Finques de L'Olivera: uno de los mejores aceites de oliva catalanes

Profundizamos en el aceite Finques, reconocido en 2024 con el premio al Mejor Aceite de Oliva Virgen Extra en la primera edición de la Nit de l’Oli, otorgado por el Departamento de Agricultura, Ramadería, Pesca y Alimentación de la Generalitat

El aceite Finques de L'Olivera, producido en Lleida
El aceite Finques de L'Olivera, producido en Lleida

Aunque Andalucía produce el 80% del aceite de oliva virgen extra que se fabrica en España, hay verdaderos tesoros escondidos en otras comunidades autónomas. En tierras catalanas puedes degustar joyas como el aceite Finques de L'Olivera, una preciada grasa saludable mediterránea que resultó multipremiada a finales de 2024. En la primera edición de la Nit de l’Oli, se hizo con los galardones a mejor aceite frutado verde, mejor monovarietal de arbequina y mejor producción ecológica. También se alzó con la medalla más importante: el premio al Mejor Aceite de Oliva Virgen Extra.

¿Qué tiene de especial este oro líquido, también reconocido como el mejor aceite de arbequina en la Guía Evooleum 2026? Pau Moragas, responsable de producción, explica algunas de las claves de este proyecto cooperativo, que nació en el año 1974 en Vallbona de les Monges, en la Catalunya interior de secano.

Bajo la batuta del padre escolapio Josep Maria Segura se creó hace medio siglo una comunidad de trabajo inclusiva, que integraba a personas con discapacidad y dificultades sociales, apostando por el movimiento neorrural y el producto de proximidad. “Con la uva y la aceituna como materias primas, completamos un proceso circular que abarca todas las fases y finaliza en un producto propio con nombres y apellidos”, explica Pau. 

Colinas abancaladas a 600 metros de altura

“Con una cultura de los márgenes, desde el rural y desde la diversidad, hacemos vinos y aceites muy buenos, y a precios accesibles”, anota. Detalla que esta cooperativa aplica los criterios de la agricultura ecológica, pone a las personas en el centro y se alinea con los principios de la economía social y solidaria.

“Dado que los olivos crecen en unos paisajes muy inclinados, adaptamos la ingeniería ancestral del abancalamiento”, señala. Esta antigua técnica consiste en preparar superficies horizontales en terrenos de fuertes pendientes —de más del 30%—, sostenidas por una pared o talud para poder ejecutar labores agrícolas. 

Aceitunas de Finques de L'Olivera, en Cuenca
Aceitunas de Finques de L'Olivera, en Cuenca

“Elaboramos 15 vinos diferentes de variedades históricas desde 1989, y en 2004 empezamos con el aceite, construyendo una pequeña almazara”. A una altitud de entre 500 y 700 metros en el límite oriental de la Cuenca del Ebro se gesta su Finques, uno de sus aceites 100% arbequina. “Es una variedad aromática y suave que suele gustar a todo el mundo”. Mantienen el trabajo manual en la viña y los olivos, y cada una de las botellas se etiqueta y se numera a mano.

“Hacemos una agricultura de montaña casi heroica”, afirma Pau Moragas. Dado que su productividad es tres veces inferior a su vecinos por las particularidades de la orografía y la recolección de la aceituna, afirma que “no solo es un aceite, sino una manera de luchar y un posicionamiento del consumidor, como cuando compra el queso artesano de una aldea gallega o de un productor de Pirineo, o carne de trashumancia en lugar de la industrial”, apunta.

“Llenando nuestra cesta de la compra, escogemos los paisajes que queremos ver”, afirma. Detrás de su elaboración hay dinamización de la montaña, prevención de los incendios, fijación de la población —el pueblo tiene 80 habitantes—, herencia agraria e inclusión social. “Cuando recibimos el premio había personas de cuatro continentes en nuestro equipo celebrándolo”, se enorgullece.

Un aceite intenso y expresivo

Sus creadores definen a Finques como un aceite intenso que “busca la expresión máxima de la variedad arbequina”. 

Es rico en ácido oleico, antioxidantes y polifenoles, tiene un sabor intenso y aromático —”afrutado, con toques de hierba, almendra tierna y nuez”—., y brilla por su equilibrio entre notas amargas y ligeramente picantes. Las aceitunas se cosechan en octubre, y en cajas pequeñas —entre 11 y 13 kilos—, por lo que llegan sumamente frescas a la elaboración. E

l batido de las olivas —la molienda se ejecuta con un molino de martillos de tecnología toscana— es rápido, vertical y a baja temperatura, puesto que es un aceite de extracción en frío. Su producción es pequeña. “Envasamos unas 5.000 o 6.000 botellas, lo que equivale a 2.500 y 4.000 litros cada temporada”, anota el responsable de producción. Creemos en un precio justo de los alimentos", apostilla. Medio litro de este aceite arbequina de secano ecológica cuesta 16,95 euros.

Pau Moragas recomienda degustarlo en crudo. “Con un buen pan de masa madre, como el gallego, o para rematar una buena cazuela de verdura, pescado al vapor, o carne a la brasa, ya que aporta un suave punto amargo y picante”. Invita a visitar Can Calopa, una masía situada en el Parque Natural de Collserola, donde han recuperado la viña y preparan el único vino de la ciudad de Barcelona. También ultiman el lanzamiento de un nuevo aceite en colaboración con la cooperativa La Granadella, de la que ya son viejos amigos.

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