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Tradición e historia

El bollo maimón de Salamanca, el bizcocho sin levadura que resiste modas y generaciones

Cuál es el origen y cómo se elabora este bizcocho monumental, ligado a bodas y celebraciones de invierno y al recetario tradicional pastelero de Castilla y León

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Bollo maimón, un dulce típico de la zona de Salamanca / Turismo de Castilla y León

El bollo maimón es tradición y parece ir a contracorriente en tiempos de minimalismo gastronómico y pastelería fit o de la viral receta que puedes hacer sin leche, huevo ni harina. Porque hay dulces que sobreviven, sin hacer caso de modas, y ya prodigaban en el desierto con alguna de estas cualidades mucho antes de que lo viral tuviera significado propio. 

Originario de Salamanca, y que tiene como secreto el no llevar levadura, se trata de un bizcocho monumental, de aspecto humilde y alma festiva, que sigue apareciendo en las mesas de boda, las meriendas familiares y las celebraciones de invierno para asociarse con licores y tragos de envergadura. Su nombre suena casi a cuento, y su receta —tan sencilla como precisa— ha pasado de generación en generación con la solemnidad de un secreto bien guardado.

Este dulce, que recuerda vagamente a un roscón o a un bizcocho de aire antiguo, se distingue por su forma de anillo y por su elaboración sin dicha levadura. Aquí no hay atajos químicos ni mezclas instantáneas: el secreto está en el batido manual de los huevos y el azúcar, una tarea que antaño exigía paciencia, fuerza y un buen brazo repostero. Su textura esponjosa y su sabor delicado son la recompensa. 

Origen ritual y nombre misterioso

El bollo maimón no nació como un simple postre, sino como un símbolo ritual. En las bodas tradicionales salmantinas, era costumbre que las madrinas o las mujeres mayores del pueblo prepararan este bizcocho como ofrenda de prosperidad. Durante la ceremonia, se colocaba en el centro de la mesa nupcial, a menudo coronado con cintas o flores, y se compartía entre los invitados al final del banquete. El gesto tenía un valor simbólico: compartir el bollo era desear unión y abundancia a los recién casados

Además, cual reverencia, ante él se realiza el conocido como Baile de la Rosca, un baile tradicional Charro, que hacen los novios (o quien baile para ellos) alrededor del bollo, colocado en una mesa. Según cuenta el creador de contenido de @cocinandoconhistorias, Javier Iglesias, cuando finaliza el baile, que consta de cuatro partes, se corta el bollo y se “convida” con él a los asistentes, acompañándolo de chocolateaguardiente o vino.

Esta tarta siempre se acompaña de algo para beber, ya que es "un poco seco". Entre sus ingredientes, tan solo cuatro huevos, 150 gramos de harina (o Maicena), 100 gramos de azúcar, una cucharada de aguardiente y azúcar glass decorativo.

En cuanto al origen del término 'maimón' sigue siendo un pequeño misterio etimológico. Algunos investigadores lo vinculan con el árabe maimun, que significa “feliz” o “afortunado”, una palabra que encaja perfectamente con su función de pastel festivo. Otros creen que el nombre podría proceder de antiguos modismos castellanos o del propio gentilicio bejarano. Sea como sea, su raíz parece tener tanto de historia como de superstición.

Un bizcocho sin levadura (y con mucha técnica)

La magia del bollo maimón está en su aparente simplicidad. Sus escasos ingredientes se combinan, a veces, con un toque de ralladura de limón o un poco de canela. No necesita levadura, porque el aire que se incorpora durante el batido es el que da volumen y esponjosidad. La clave está en batir los huevos enteros durante al menos media hora, hasta que doblen o tripliquen su tamaño, algo que antiguamente se hacía a mano con varillas y mucha paciencia.

La masa se hornea en un molde de barro con un cilindro central, que le da su forma de corona. En algunos hogares, ese hueco central se rellena con un pañuelo o un papel para que mantenga la estructura. Al salir del horno, el bollo tiene un tono dorado, una miga ligera y un aroma que recuerda al bizcocho de las abuelas, sin artificios.

De postre nupcial a emblema de invierno

Aunque su origen esté ligado a las bodas, el bollo maimón se ha convertido en un postre invernal por excelencia en la zona. Su textura seca y ligera lo hace ideal para acompañar un chocolate caliente o un vino dulce, y su tamaño generoso garantiza que nadie se quede sin su trozo.

En las panaderías locales, todavía se venden bollos maimones recién horneados, muchas veces envueltos en papel blanco y con una etiqueta artesanal. Algunos pasteleros han modernizado la receta añadiendo un toque de anís o bañándolo con almíbar, pero el espíritu del dulce sigue siendo el mismo: celebrar la vida compartiendo.

Patrimonio dulce de Castilla

Más allá de Béjar, el bollo maimón ha trascendido como parte del patrimonio repostero de Castilla y León. Precisamente, su humildad no busca deslumbrar, sino reconfortar. Es un dulce que huele a casa, a brasero y a fiesta de pueblo, y que conserva la magia de la repostería rural: esa en la que el tiempo, la paciencia y el gesto repetido son los verdaderos ingredientes secretos.

En un mundo que acelera incluso las recetas, el bollo maimón resiste. No necesita cobertura ni relleno, solo una buena compañía y el sonido de una celebración. En Béjar, cuando llega el invierno o se casa alguien, el horno se enciende con la misma devoción de siempre. Y ahí, dorado y perfumado, el bollo maimón recuerda que lo más sencillo —cuando se hace con tradición— nunca pasa de moda.