priorat era de unos 20 céntimos de euro el kilo. En el 96 mi padre y Lluís la incrementaron a 3 euros. Fue una pequeña revolución social y económica muy importante en la comarca”. Hoy, bajo la dirección enológica de Albert, la segunda generación consolida esa vocación humana transformándola en una magistral pirámide de clasificación territorial inspirada en los prestigiosos modelos de Borgoña. 

Esta ordenación minuciosa permite embotellar parcelas singulares de forma aislada, facilitando una expresión más nítida de la viña vieja del Priorat. Sus grandes hitos, aclamados por Atkin, incluyen el Grand Cru Mas de la Rosa Gran Vinya 2024; y el soberbio Horta-Colomer Vi de Paratge 2025, un blanco de enorme profundidad, elaborado con cariñena blanca, que demuestra que el Priorat atesora una dimensión de blancos finos capaces de competir en la escena mundial. 

Albert Costa de Celler Vall Llach. La bodega fue fundada por dos abstemios / Yolanda Cardo

Cavas Miquel Pons (Penedès): custodios de la burbuja premium

Con un arraigo vitícola en el Penedès que se remonta a principios del siglo XIX, Miquel Pons representa la sexta generación de una estirpe comprometida con el cuidado escrupuloso de noventa hectáreas de cultivo ecológico y regenerativo. La bodega persigue plasmar el carácter indómito de las cepas del Penedés, trabajando exclusivamente con viñedos de entre 35 y 90 años.

En el proceso de elaboración, la prioridad radica en preservar toda esa identidad única del terroir a través de un riguroso protocolo de vinificación que descarta la congelación del cuello de la botella en el degüelle, previniendo así fuertes contrastes térmicos y salvaguardando la integridad de sus aromas. "Nuestra filosofía es muy clara: La viña es lo más importante. Preservar el patrimonio vitícola que tenemos y ponerlo en valor", mantiene Pons. 

El fruto de esta exigencia se plasma en el Miquel Pons Xarel-lo 2022, procedente de la icónica parcela Cal Escudé: doce hectáreas de viñedos muy antiguos enraizados en “un terruño muy especial” de arcilla degradada, muy fina y de bajísimo rendimiento que aporta “salinidad y frescor. Esta filosofía marca de la casa rige también la elaboración del excelso Montargull Crianza en Corcho 2022, un espumoso de limitadísima producción, de segunda fermentación en tapón de corcho, encumbrado por Tom Hudson —mano derecha de Atkin para espumosos— como el mejor vino espumoso súper premium de Catalunya durante los años 2025 y 2026. 

Miquel Pons de Cavas Miquel Pons. La viña es lo más importante / Yolanda Cardo

Vinyes d'Olivardots (Alt Empordà): el paisaje en cada botella

Licenciada en Ciencias Químicas, Carme Casacuberta regresó con 40 años a las aulas para graduarse en enología porque necesitaba “conectar con la tierra” y de paso dar forma a un sueño familiar compartido. “Mi marido y yo éramos unos grandes amantes del vino y siempre soñamos con elaborar uno propio”, explica a Hule y Mantel.

Así nació Vinyes d’Olivardots, un proyecto hoy consolidado junto a su hija Carlota en el Alt Empordà que rinde tributo a un paisaje fronterizo moldeado entre el mar y la montaña de Capmany. Atraídas por la riqueza de paisajes y de suelos y convencidas del potencial de las cariñenas viejas, tradicionalmente relegadas a mero elemento de mezcla, madre e hija han edificado una bodega fundamentada en la viticultura biodinámica estricta y en una vanguardista aplicación de la fitoterapia para el cuidado de sus quince hectáreas de viñedos. 

Los vinos seleccionados por el experto británico “son la representación de estas cariñenas tan interesante que buscaba”. Su aclamada colección Varietals de Terrer disecciona el terroir ampurdanés a través de microvinificaciones parcelarias sobre suelos aluviales, graníticos y pizarrosos. Con puntuaciones de 95 y 96 puntos Atkin, sobresalen el monovarietal de cariñena de pizarra Vd’01; la cariñena blanca centenaria Vd’06; y el delicado e innovador tinto Ethèric 2021, concebido por Carlota mediante fermentación con raspón en barrica abierta. 

Carme y Carlota de Vinyes d'Olivardots. El paisaje ampurdanés en la botella / Yolanda Cardo

Sandra Doix Celler (Priorat): el vino en el ADN 

Sandra Doix encarna la continuidad de la tradición vitivinícola de Poboleda a través de un proyecto íntimo fundado en 2019. Pero su historia se remonta y se sustenta en la figura de su tatarabuelo, quien tras el devastador paso de la filoxera replantó en 1902 el viñedo más icónico de la bodega, 100% cariñena. Como enóloga y propietaria, Sandra asume la elaboración de vinos no como un mero oficio, sino como la custodia de un preciado legado transmitido por los suyos que le otorga una comprensión intuitiva y visceral de su propio terruño.

“Es un tema pasional, de amar el trabajo que hacemos. Una pasión que ha sido transmitida de generación en generación. Esto no se enseña en ninguna escuela, sino que se hereda", afirma. 

El leitmotiv de la bodega se fundamenta en trabajar las variedades autóctonas, como la cariñena tinta y la garnacha, ambas mayoritarias de la zona, pero también la macabeo y como curiosidad, dice, ha explorado la pedro ximénez. Su gran estandarte es MarLa Vi de Paratge Carinyena 2021, un tinto suntuoso nacido de las cepas centenarias de su tatarabuelo, y bautizado así como homenaje a sus hijas Martina y Laia. Una forma de conectar y transmitir el apasionante legado de este terruño a la sexta generación de esta saga enamorada del Priorat.

Sandra Doix. Esto no se enseña en ninguna escuela sino que se hereda / Yolanda Cardo

Edetària (Terra Alta): "Vinos puros sin maquillaje”

En el corazón de la Terra Alta, Joan Àngel Lliberia, ingeniero agrónomo y alma de la bodega familiar, abandera la sublimación de la garnacha blanca, variedad que encuentra allí su hábitat natural. No es casualidad que 1/3 de la garnacha blanca mundial crezca en estas tierras.

Desafiando un clima severo, la planta hunde sus raíces bajo una variedad de terruños confiriendo a cada viña un carácter propio. Una potencia estructural que la bodega compensa protegiendo con celo el racimo del sol directo. “Mi abuelo hacía vinos rancios. Nosotros hacemos vinos con una cierta estructura pero con un tema clarísimo que es la elegancia, la mineralidad, la salinidad. Nuestro objetivo es intentar hacer vinos puros, sin maquillaje”. 

Esta depuración artesana de Edetària se materializa en joyas valoradas con hasta 96 puntos Atkin, como La Terrenal 2022, fruto de tres microparcelas de viñedos de más de 60 años; y Lassot 2023 elaborado con garnacha peluda de más de 60 años. “Un experimento que hemos querido hacer intentando llevar la uva a su máxima madurez para obtener una fruta más pura, pero fermentada después a muy baja temperatura para mantener esa fruta. Y la crianza, cero maquillaje, es en un ánfora de gres –que prácticamente no interviene ni en el vino ni en la uva– pero que sí le otorga un toque de micro oxigenación que le proporcionará una evolución y una finura en boca extraordinarias”.

Joan Àngel Lliberia de Edetària. Vinos puros sin maquillaje / Yolanda Cardo