Todas las galas son, por definición, demasiado largas. Sobre todo si hay que repartir 83 premios salpicados con los correspondientes discursos institucionales. Pese a ello, hay que reconocerle a la Guía Repsol el esfuerzo por intentar dinamizar la entrega de Soles Repsol celebrada anoche en Tarragona.
El humor de Jorge Ponce y Lorena Castell, presentadores del evento, es en buena parte responsable de hacer ameno e incluso divertido por momentos algo así. Ponce declarando su amor al calçot mientras bajaba uno desde el cielo o Nandu Jubany —que se ocupó de la magnífica cena— entrando en un kart son una buena pista del tono simpático. Estamos hablando de comer, no hace falta ser intensos todo el rato.

“Hay muchos nuevos soles para cocineros y cocineras jóvenes que traen ideas frescas, nuevas formas y apuestan por la conciliación”, se escuchó en el escenario mientras se recordaba que, igual, acostumbrarse a que los restaurantes, algunos, cierren en fin de semana no es tan mala idea.
Pocas pegas que ponerle a este discurso de la organización que destila cierta frescura. Se nos suele olvidar que la Guía Repsol lleva en marcha desde 1979 —primero fue Guía del Viajero y luego Campsa— así que tiene suficientes años como para no ir de joven, innovadora o revolucionaria.
“Hay muchos nuevos soles para cocineros y cocineras jóvenes que traen ideas frescas, nuevas formas y apuestan por la conciliación”, se escuchó en el escenario.
Pero no es ningún secreto que en los últimos años, además de reforzar esa idea de guía propia, española, se está haciendo una labor por abrir ventanas y dejar que corra el aire en un sector poco dado a los cambios.
Hablar de conciliación es parte de ello. Eso sí, justo ayer era día festivo en los colegios de Cataluña, así que la aplicación práctica de la idea salió regular para los cocineros, cocineras y prensa que llegó antes de la gala a Tarragona. Otra asignatura pendiente la recordó Lucia Freitas al recoger el tercer Sol Repsol para su A Tofona ante un aplauso algo tímido del público y señalar que las cocineras siguen siendo minoría.
¿Cuántos soles son muchos Soles?
El de Freitas fue uno de los tres máximos reconocimientos entregados anoche, junto al de Voro y al de Ramón Freixa, que se convierten en los nuevos trisoleados del país. Las comparaciones son tan odiosas como inevitables. Pero hemos llegado hasta este párrafo sin mencionar a la Michelin, no está nada mal.

El caso es que con los soles ocurre algo curioso. Normalmente, los mismos que se enfadan —tal vez con razón— porque hay pocas estrellas Michelin en España, suelen criticar el exceso de generosidad de la Guía Repsol a la hora de repartir sus premios. Algo que, dicen, va en detrimento del prestigio de cualquier guía.
Los mismos que se enfadan —tal vez con razón— porque hay pocas estrellas Michelin en España, suelen criticar el exceso de generosidad de la Guía Repsol.
En esta nueva edición suma nada menos que 83 nuevos soles, incluyendo esos tres restaurantes con tres soles, la máxima distinción, 11 de dos y 69 que estrenan el distintivo. ¿Demasiados? Tal vez si olvidamos que tras el abultado número hay proyectos. Pero repasando la lista de novedades y quedándonos con los que conocemos y hemos podido probar, la verdad es que no parece sobrar ninguno.
“Cómo no va a haber tantos soles si la capacidad de crecer y mejorar de los chefs es infinita”, defendía Antonio Brufau, presidente de Repsol. Estamos en Tarragona, por cierto, donde la planta industrial de la compañía es parte del skyline de la ciudad y representa un porcentaje considerable del PIB del territorio. Si en algún lugar la empresa juega en casa, es aquí.

La sesión de photocall antes de la gala, organizada por comunidades autónomas, permitía dibujarse una imagen rápida del reparto de soles a nivel territorial. Aquí no hay tanto secretismo: todo el mundo sabía los premiados antes de sentarse en el auditorio, lo que resta misterio, pero facilita bastante el trabajo.
Y en esas instantáneas la conclusión era evidente: Cataluña es, con claridad, la comunidad donde más brillan los soles de Repsol. Y ello pese a que solo Dos Palillos en Barcelona ha sumado un segundo sol a su lista; y Enigma de Albert Adrià se ha quedado sin conseguir el tercero, como algunos auguraban. Habría estado bien jugado que, a falta de estrellas, hubiera soles, pero está claro que los inspectores de esta guía no se dejan llevar por las ganas de titulares que siempre tenemos en la prensa.
Calçotada y romesco de regalo
Pero la gala fue solo el broche para una jornada en la que Tarragona lució su mejor imagen ante lo más selecto de la gastronomía nacional. El anfiteatro romano de la ciudad fue el escenario escogido para la sesión previa de la mañana, donde los veteranos y nuevos tres soles fueron los protagonistas.

Con la ciudad engalanada con carteles que reivindican el romesco y la comida en formato calçotada, fue un alarde de territorio y temporada, esas dos palabras mágicas en cualquier restaurante. Bien jugado por parte de la organización y los anfitriones locales, que también anunciaron que la localidad de Alcanar acogerá la entrega de los Soletes, esos premios que reconocen el buen trabajo de proyectos con un ticket más ajustado.
De momento, además de algún que otro sol, todos los cocineros e invitados se vuelven a casa con un pack que incluye ñoras, almendras y aceite para poder preparar en casa su propio romesco. Un bonito regalo que, más allá de cotilleos, aperturas, cierres y diferencias de criterios entre guías, todo esto va o debería ir de cocina, de productos y, ya que estamos en Tarragona, reivindicar esa receta que es mucho más que una salsa para calçots.

