Loading...

Actualidad

El "seguro de vida" del olivar: sus semillas ya están en el banco mundial de Svalbard, en el Ártico

La Universidad de Córdoba envía 50 variedades estratégicas al banco de semillas de Noruega para proteger el patrimonio genético del olivo ante el cambio climático y otras amenazas

4 minutos

Pablo Morillo y Conchi Muñoz, de la Universidad de Córdoba, preparan el envío de semillas de olivar al Banco Mundial de Semillas de Svalbard / Cedida

El Banco Mundial de Semillas de Svalbard, en Noruega, es un edificio excavado en una montaña del archipiélago ártico, con más de mil metros cuadrados de superficie, cuya función es guardar semillas de diferentes especies de cultivo, destinadas a la alimentación, para salvaguardar su biodiversidad en caso de una catástrofe. Funciona como un banco de seguridad con la diferencia de que su temperatura se cuenta por debajo de los 0º C: alcanza los -18º C. 

Estos días, el banco noruego es noticia porque, desde el pasado 27 de febrero, alberga, por primera vez, semillas de olivo procedentes de España. Un hecho histórico. El material parte de la Universidad de Córdoba. Sus instalaciones alojan, en el Campus de Rabanales, el Banco Mundial de Germoplasma del Olivo, una colección de árboles vivos, con más de 700 variedades de 26 países distribuidas en ocho hectáreas.

Pablo Morillo y Conchi Muñoz, de la Universidad de Córdoba, haciendo trabajo de campo / Cedida

“La idea de ir a Svalbard surgió en un proyecto europeo llamado Gen4Olive, centrado en la conservación de los recursos genéticos del olivo y en la valorización de las variedades existentes”, nos explica Pablo Morello Parra, investigador y técnico del Departamento de Agronomía de la Universidad de Córdoba, responsable del Banco Mundial de Germoplasma del Olivo.

El proyecto citado, Gen4Olive, fue coordinado por la Universidad de Córdoba entre 2021 y 2025 dentro del programa europeo Horizon 2020. Según detalla Hristofor Miho, investigador y responsable de la gestión y ejecución del proyecto, el objetivo principal ha sido “caracterizar y analizar unas 600 variedades de olivo existentes en el mundo, en colaboración con bancos de germoplasma internacionales de países como Italia, Grecia o Turquía”.

Los estudios abordaron aspectos agronómicos clave como la productividad, la calidad del aceite, el perfil de ácidos grasos, el contenido fenólico o la resistencia a plagas, enfermedades y sequía. Toda esa información se ha volcado en una base de datos pública para facilitar su uso por parte de investigadores y agricultores.

Una selección estratégica de variedades de olivo

De la colección de 700 variedades de olivo cultivado que alberga la Universidad de Córdoba, se han seleccionado las más relevantes a escala mundial. Proceden de 16 países y destacan por su alta producción, elevado rendimiento graso, calidad del aceite o aptitud para aceituna de mesa. “Se han enviado semillas porque el olivo cultivado se multiplica de manera vegetativa, por esquejes, y con la tecnología actual no es viable conservar yemas a muy largo plazo”, aclara Morello.

Pablo Morillo y Conchi Muñoz, de la Universidad de Córdoba, seleccionan semillas / Cedida

Y añade: “Son semillas que representan la variabilidad genética del olivo cultivado. Si en un futuro se produjera una catástrofe, al germinar darían lugar a nuevos genotipos con buenas características agronómicas”. 

En este proyecto también ha colaborado la Universidad de Granada. “Son especialistas en olivos silvestres. Hicieron una prospección y un estudio en diferentes lugares donde estos árboles no estaban bien caracterizados: no se sabía de qué especie eran o cuáles eran resistentes a la sequía”, completa Hristofor Miho.

El material genético aportado por la Universidad de Granada procede, exclusivamente, de España, concretamente de Almería y las Islas Canarias, dado que la recogida de material silvestre de otros países es más complicada. De todas las variedades contempladas, fueron 50 las finalmente seleccionadas para viajar al Ártico

Ciencia, diplomacia y logística

El proceso ha requerido años de trabajo científico y coordinación institucional. Durante la investigación, las semillas fueron sometidas a ensayos de conservación a -20º C para comprobar su viabilidad. “Hemos verificado que, tras el almacenamiento en frío, la semilla sigue siendo capaz de germinar”, subraya Miho.

La operación ha implicado, además, la colaboración de organismos internacionales como la Food and Agriculture Organization (FAO) y el Consejo Oleícola Internacional (COI) así como el Ministerio de Agricultura español y el Centro de Recursos Fitogenéticos, encargado de centralizar los depósitos nacionales.

Semillas de olivo listas para enviar al Banco Mundial de Semillas de Svalbard / Cedida

“Todo lo que se envía a Svalbard necesita unos requerimientos. El etiquetaje debe seguir unos parámetros, el embalaje tiene que ser de un determinado material para que resista las condiciones de conservación y tiempo en las cámaras, las cajas donde van las bolsas de semillas necesitan un tamaño y material específico... Y, luego, lo que se envía a Noruega tiene que tener una réplica en España”, afirma Morello.

La entrega, inicialmente prevista días antes, tuvo que retrasarse hasta el pasado viernes, 27 de febrero, por la cancelación de vuelos debido al temporal. Pablo Morello y Hristofor Miho se desplazaron personalmente a Svalbard para realizar en directo el depósito en la bóveda ártica.

Un seguro para el futuro

La selección de variedades también ha buscado preservar el perfil gastronómico de los aceites. “Hemos tenido en cuenta aspectos como el contenido fenólico, el rendimiento graso o el perfil de los ácidos grasos para que representaran la máxima diversidad del aceite, tanto en términos de producción como en características organolépticas y nutricionales”. 

El objetivo último es actuar como póliza de seguro frente a amenazas crecientes como nuevas enfermedades, plagas emergentes o el impacto del cambio climático. En caso extremo, las semillas custodiadas en el Ártico permitirían recuperar material genético clave para reconstituir el cultivo.

Así, el olivo —árbol que ha acompañado durante siglos a las civilizaciones mediterráneas— suma ahora un nuevo capítulo en su historia: el de su preservación en el corazón helado del planeta, como garantía de futuro para uno de los cultivos más emblemáticos.