Filoso: el nuevo bar de vinos, escabeches y brasas que se esconde en Camp de l’Arpa (Barcelona)

Abierto hace apenas tres meses, lo tiene todo para convertirse en el nuevo local de moda: una invitación (con precios ajustados) a alejarse de los circuitos masificados

Escritora gastronómica, docente y asesora

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Tobias y Maia, dueños del bar Filoso en Barcelona / ÒSCAR GIL COY
Tobias y Maia, dueños del bar Filoso en Barcelona / ÒSCAR GIL COY

Filoso es un bar. El tipo de bar en el que uno quiere estar. Abierto hace menos de tres meses en Camp de l’Arpa, ya se ha convertido en un referente para tomar unos vinos y comer rico en el barrio del Clot (Barcelona). La falta de pretensiones, los precios ajustados y sus carismáticos propietarios son la receta perfecta para dar vida al número 30 de la calle de la Nació.

RESTAURANTE FILOSO / ÒSCAR GIL COY
El bar Filoso en Camp de l'Arpa (Barcelona) / ÒSCAR GIL COY

Sus dueños, Maia y Tobias, se reparten las funciones entre sala y cocina. Es un proyecto abierto a pulso, sin inversiones externas, entre dos amigos que se conocieron trabajando en la cocina de un restaurante del grupo Tragaluz y decidieron atreverse a hacer algo propio. Conversamos mientras ellos se mueven sin parar tras la barra. Hay mucho que hacer.

Escabeches y una carta de temporada

Maia afila los cuchillos y confiesa que, después de años viajando y trabajando en cocinas de todo el mundo, un día dijo basta. “Estaba quemada. El ambiente en cocina, el machismo. Me dije: 'O monto algo mío o renuncio'”. Y lo hicieron posible mano a mano. Cogieron el traspaso de un bar anodino, se hicieron cargo de la reforma con la ayuda de la pareja de Tobias, arquitecta, y se dedicaron en tiempo récord a rascar paredes, elegir azulejos y dar carácter al espacio.

El calçot con romesco del bar Filoso (Barcelona) / ÒSCAR GIL COY
El calçot escabechado con romesco del bar Filoso (Barcelona) / ÒSCAR GIL COY

A cargo de la cocina, Maia hace magia en un espacio diminuto. Su apuesta por algo diferente la llevó a los escabeches. “Es original, tiene buena conservación y nos permite trabajar con desperdicio cero. Me desquicia tirar comida”, explica. Por unos seis euros, sus escabeches combinan sabor y tradición: el calçot a la brasa, escabechado y terminado con salsa romesco, y unas lentejas escabechadas que llegan al corazón de una comensal al recordarle a su padre, de origen judío.

Mientras habla, se mueve ágil entre la barra y las brasas, asando ahora unas berenjenas. La carta, de temporada, varía constantemente y le permite ser creativa. “No quiero cocinar siempre lo mismo, quiero divertirme en la cocina”, confiesa. Cada plato transmite personalidad y cuidado, y se nota que su trayectoria le permite hacer lo que parece imposible. Llevar ella sola la producción y el servicio.

Vinos naturales y cassettes

Tobias, por su parte, está a cargo de la sala y de los vinos, principalmente naturales. Cambia la carta cada semana y aspira a poder renunciar a ella algún día. Le gusta la idea del wine bar “con onda”: explicas cómo te gustan los vinos, pruebas un par de cosas y te dejas sorprender.

Maia se encarga de la cocina en el bar Filoso (Barcelona) / ÒSCAR GIL COY
Maia se encarga de la cocina en el bar Filoso (Barcelona) / ÒSCAR GIL COY

Se plantea también ser un radiocassette bar, donde los clientes puedan escuchar cassettes antiguos a modo de gramola, e incluso traer los suyos. Compartir, crear comunidad, sorprender: esa es su filosofía. En el poco tiempo que llevan abiertos, ya han organizado eventos con DJ y platos fuera de carta, demostrando que Filoso no es solo un lugar para comer, sino un espacio vivo y dinámico.

Sus platillos más celebrados incluyen el baba ganoush con berenjena ahumada y granada, el entrepan de cordero a baja temperatura con especias y el steak tartar con yema rellena de pimientos braseados. El postre más tentador: una torrija en su punto justo de dulzor, jugosa y ligeramente crujiente por fuera, con caramelo de maracuyá y helado de Paralel·lo Gelato. ¿Qué más se puede pedir?

Lejos de los barrios masificados

El término 'filoso' nació en el argot del tango de hace un siglo: evocaba el filo de una navaja y la peligrosidad de los bajos fondos porteños. En el español de Argentina —la tierra de Maia y Tobias— también nombra algo cotidiano: carácter, picardía, intensidad. Al comentar con ellos la elección del nombre, reconocen entre risas que fue la inteligencia artificial quien lo propuso. Y acertó. En una propuesta tan analógica —cassettes, velas hechas a mano con botellas de vino, la carta escrita en el espejo— sorprende que, por una vez, la IA haya tenido criterio.

El bar Filoso en Camp de l'Arpa (Barcelona) / ÒSCAR GIL COY
El bar Filoso en Camp de l'Arpa (Barcelona) / ÒSCAR GIL COY

En una Barcelona que parece perder el norte y premia lo homogéneo, da gusto ver nacer proyectos con personalidad. No todo está perdido. Vayan. Solos o acompañados. A la mesa o en barra. De día o de noche. Alejarse de los barrios más masificados permite asegurarse un rinconcito de sol para tomar el vermut, comer rico por un precio razonable y apoyar un proyecto con sentido, cuidado y alma.

Filoso no es solo un bar: es un lugar donde la pasión por la cocina, la atención al detalle y la conexión humana se encuentran. Entre risas, aromas y buena música, uno comprende que no hace falta complicarse para crear un espacio inolvidable. Solo hacen falta ganas, creatividad y mucha valentía. Casi nada. // Filoso Bar. c/de la Nació, 30-36, 08026 Barcelona. Tel.: 673 675 663.