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Despensa

Vinos para San Valentín: los mejores para cada momento de la noche (y el vino que evitar)

De un espumoso Corpinnat a un Priorat icónico: cinco vinos para acompañar y marcar el ritmo de una velada romántica

4 minutos

Pareja compartiendo una botella de vino en San Valentín / Pexels

Febrero, ese mes que quizás tiene más cuesta que enero, pero el amor no sabe de cuestas. San Valentín está a la vuelta de la esquina y toca celebración (a poder ser, con un buen vino). Si eres de esas personas que no sabe enamorarse y que prefiere estar sola —"porque yo sol@ estoy mejor"— deja de leer ahora.

En un mundo pluricultural donde el amor brota hasta entre las piedras, estar solo no es ser una persona triste. Pero no me hagas bandera de ello. Dicho esto, también hay que reconocer que a veces nos pasamos de peluche y de empalago. Y yo hoy quiero frenesí. Si este artículo tuviese una banda sonora, no sería el Love is in the Air. Aquí vamos a hablar de amor por los cuatro poros. Así que suena Mina, Ancora. Mejor aún si es el remix de Mark Ronson.

Porque el vino es pasión, celebración, unión. Cultura líquida que da forma a una noche y, a veces, también la estropea. Y sí, en San Valentín hay vinos que funcionan… y otros que están fuera de lugar. El vino no debe ser el protagonista, debe ser un acompañante, de risas, uno más en la mesa, pero solo llega hasta ahí, aunque como tal siempre puede marcar el ritmo. Pongamos unos ejemplos.

Segeda Garnacha (Augusta Bilbilis): el vino que no interrumpe

Segeda Garnacha de la bodega Augusta Bilbilis / D.O. Calatayud

El vino que no interrumpe, pero llena huecos. Es ese que fluye, es bebible sin robar protagonismo, aunque nos ayuda en los silencios. Segeda Garnacha de la bodega Augusta Bilbilis —con la huella de Patricia Ibarra—, ubicada en el municipio zaragozano de Mara, es tu vino. Garnacha de Calatayud con músculo contenido, fruta medida y una frescura sedosa que acompaña sin invadir. Un vino pensado para que la boca se libere rápido y llegue la siguiente palabra. Precio: 17 euros aprox. 

Huguet Can Feixes Brut Nature: el vino que entiende el silencio

Huguet Can Feixes Corpinnat Brut Nature / Can Feixes

Otra cosa ya es si necesitamos silencios, sin necesidad de llenar huecos ni atrapar nuestra atención innecesariamente. El vino que entiende el silencio, porque no todo es hablar. Miradas cómplices y manos juntas sobre la mesa. Este es Huguet de Can Feixes Brut Nature. El rumor de las burbujas es el sonido ideal para esta velada, y lo conseguimos con este espumoso de Corpinnat, de parellada, macabeu y pinot noir. Tras una larga guarda de 30 meses en bodega, nos transmite la quietud en la que ha crecido. Miradas fijas, sonrisas, manos y burbujas: los gestos provocan más sonidos y el silencio habla en la noche. Precio: 19,50 euros aprox. 

Cambuix (Cati Ribot): el vino que enciende

Cambuix de Cati Ribot / Instagram

Aunque si la cosa ya viene más encendida que El cuarto de Tula, hay que prender candela, pero sin dormirse. El vino que enciende es aquel que añade combustible cuando la cosa está caliente. Para ello necesitamos un easy drink de manual, algo como Cambuix de Cati Ribot. Escursac y callet, seguramente la primera vez que escuchas estas uvas. Lo beberás igual de rápido que quieres beberte a tu pareja. Este vino rosado fluye, avanza y es directo como la noche que os estáis montando. Se desliza por vuestro paladar al igual que vuestras ganas. ¡Ojo con la candela! Precio: 18,95 euros aprox. 

Oliver Bio II (Kristinus): el vino que arriesga

Oliver Bio II de la bodega Kristinus / Instagram

Y si la cosa va de divertirse, el vino que arriesga. El tiro nos puede salir regular, pero ya hay complicidad y nos gusta el juego adulto. Un orange es la apuesta porque aún se sigue hablando de ellos, pero son los grandes desconocidos. Para ello vamos a tirar de Oliver Bio II de Kristinus, en Hungría. Uvas autóctonas: irsai oliver y furmint. La primera aporta el toque floral en nariz, las frutas al beberlo, y la segunda nos lleva a una boca calcárea y eléctrica muy divertida. Precio: consultar. 

Clos Martinet (Mas d'en Martinet): el vino que alarga la noche

Clos Martinet de Mas d'en Martinet / Instagram

Y al final llega el momento de pausa. Porque la pasión prende rápido, fuerte, y luego pasa a las ascuas. Ese fuego contenido que, lejos de apagarse, lo que hace es apaciguarse. Es momento de… el vino que alarga la noche. No es el vino que empuja ni el que acelera. Es el que hace que ninguno mire el reloj. Acompaña cuando la conversación ya no tiene prisa y las copas se rellenan casi sin darse cuenta.

Es el gran momento y, como tal, requiere de un gran vino. Clos Martinet, de Mas d’en Martinet, el clásico de la familia Pérez con las revisiones anuales que hace Sara Pérez. Expresión pura del Priorat: garnacha, cariñena, syrah y cabernet sauvignon. De esas uvas nace un vino sutil, pleno de matices y con una estructura descomunal. El mejor acompañante para hablar durante horas: se irá abriendo como los corazones de esos amantes. Un vino especial para un cierre de noche por todo lo alto. Precio: 64,50 euros aprox. 

El vino que no bebería esa noche

Y aquí viene lo importante. Porque en San Valentín también hay vinos que conviene dejar en la estantería. Ni ese tablón de taninos que te deja la boca como si hubieras lamido sin querer el palo del helado. Ni el vino que exige una explicación constante. Ni el supermainstream que huele a laca de uñas y sabe… mejor no entrar ahí.

No es que sean malos vinos. Es que no es su momento. Y forzarlo suele acabar mal. Porque al final, San Valentín no va de impresionar con la botella, sino de acompañar bien la noche. El vino no enamora, pero puede ayudar —o estorbar— mucho más de lo que creemos.