El Mercado de La Boqueria da un paso más y busca su reconocimiento como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, una distinción con la que pretende garantizar su continuidad como mercado histórico. No lo hace solo ya que, de momento, va de la mano con el Mercado de San Lorenzo (Florencia), con el que está hermanado desde hace años.
Hemos hablado con Jordi Mas, presidente de La Boqueria, para que nos dé algunos detalles sobre esta iniciativa inédita y sobre el futuro de un mercado que quiere volver a ser mucho más que un destino turístico.
Una candidatura de "activos inmateriales"
La propuesta viene de lejos y va para largo. Ya hace más de dos años, junto con el mercado italiano, se pusieron a trabajar sobre el devenir de los mercados históricos. "Tenemos proyectos comunes, tienen los mismos problemas y hemos creado un vínculo por el que vamos a por todas", nos cuenta Mas.
Presentar la mencionada candidatura a la UNESCO apareció entre sus objetivos y, para ello, en 2025 crearon una asociación, a la que también se sumó el Mercado de Nishiki (Kioto, Japón) ―la idea es que vayan entrando más mercados en el futuro―.
Los trámites administrativos para este proceso son complejos, y no entraremos en detalles, más allá de saber que este próximo 30 de marzo conocerán si la UNESCO les da el visto bueno para seguir adelante con la candidatura.
De momento, cuentan con todo el apoyo institucional del ministerio español, algo indispensable, y de figuras como el embajador permanente de España en la UNESCO, Miquel Iceta. Presentar la candidatura junto al mercado italiano también les abre más posibilidades, aunque Mas reconoce que no ha sido una estrategia pensada, sino fruto de esa hermandad que les une.
"Si la aceptan, en un periodo de dos años deberíamos saber si los mercados históricos son reconocidos como patrimonio inmaterial". Si no, pueden volver a intentarlo. Pero, hay un matiz importante que Mas insiste en destacar: "No buscamos que se reconozca el patrimonio inmobiliario, el espacio, sino la actividad. Lo que representa: mantener oficios, un legado, la trazabilidad del producto fresco...".
El reto del turismo y la supervivencia del paradista
¿Cómo se enfrenta todo esto cuando estamos ante un mercado que ha sucumbido a la turistificación y al que no van los barceloneses? ¿Cómo se pone en valor un patrimonio inmaterial que parece que el propio mercado está perdiendo?, le preguntamos a Mas.
"Siempre te responderé lo mismo: ¿qué es antes, el huevo o la gallina? Desde hace tres años estamos trabajando en este aspecto, para que la gente vuelva al mercado", expone. Y reconoce una realidad que no es exclusiva de Barcelona, que se reproduce en otros mercados y que acaba creando un círculo vicioso: el turista visita estos espacios, el local deja de acercarse a ellos, y, entonces, "¿cómo sobrevive el paradista?", se pregunta. La respuesta, lamentablemente, la sabemos: transformando su oferta.
"No podemos obligar al barcelonés a que vaya al mercado, pero sí debemos trabajar para facilitarlo y que nuestro argumento sea sólido y real". Entre esos argumentos está el de que el mercado acumula más de 100 años de historia, y que cuenta con muchas generaciones de profesionales que preservan este oficio. Unos valores que se defienden en la candidatura para la UNESCO.
"Son personas que te explicarán la venta de fruta, de carne, de lo que sea... con un conocimiento que difícilmente encontrarás en un supermercado. Porque el supermercado no habla; el mercado, sí. Y eso es lo que estamos defendiendo. Se llame Boqueria, se llame Sant Antoni, se llame Santa Caterina o se llame Ninot. La esencia del mercado es esta. Y sí que hay una realidad, no nos podemos engañar: si no los protegemos, acabarán muriendo. Esto es lo que defendemos, que no mueran".
El 'blindaje' del 40% de producto fresco
Si bien es cierto que esa tradición se mantiene en algunas paradas del mercado, no podemos negar que la gran presencia de burritos descontextualizados, de empanadas más propias de otras tierras, de todo tipo de frituras listas para comer, o de curiosos inventos como los burger tacos, no hacen más que seguir alejando al cliente local del mercado. Con lo fácil que sería dar cancha al recetario local...
En este sentido, Mas explica que "el año pasado firmamos un acuerdo de reforma del mercado —en colaboración con el Ayuntamiento— donde, explícitamente, el 40% de cada parada tendrá que vender producto fresco. Ese burrito tendrá que ocupar menos espacio porque, si no, le vendrá una sanción".
Pero insiste en algo clave: "Estamos trabajando para preservar el mercado tradicional, pero la gente les tiene que apoyar. Si continúan sin venir, tendremos un problema". El paradista quiere vender, es lógico.
Dicha normativa, según Mas, ya está aprobada y debería empezar a aplicarse durante este 2026, siempre dependiendo del Ayuntamiento, que parece más centrado en acelerar el proceso de finalización de las obras de La Rambla que la reforma de La Boqueria.
Una reforma para recuperar al cliente local
Y es que este plan estratégico no solo es normativo, sino también arquitectónico. La reforma prevista pretende cambiar la inercia de los flujos de visitantes, facilitando que el barcelonés pueda entrar y salir del mercado sin cruzar las aglomeraciones. Un paso más para conseguir que vuelva a este enclave histórico.
"Ahora solo hay una entrada al mercado que es la puerta principal —en La Rambla—. Nuestro objetivo es pensar en el residente local, que tenga también su entrada por la plaza de la Gardunya". Esta apertura hacia la plaza trasera pretende, además, que el mercado recupere la fuerza comercial en zonas que hoy están infrautilizadas o dedicadas exclusivamente a logística y obradores.
Más allá de la transformación de esta plaza, la reforma pactada implica, a grandes rasgos, otros hitos como el cambio del techo del mercado, la renovación de la 'isla del pescado' o la reconstrucción de los lavabos, que pasarán de estar en el sótano a la planta de calle.
El futuro del mercado como 'hub' gastronómico
De cara al futuro, los mercados históricos deben buscar un modelo de "hub" donde convivan la venta, la restauración de calidad y la formación. "Es lo propio de los tiempos de hoy, se tiene que vivir una experiencia gastronómica. En la Boquería hay once bares; tiene que haber cocina porque, en definitiva, no es otra cosa que cultura. Y también tiene que haber academia; nosotros tenemos el aula, la escuela... Un mercado debe ser mucho más que el propio mercado", recalca Mas.
Este enfoque incluye también la recuperación del sector primario dentro del mercado. Actualmente, La Boqueria cuenta solo con seis payeses en la plaza Sant Galdric, pero el objetivo es alcanzar los treinta. "Todo el mundo gastronómico, no solo las estrellas MIchelin, tiene que estar conectado con el mercado porque si no perdemos fuerza".
Así, la candidatura a la UNESCO y las reformas internas buscan asegurar que el mercado no pierda su "alma". "El producto y las personas que están trabajando dentro de ese mercado son sus protagonistas. Ver gente de oficio, no 'expendedores', sino personas que trabajan toda la cadena de valor y ponen en valor su producto, especialistas. Eso es lo que nos debe representar", concluye Mas.