Colmados latinos en Barcelona: las tiendas que dan sabor y arraigo a los barrios

Visitamos tres tiendas de barrio donde encontrar productos latinoamericanos auténticos, refugios para la comunidad latina y lugares de descubrimiento para curiosos locales

Escritora gastronómica, docente y asesora

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Interior del colmado latino Mercalatina en Sants (Barcelona) / GALA ESPÍN / Colmados latinos en Barcelona: las tiendas que dan sabor y arraigo a los barrios
Interior del colmado latino Mercalatina en Sants (Barcelona) / GALA ESPÍN / Colmados latinos en Barcelona: las tiendas que dan sabor y arraigo a los barrios

Entre los sinsabores de la migración, la soledad y la desconexión son los más comunes, pero hay un refugio que ayuda a los latinos en Barcelona: los colmados y tiendas latinoamericanas, donde pueden encontrar productos auténticos de su país.

La migración latina comparte aquí el idioma, pero no el lenguaje, ni las tradiciones, ni la manera de estar en el mundo. La sandía no es sandía, sino patilla; lo mismo el durazno, que para nosotros es melocotón. Más allá de la nomenclatura, algo que un extranjero extraña de su tierra es la comida.

Por lo que poder cocinar en la tierra de acogida con productos autóctonos marca la diferencia. Esto explica el creciente número de colmados latinos que en los últimos años han prosperado en Barcelona, ciudad con una población latinoamericana que supera los 300.000 habitantes.

El fenómeno cuenta con sus referentes: colmados abiertos hace más de 20 años, como el Colmado Afrolatino, en Via Laietana, con un gran surtido y variedad de productos, o Latin Bol, en la calle de Trafalgar, con un marcado acento boliviano. Ellos fueron precursores de una corriente ahora mucho más extendida. Lo latino, felizmente, está por todas partes, y en cada barrio encontramos uno de sus colmados.

Mercalatina, en Sants

En la zona de Sants entramos en Mercalatina (c/Creu Coberta, 96). La tienda está abarrotada un domingo por la tarde: suena la orquesta de La-33 —“Acabo de leer tu carta de despedida / Ay, en ella me decías / Que ya no vuelves más”— y hay fila frente a las neveritas de gaseosas. En la entrada, una pizarra dibujada con gracia muestra ejemplos de productos latinos: dulce de leche, tequeños, arepas y tortillas, salsas, mate, quesos latinos y refrescos.

Supermercados Latinos / GALA ESPÍN
Cristina, propietaria del colmado latino Mercalatina en Sants (Barcelona) / GALA ESPÍN

Los estantes se dividen con banderitas de colores de cada país, y las paredes están alegremente decoradas con un mural que celebra la diversidad cultural de América Latina. En el centro, el Cristo Redentor de Río; y rodeándolo, un moái, una llama, loros multicolores y flores tropicales, un Willys cargado de frutas y las mariposas amarillas que preceden la aparición de Mauricio Babilonia en Cien años de soledad, envolviéndolo todo. “Meme las vio, como si hubieran nacido de pronto en la luz, y el corazón le dio un vuelco”.

No hay duda de que en Mercalatina hay sello colombiano. Cristina, la propietaria del establecimiento, nos cuenta que abrieron apenas hace dos años y que la tienda, a pesar de todo el esfuerzo, está resultando ser un éxito. “Nos dicen los proveedores que somos el colmado latino más lindo de España”, dice orgullosa. Al principio les costó que los mismos proveedores trabajaran con ellos; no creyeron que en esa zona funcionara bien, pero el tiempo les ha dado la razón.

Supermercados Latinos / GALA ESPÍN
Interior del colmado latino Mercalatina en Sants (Barcelona) / GALA ESPÍN

Cristina lleva 20 años en España y, como migrante, pasó por toda clase de trabajos: entre ellos, fue encargada de otro colmado latino que cerró. Después de aquella experiencia decidió emprender y abrir su propia tienda. “Quiero que la gente, cuando entra a comprar, pueda transportarse por un momento a sus países, que encuentren un rincón de su tierra en nuestro colmado”. Y lo consiguen, no solo por la increíble variedad de productos que se encuentran (¡tienen Chocoramo!), la música y la decoración, sino por la gran amabilidad con la que le atienden a uno.

Fabián, uno de los tenderos, explica que principalmente los clientes son latinos o parejas de latinos. “A veces toca resolver dudas de qué ingredientes hacen falta para cierta receta”, y en Mercalatina, sin duda, encuentras de todo.

“Hoy día tenemos mucha variedad de productos, pero nada que ver con Estados Unidos. En Europa hay un problema de tratados; ojalá fuera mucho más sencillo”, explica de nuevo Cristina, y recuerda con emoción el día en que una chica casi se pone a llorar en la tienda al encontrar los productos de su país.

Latincor, en Sagrada Familia

Y es que en un colmado latino se suelen encontrar los productos más preciados de toda América Latina: arepas precocidas, tequeños, empanadas y tamales listos para calentar; harina PAN, la de yuca o la de maíz morado; frijoles negros, rojos o pintos; arroz jazmín o costeño; panela, dulce de leche, bocadillo veleño y alfajores...

