A veces, la realidad supera a la ficción, y en el caso de Bodegas Más Que Vinos, el guion parece escrito por un buscador de tesoros enológicos. No es habitual que un vino de 9,50 euros, nacido en la sobria y extrema Meseta de Ocaña (Toledo), termine compartiendo plano con Leonardo DiCaprio en una de las películas más celebradas del año. Pero así ha sido: el tinto Los Conejos Malditos se ha convertido en el inesperado embajador del terruño manchego en Hollywood.
Un cameo de 13 nominaciones al Oscar
La película en cuestión es The Battle of Baktan Cross, traducida en nuestro país como Una batalla tras otra, disponible desde el pasado mes de diciembre en HBO Max. Y su director no es otro que el estadounidense Paul Thomas Anderson, responsable de otros remarcables títulos como Boogie Nights, Magnolia o Licorice Pizza.
El filme no es un estreno cualquiera; la crítica lo sitúa como el gran contendiente de la temporada de premios y, tras arrasar en los Globos de Oro, llega con grandes perspectivas a la próxima gala de los Premios Oscar, que se celebrará el 15 de marzo, donde se podría entrar en el selecto grupo de las películas más laureadas de todos los tiempos.
Algo probable, ya que cuenta con 13 nominaciones, entre ellas a Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Actor Protagonista para Leonardo DiCaprio, pero también Mejores Actores y Actriz de Reparto, para Sean Penn, Benicio del Toro y Teyana Taylor, o Mejor Guion Adaptado.
La película, una comedia negra basada en la novela Vineland (1990) de Thomas Pynchon, relata la historia de un exrevolucionario que, tras años apartado de la lucha, se ve obligado a volver a la acción cuando su hija es secuestrada, viéndose obligado a enfrentar a viejos enemigos del pasado en un ambiente cargado de tensión política, racismo y violencia militar.
La venganza (líquida) contra los conejos
En una de las secuencias finales, DiCaprio, quien interpreta a ese excéntrico exrevolucionario, aparece disfrutando de una copa de este tempranillo español. La elección no parece azarosa. El cine de Anderson, conocido por cuidar cada detalle escenográfico, suele retratar personajes con capas, y Los Conejos Malditos es, precisamente, un vino con mucha historia detrás.

El nombre del vino es una declaración de intenciones y una lección de resiliencia agrícola. Las uvas proceden de viñedos que, año tras año, sufrían la voracidad de los conejos de la zona. En lugar de combatir a la fauna con métodos agresivos, los enólogos de la bodega, Margarita Madrigal, Alexandra Schmedes y Gonzalo Rodríguez, decidieron abrazar esa "maldición".
La lógica era puramente vitivinícola: al comerse parte de los brotes, los conejos realizaban una "poda natural" que resultaba en una producción bajísima pero de una calidad excepcional. Lo que era un problema de rendimiento se convirtió en un tinto vibrante.
Para rematar la identidad del vino, contaron con el caricaturista estadounidense Dustin Harbin, quien diseñó una etiqueta que hoy es un icono de la bodega y que, seguramente, llamó la atención de los localizadores de arte en Hollywood.
Más Que Vinos: un proyecto de tres amigos en Toledo
Para entender cómo este vino ha llegado tan lejos, hay que mirar hacia atrás, concretamente a 1999. Los tres fundadores no eran recién llegados; se conocieron asesorando a algunas de las casas más prestigiosas de España, como Remírez de Ganuza, Valduero o Alvear. Decidieron unir fuerzas en Dosbarrios, el pueblo natal de Gonzalo, para reivindicar el potencial de la zona de Toledo, a menudo eclipsada por otras denominaciones.

La bodega trabaja a 750 metros de altitud, en un clima continental extremo donde las cepas viejas de cencibel (tempranillo), malvar y airén sobreviven sin riego. Su compromiso con el entorno no es solo marketing: cuentan con la certificación Sustainable Wineries for Climate Protection (SWfCP) y emplean métodos tradicionales, como la fermentación en tinajas de arcilla y ánforas de cemento, combinadas con una visión técnica impecable.
A qué sabe y cuánto cuesta el vino que bebe DiCaprio
En su nota de cata, Los Conejos Malditos explica que no busca la opulencia de la madera, sino la frescura de la fruta. Es un tempranillo elaborado mediante fermentación carbónica, una técnica que resalta los aromas primarios.
Su color es cereza profundo con ribetes violáceos, muy vivo; en nariz, es una explosión de cereza negra y violetas, con una mineralidad calcárea muy marcada, propia de los suelos de la Meseta de Ocaña; y en boca, es un vino jugoso, directo y con un punto rebelde. Se bebe con facilidad, pero tiene estructura suficiente para sostener una conversación (o una escena de cine).
Lo más disruptivo de esta aparición cinematográfica es el precio. En un mundo, el del vino y el cine, donde imperan las etiquetas de cientos de euros y los patrocinios de lujo, que DiCaprio sostenga un vino de 9,50 euros refuerza la tendencia de los "vinos honestos". Es un triunfo para la viticultura orgánica y para esas pequeñas bodegas que, como Más Que Vinos, han demostrado que el lujo está en la historia que se cuenta al descorchar la botella.

