De repente, casi sin darnos cuenta, ha surgido una especie de competición por ver quién reivindica con más fuerza la cocina catalana. Sea cual sea el motivo, es una magnífica noticia. Más aún en el caso de Finorri, un restaurante ubicado en un hotel —en los bajos del Hotel Condal, gestionado hoy por la segunda generación de la familia Rama— a escasos metros de Las Ramblas que apuesta con decisión por el recetario y el producto de proximidad.
Según explican, esta orientación no nace de un estudio de mercado, sino de una voluntad clara de preservar lo que nos hace únicos. Y tiene todo el sentido, nadie cruza medio mundo para comer lo mismo que tiene a cinco minutos de casa. La identidad gastronómica, especialmente en zonas tan tensionadas por el turismo como Ciutat Vella, se convierte en un valor.
Esto no significa que Finorri sea un restaurante “para turistas” o solo para turistas. Quedan vecinos en Ciutat Vella, más de los que parece, y muchos reciben propuestas así con entusiasmo, cocina que reconocen, que añoran y que, en ciertos momentos, parecía haber quedado relegada.
Cocina precisa y de territorio
La carta de Finorri es breve y precisa. Ya sabemos que quien mucho abarca, poco aprieta. Aquí desfilan clásicos que ayudan a situar la propuesta: la bomba de la Barceloneta, los buñuelos de bacalao, las croquetas de rustido o unos macarrones que, después de años de ausencia, vuelven a ganar protagonismo en muchas cartas. Y, cómo no, un mar y montaña canónico: calamares rellenos de butifarra de perol con berenjena y rebozuelos.
Los fuera de carta, en forma de sugerencias, merecen un párrafo aparte. Son las que dinamizan el restaurante y alimentan la fidelidad, porque hay quien vuelve a por su plato favorito y quien lo hace para descubrir algo nuevo en un entorno conocido. En otoño, las setas mandan: arroz cremoso de trompetas de la muerte con papada a la brasa, níscalos con ajo y perejil, manitas de cerdo con trompetas y puerro o boletus con yema y panceta Maldonado. Platos contundentes y sabrosos.
Puede parecer que integrar una coctelería en un restaurante que reivindica la cocina catalana pueda romper la magia del concepto, como si fuera una concesión innecesaria para agradar a todo el mundo. Pero, en este caso, se hace con criterio y cierta elegancia. El Espresso Català, es un guiño local al Espresso Martini con Ratafía L’Hostia o el Sant Jordi, afrutado, tropical, pero coronado con una rosa. Ejemplos de cómo la coctelería puede integrarse en el relato sin desvirtuarlo.
Un trabajo de expertos
Otra decisión acertada: rodearse de especialistas. La carta de vinos cuenta con el asesoramiento de Rubén Pol, ex sumiller de Disfrutar. Y los postres los firma Eva Feliu, de la pastelería 1001, formada en Aürt y en Bo.Tic. Se nota.
El melocotón a la brasa con caramelo y helado de miso pone el foco en el producto de proximidad, dándole un punto de originalidad. El merengue con brunoise de pepino, helado de yogur y polvo helado de hierbas aromáticas es un final refrescante como pocos. Aquí es donde la alta cocina es más evidente, el músico, el mel i mató o la crema catalana no me aburren, ahora, entiendo que ya no sorprenden a nadie.
Visitamos Finorri entre semana y lo encontramos acogedor y elegante. La cocina abierta aporta calor humano, algo que siempre es bienvenido. Estos restaurantes tan profesionalizados, donde no te encuentras al propietario, pueden perder el alma, pero aquí aparece el equipo para equilibrarlo: Josep Nicolau en la dirección, Albert Soteras como jefe de cocina y Lluís Roig al frente de la sumillería. Un trío que parece decidido a marcar un camino que, ojalá, se convierta en tendencia, recuperar lo nuestro con técnica, con producto y con una mirada contemporánea. // Finorri. c/Boqueria, 23, 08002 Barcelona. De martes a sábado, de 13 a 23 h. Tel.: 937 374 011.