Productos latinos en un colmado de Barcelona / GALA ESPÍN
Productos latinos en un colmado de Barcelona / GALA ESPÍN

Sin olvidar condimentos como el achiote, ají amarillo, chimichurri y el sazón Goya; refrescos como la Inca Kola, la Colombiana o el Guaraná Antarctica; cafés de origen, yerba mate, chocolate Corona y malta; quesos frescos latinoamericanos, chorizos, yuca, plátano macho, aguacate y guayaba; además de productos de limpieza como jabón Zote, champú Sedal y crema Nivea en lata azul.

Algunos de ellos los encontramos también entre la lotería número 35 de la calle Córcega y la Frutería Liv, en el sencillo colmado latino Latincor. El 'Superlatino' del barrio de Sagrada Familia destaca con un letrero azul y verde y un tubito multicolor horizontal como los brazaletes fluorescentes que se ponen los niños en las ferias. Alegría.

Es domingo a última hora de la tarde y de la tienda entran y salen solitarios compradores. Una se lleva tres bolsas de arepas congeladas, otro se despide abriendo su lata de cerveza cusqueña. Conversamos con Roberto, empleado en la tienda desde hace dos años, que nos cuenta que los productos más vendidos son la panela, los frijoles y el ají.

Supermercados Latinos / GALA ESPÍN
Entrada del supermercado Latincor en Sagrada Familia (Barcelona) / GALA ESPÍN

“Muchos españoles vienen a comprar ingredientes de la cocina peruana. Y cada cliente busca los productos imprescindibles de su país”. En este colmado, más sobrio, suena Soda Stereo. Cerati también habla de la soledad: “No quiero soñar mil veces las mismas cosas/Ni contemplarlas sabiamente/Quiero que me trates suavemente”.

¿Una lata de chipotle de tres litros ayuda a combatir la nostalgia? ¿Quizás un litro de salsa Valentina? Mejor un bote de dulce de leche de ocho kilos. En Latincor el espacio también está dividido por banderitas y, aunque hay menos reivindicación latina en su decoración, se encuentran igual las marcas referentes como América o Sabor y Sazón.

Colgadas del techo sobrevuelan unas camisetas de la selección de Colombia que forman parte de un sorteo para los seguidores de sus redes sociales. “Síguenos, deja tu opinión y reclama un premio”, sugiere el cartel. Hay comunidad.

Manjares, en Gràcia 

La evolución de colmado latino a tienda de barrio internacional tiene nombre propio en Barcelona y se llama Manjares. Ubicada en el barrio de Gràcia (c/Torrent de l'Olla, 146), abrió en el lejano año 2009 fruto del gran fenómeno migratorio de la época. Es una de las pioneras que, con el tiempo y la personalidad de su actual dueño, Pedro Mangini, ha evolucionado hacia algo mucho más orgánico.

Manjares / SIMÓN SÁNCHEZ
La tienda Manjares en el barrio de Gràcia (Barcelona) / SIMÓN SÁNCHEZ

“Barcelona es una ciudad cosmopolita, con el tiempo Manjares ha dejado de ser el lugar de la compra nostálgica para proponer una visión integradora de la gastronomía”, nos cuenta Magnini. Su punto de vista es humanista, sabe bien de lo que habla y lo hace con pasión, defiende su proyecto como un lugar sin fronteras. “Me gusta la identidad, pero no la diferencia que nos separa”.

De ahí su decisión de no dividir la tienda con las famosas banderitas de otros colmados. Además, ¿qué bandera le pondríamos al mate, al pisco o a las arepas? Es absurdo. La gastronomía va mucho más allá de fronteras geopolíticas.

Manjares / SIMÓN SÁNCHEZ
Detalle de una de las estanterías de la tienda Manjares en Gràcia (Barcelona) / SIMÓN SÁNCHEZ

Manjares es la exaltación de lo que entendemos por colmado, un espacio de inspiración gastronómica que cuenta con comida de todo el mundo y una carnicería argentina con producto y servicio de primera calidad. “El mercado está cambiando rápido. Ahora hay que especializarse mucho más y ofrecer un buen asesoramiento. Además, está la experiencia humana, nunca perdemos de vista que somos una tienda de barrio y que el trato personalizado es nuestro valor diferencial”.

Pedro nos cuenta feliz que el mayor halago que le pueden hacer a su tienda, es decir: “Vine a Manjares a buscar tal producto, me dijeron que si no lo encuentro aquí no lo encuentro en ninguna parte”. 

Visitados estos tres colmados, nos damos cuenta de que es común esa voluntad de generar arraigo, más allá de la fidelización del cliente. Cada una de estas tiendas es una suerte de cobijo para los latinos de la zona. Y si algún despistado local accede a ellos podrá viajar por un momento a unas tierras más cálidas, más coloridas; podrá improvisar una nueva receta con cilantro y ají y quién sabe, tal vez acabe enamorado, bajando a comprar garullas todas las mañanas y desayunando chocolate corona con huevos pericos mientras en la cocina suena Jairo Varela.