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Listo para comer: cómo elegir opciones saludables de esta tendencia al alza

El boom de platos preparados abre nuevas cuestiones: ¿cómo afecta esta tendencia a nuestros hábitos y a nuestra salud? ¿Existe una forma saludable de consumir estos platos?

Laia Shamirian, escritora gastronómica. Hule y Mantel

Periodista gastronómica, nutricionista y bióloga

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Comida preparada en un supermercado / Canva
Comida preparada en un supermercado / Canva

Platos preparados, microondas, y mesas convenientemente instaladas. Los ‘mercarestaurantes’ son ya una realidad consolidada en nuestro país. Estos espacios dispuestos en los supermercados permiten detenerse a consumir elaboraciones pre-cocinadas de todo tipo: desde lasañas hasta una crema de verduras a precio de fábrica.

Cada día más personas consideran que, más allá de un lugar oportuno para descansar tras hacer la compra, es también una ubicación a la que dirigirse intencionalmente para compartir una comida con amigos por poco dinero.

En el mundo hostelero, los ‘mercarestaurantes’ se contemplan ya como una competencia directa del menú del día. Lo que lleva a preguntarnos, ¿qué tan buena es esta opción para la salud? ¿Qué aportan y qué restan este tipo de espacios en nuestra vida y nuestra mesa? ¿Existe alguna posibilidad de incluirlos en nuestro día a día de formas más saludables? Nos lo explican a continuación Jessica Hierro y Júlia Castillo, dos dietistas-nutricionistas del área de Barcelona.

¿Son los mercarestaurantes buenos para la salud? 

Las recomendaciones generales para una alimentación saludable es una base variada llena de ingredientes de buena calidad. Incluye raciones diarias de fruta y hortalizas frescas, fuentes de calidad de proteína como pollo, pescado y huevos, así como arroz integral, quinoa o patata y legumbres como fuentes completas de hidratos de carbono.

El seguimiento de este patrón dietético va unido estrechamente al tiempo: un factor necesario para comprar producto fresco y cocinarlo. Jessica Hierro observa entre sus pacientes con menos tiempo y/o menos apetencia por la cocina o quiénes prácticamente no paran en casa, que están encontrando en los ‘mercarestaurantes’ una opción intermedia, no la más saludable sino una posibilidad de mayor calidad que el uso continuado del fast food o la comida a domicilio.

"Los mercarestaurantes pueden ser una alternativa hacia una alimentación más cuidada porque ofrecen una mayor variedad: puede haber un cocido con legumbres o una crema de verduras ya elaborada, un hummus o una ensalada completa. Es decir, la presencia de verduras y hortalizas en estas opciones aumentan en comparación a fast food y a domicilio", explica Hierro.

Ahora bien, además de recalcar que ‘mercarestaurantes’ y platos preparados no sustituyen en ningún caso la verdadera alimentación saludable, y deben ser una opción esporádica, la nutricionista también nos recuerda que "una de las partes menos favorables al optar por mercarestaurantes y platos pre cocinados es que nos alejamos de la tradición por comprar producto fresco, por cocinar, por hacer platos con sabor a casa, con sabor a tradición, y reducimos el acto de comer a comprar el producto, calentarlo y consumirlo".

Comida preparada en un supermercado / Canva
Comida preparada en un supermercado / Canva

Como superar el reto nutricional: platos ricos en sal y grasas

Además, los ‘mercarestaurantes’ no sólo ponen en juego la cultura de la mesa sino que sus efectos sobre nuestra salud varían mucho dependiendo de la lista de ingredientes y el tipo de cocción. 

Al respecto de los ingredientes, Júlia Castillo nos recuerda que es importante observar que estos platos preparados "no contengan nada añadido ni aditivos perjudiciales teniendo en cuenta que el primer ingrediente es el que está en mayor cantidad y que debería coincidir con el alimento principal del plato". Hierro nos indica que también es importante "priorizar los platos elaborados con aceite de oliva o aceite de oliva virgen extra frente a grasas de otro tipo como mantequilla, nata o aceite de girasol".

Añade que los productos procesados y ultraprocesados "suelen pecar de un alto contenido en sal porque lo hace más palatable y los hace menos saludables". Para evitar un exceso, nos recomienda un contenido en sal inferior a 1 g o 1,2 g de sal por 100 g. 

Castillo añade otro baremo de utilidad respecto al porcentaje de hidratos de carbono que provienen de los azúcares: "Lo ideal es que no supere los 5-6 g de azúcares por 100 g de producto, teniendo siempre en cuenta la cantidad total del producto que comemos, no es lo mismo 10g de producto de un aliño que 200 g de ración mínima". 

Platos preparados en una imagen de archivo / iStock
Platos preparados en una imagen de archivo / iStock

Tipo de preparación

En cuanto al tipo de preparación, Hierro afirma que hay que dar preferencia a preparaciones o platos que hayan sido horneados, cocinados al vapor, a la plancha y evitar de frituras o rebozados. En caso de platos combinados nos anima a explorar las opciones completas como platos de salmón con verduras y patata o ensaladas acompañadas de una buena fuente de proteína. 

Si bien las especialistas recomiendan que los ‘mercarestaurantes’ queden como una opción poco frecuente en nuestro día, por encima de todo nos recomiendan tener en cuenta el tipo de plato, dejando al máximo posible fuera de nuestra elección platos fritos como nuggets o tortillas y/o platos con exceso de sal y grasa como lasañas preparadas. 

Por otro lado, Castillo nos recuerda que no sólo es el contenido, también el continente. Evitar los platos preparados es evitar un exceso de envoltorios plásticos relacionados entre otros efectos con la disrupción hormonal. 

En conclusión, tanto por la composición de los platos, por el desplazamiento cultural de la cocina tradicional y el menor uso de los alimentos frescos, las nutricionistas concluyen que los ‘mercarestaurantes’ y el tipo de plato preparado que podemos consumir en él pueden ser una opción para consumir de forma esporádica. 

Teniendo en cuenta las recomendaciones anteriores, puede contribuir a diseñar un menú semanal que se nos complejiza en temporadas de gran carga de trabajo o estrés pero nunca debería desplazar a los productos frescos, a la cocina tradicional ni interponerse en la promoción de la cocina casera, por temporada, y variada con un equilibrio entre hortalizas, legumbres, frutas, pescados y carnes.