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Entrevistas

Miquel Bonet: "El sistema gastronómico es paramafioso, todo depende de los favores"

El polémico periodista Miquel Bonet publica la sátira 'Fricandónation' (Destino): hablamos del "circo" de la gastronomía, del papel de los 'influencers' y de 'vendettas' personales

4 minutos

El periodista Miquel Bonet con su libro 'Fricandónation' (Destino) / ÒSCAR GIL COY

Miquel Bonet Pinyol (Reus, 1977) no es un periodista de noticias; él mismo confiesa que no vale para darlas porque se las inventa. Lo suyo es la crónica de opinión, la que pica y escuece. Tras el éxito de la sátira político-social El dia de l'escórpora (La Segona Perifèria, 2024), Bonet regresa con Fricandónation (Destino, 2026). En esta ocasión, el autor cambia el registro melancólico por uno trepidante y cortante para asestar lo que, a mi juicio, es la mayor mordida ácida al panorama gastronómico actual.

El libro no es un ensayo al uso. Nace de lo que Bonet denomina los 'gastroleaks': una filtración de documentos, facturas y correos reales que el autor recibió mientras preparaba un estudio serio sobre el caso de Santi Santamaria y Ferran Adrià.

El libro 'Fricandónation' (Destino) de Miquel Bonet / ÒSCAR GIL COY

Al verse desbordado por este "magma de información" que no encajaba en un registro académico, decidió canalizarlo a través de una sátira donde él actúa como el "negro" literario de Segell Fosc, una entidad en la sombra que sirve de escudo y ariete para soltar verdades que, de otro modo, le habrían costado el veto definitivo en medio país.

Así pues, tenemos una novela, editada solo en catalán, que comienza en la epifanía del máximo responsable de una guía, al comer escudella y fricandó, dos platos demodé de la olvidada y extinta cocina catalana. En su revelación, decide devolver el oro perdido a esa cocina.

Con él charlamos de cómo la gastronomía mundial se ha convertido en un espectáculo donde impera una complacencia mediática vergonzosa. Tampoco deja títere con cabeza al hablar de quién ejerce hoy la "crítica" y cómo los nuevos actores digitales han terminado de dinamitar el sector. Y aborda la "vampirización" de la cocina popular por parte de la alta restauración y la pérdida de identidad. 

- ¿Era necesario este ataque al panorama gastronómico actual?

Era bastante necesario que alguien que tuviera ciertos datos y cierta información relevante alrededor del circo en que se ha convertido la gastronomía (...) atacara un poco y no fuera todo tan complaciente como suele ser la prensa gastronómica de este país. Es un mundo que mueve mucho dinero y depende de que todo lo que se escriba, se diga y se haga sea positivo. Hemos pasado de la Nouvelle Cuisine a un sistema puramente clientelar.

- Lo de "clientelar" suena a eufemismo, pero conociendo el sector... ¿en qué sentido lo dices?

Es un sistema económico paramafioso en el que todo depende de los favores; de que hoy por ti y mañana por mí. Si tú te callas la boca, entrarás en el círculo de los elegidos y podrás acceder al estrellato o al triestrellato para mantener tu negocio a flote. Es un sistema que se está hundiendo. Cuando el dinero no ha dado para comprar silencios, es cuando se han visto las grietas y ha entrado el discurso crítico.

Miquel Bonet en entrevista con Òscar Soneira / ÒSCAR GIL COY

- ¿Qué papel juegan los críticos y los nuevos influencers en este entramado que describes?

El crítico tradicional ha desaparecido para convertirse en un relaciones públicas. Ya no hay distancia. Y luego tienes el fenómeno de los influencers, que es el infantilismo absoluto. Son gente que no sabe comer, que solo busca la foto del plato bonito. Han contribuido a crear una realidad paralela donde lo que importa es el "lucimiento" y no el sabor o la verdad del producto.

El fenómeno de los 'influencers' es el infantilismo absoluto. Son gente que no sabe comer, que solo busca la foto del plato bonito.

- ¿Es ese el motivo por el que las guías externas, como Michelin, han ganado tanto peso?

El cambio es que el restaurador pierde el control y lo gana una empresa externa que solo mira por su cuenta de beneficios. Michelin es una casa de neumáticos, esto es palmario. Las guías solo funcionaron en este país cuando fueron gestionadas por los mismos restaurantes, como si fueran franquiciados, como la NBA. La NBA es de los equipos; ellos no perdieron nunca el control.

Ese equilibrio de no "pisarse la manguera" entre iguales es lo que hacía funcionar el sistema. Ahora dependemos de un inspector que decide si tu negocio vive o muere según criterios que, a menudo, son ajenos a la cocina real.

Miquel Bonet, autor del libro 'Fricandónation' (Destino) / ÒSCAR GIL COY

- ¿Es nuestra cocina tan poco atractiva que eso explica su falta de éxito internacional?

El color característico de la cocina catalana es el marrón, el 'marrón mierda'. Tenemos esta tendencia al feísmo y a darle más importancia al sabor que a la presencia. Es una amalgama barroca de capas de siglos: sofritos, picadas, chocolates... Pero no hay que sucumbir al infantilismo este de Instagram; a todos nos gustan las cosas bonitas, pero no hay que claudicar.

El color característico de la cocina catalana es el marrón, el 'marrón mierda'.

- En cambio, ves que en otros sitios la identidad no se negocia.

Exacto. Tú vas a Galicia o a Andalucía y la identidad culinaria se mantiene incólume. Aquí, la cocina catalana en muchos sitios ya suena exótica. Si hay activismo es que no hay normalidad. Barcelona se ha convertido en un decorado de cartón piedra para el turista donde la cocina del país es la excepción. Los cocineros han llegado y han dicho: "La cocina catalana es lo que diga yo". ¿Pero tú quién coño eres para decir eso? Han montado su propio mandarinato sectario.

- Volviendo al libro, trabajas para Segell Fosc. ¿Te has cobrado muchas 'vendettas' personales a través de esta entidad?

No te voy a decir si existe o no Segell Fosc, pero es un mecanismo muy eficiente para que haya 'vendettas' personales que yo pueda hacer pasar por suyas y viceversa. He aprovechado que el Pisuerga pasaba por Valladolid para soltar verdades que de otra forma no cabían. Al final, el público también es fariseo e ignorante, y a veces prefiere la novedad a la verdad.

- Entonces, ¿podríamos decir que se puede enmudecer a una persona, pero nunca callarla?

Esto es muy épico para terminar una cosa satírica, pero vale (sonríe). Sí, siempre hay mecanismos. Mientras no seamos China o nos pase como a Salman Rushdie... siempre hay mecanismos para que la verdad, aunque sea en forma de sátira, termine saliendo.

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