Loading...

Dónde comer

La Taverna del Clínic, el secreto de un restaurante que lleva 20 años llenando mesas en Barcelona

El restaurante celebra sus 20 años de trayectoria con un menú que rinde homenaje a su recorrido y recoge algunos de sus platos más icónicos en versiones actualizadas

6 minutos

Las bravas cilíndricas de La Taverna del Clínic (Barcelona) / Cedida

En una ciudad de ritmo vertiginoso como Barcelona, donde los restaurantes abren y cierran a la velocidad de un vídeo de TikTok, cumplir dos décadas es casi un hito. Es el caso de La Taverna del Clínic, que celebra sus veinte años consolidado como uno de los referentes gastronómicos del barrio del Eixample.

Al frente, el chef Toni Simoes ha mantenido viva una propuesta que ha sabido acomodarse a la época, reconducir el rumbo cuando tocaba y evolucionar sin perder el norte. “El éxito de una casa familiar como la nuestra ha sido el de saber adaptarnos, poco a poco y dentro de nuestras posibilidades, a los cambios de los tiempos para seguir conectando con el mayor número de clientes”, explica.

Con los años, admite, también ha redefinido su manera de entender la cocina. “Cuando eres joven quieres impresionar, hacer de todo. Pero con el tiempo entiendes que lo importante es centrarte en lo que realmente sabes hacer bien; de lo contrario, acabas perdiendo el rumbo”.

Horarios adaptados a su clientela

Simoes reconoce que la hostelería atraviesa una etapa de cierta incertidumbre, marcada por una afluencia irregular y difícil de prever. “Nosotros no podemos quejarnos pero hay semanas muy buenas y otras muy flojas. Y muchas veces sin una explicación clara”.

Ante esta situación, el chef ha optado por ajustar la dinámica del restaurante a la evolución del libro de reservas. Actualmente cierra domingo y lunes, salvo en fechas señaladas como grandes ferias —Mobile, Wine Week o Alimentaria—, cuando la demanda lo justifica.

El calendario también se adapta al ritmo estacional. Durante los meses de verano, el establecimiento modifica su horario habitual y cierra sábados y domingos, trasladando la apertura al lunes. La razón es clara: su clientela es mayoritariamente local —alrededor del 85%—, y con la llegada de julio y agosto, muchos barceloneses abandonan la ciudad, lo que reduce notablemente la actividad durante los fines de semana.

De bar de barrio a restaurante de referencia

La historia del restaurante nació como un proyecto familiar impulsado por Pepe Simoes, su padre, con la idea de abrir una taberna en la que se ofrecieran recetas tradicionales en formato de platillo. Una fórmula poco habitual en la Barcelona de 2006, fecha en la que abrió el local. “El concepto que escogió mi padre era divertido y, por entonces, lo hacían pocos. Se ofrecían tapas, pero no la típica ensaladilla rusa, sino recetas de restaurante en porciones reducidas”, afirma Toni.

Lo que comenzó como una taberna de barrio pronto se transformó en un espacio con personalidad propia y mayor entidad. De hecho, Toni soñaba con regentar un negocio más enfocado a un restaurante que a un bar. “Teníamos una cocina muy pequeña, y aunque era muy divertido, yo quería un restaurante. Es cierto que económicamente no era tan rentable, pero soy más feliz”, comenta Toni.

Toni Simoes en la cocina de La Taverna del Clínic y una de sus salas / Cedida

Con el paso de los años, la Taverna del Clínic fue anexionando los locales adyacentes y ha ido creciendo. Desde la última ampliación, la de 2014, el local cuenta con tres reservados con diferentes capacidades, además de dos salas y una terraza. “Hace tres años reformamos una parte y ahora tengo algunos cambios en mente. Quiero renovar la iluminación, mejorar la insonorización de algunas salas, modificar la distribución del reservado y añadir algunos detalles a la cocina”, señala Toni.

Una de las novedades más aplaudidas es el carro de quesos. “Son los mismos que antes teníamos en la vitrina de la barra. Cuando hicimos la reforma, desapareció la barra y los quesos pasaron al carro. Y se ha notado la diferencia”, apunta el chef. Y especifica, “Antes apenas nos los pedían porque quedaban un poco camuflados, ahora en cuanto entra el carro en sala, el comensal los pide”. La incorporación de esta pieza móvil ha reforzado la experiencia del comensal, demostrando que el detalle también forma parte del discurso gastronómico.

Lo que no ha variado es la apuesta por el producto de temporada. Desde el restaurante señalan que trabajan con pescado de lonja y marisco gallego, carnes seleccionadas y verduras de pequeños productores. A este enfoque se suman ingredientes especiales como el caviar, la trufa o la mencionada selección de quesos artesanos. Todo ello se acompaña de una bodega con más de un centenar de referencias.

Esa capacidad de transformación ha sido clave para mantener una clientela mayoritariamente local y fiel, e incluso para recibir reconocimientos como el sol Repsol obtenido en 2015, además de aparecer como recomendado en la Guía Michelin desde 2024.

Un incidente que cambió el destino

Formado en la Escuela de Hostelería de Barcelona y marcado por su paso por Can Fabes, de Santi Santamaría, Simoes entendió pronto que la excelencia no reside en la complejidad, sino en el respeto al producto y a los tiempos de cocción. Esta filosofía, que le granjeó el título de Mejor Chef Joven de Catalunya en 2014, sigue definiendo sus platos hoy día.

Toni recuerda que su incorporación a la Taverna fue un poco por casualidad. Tras su etapa junto a Santi Santamaría, su idea era tomarse el verano con calma y replantearse el futuro en septiembre. “La experiencia fue muy buena, enriquecedora, pero intensa, así que decidí explorar otras vías después del verano”.

Las múrgulas rellenas y uno de los reservados de La Taverna del Clínic / Cedida

Sin embargo, hubo un giro de guion: el cocinero que debía empezar a trabajar en el restaurante no se presentó y Simoes le propuso a su padre incorporarse él junto a su hermano. Lo que en principio iba a ser algo provisional terminó convirtiéndose en un proyecto de vida. “Iba a durar unos meses, pero acabó convirtiéndose en veinte años”, comenta divertido. Actualmente dirige el negocio en solitario, tras la jubilación de su hermano.

Un menú conmemorativo

Para celebrar estas dos décadas de trayectoria, Simoes ha diseñado un menú conmemorativo que recorre la historia del restaurante a través de algunos de sus platos más representativos. Recetas como el trifásico de bacalao, las múrgulas rellenas o las clásicas bravas —reinterpretadas con el paso del tiempo— reflejan esa evolución natural de una cocina que nunca ha dejado de actualizarse. “Son recetas que hemos tenido en carta, pero que ahora las ofrecemos en una versión más contemporánea ya que hemos ido cambiando algunos detalles poco a poco”, aclara el chef.

El trifásico de bacalao de La Taverna del Clínic (Barcelona) / Cedida

Las icónicas bravas que han acompañado a la Taverna del Clínic casi desde el principio son inspiración de las que hacía Sergi Arola. “La diferencia es que la salsa es distinta y que sus patatas eran cuadradas y estas son cilíndricas”, detalla.

Reconoce que la actualización de estos platos responde a la evolución natural de la gastronomía. “En estos veinte años, la cocina ha progresado, la sociedad ha ido cambiando y ni siquiera los clientes de hace 20 años son los mismos que ahora”, alega.

El menú tiene un precio de unos 65 euros e incluye, además de los platos citados, pan con tomate y aceite Bargalló; jamón ibérico de bellota de la familia Carhesan de la Sierra de Gredos, canelones de pato y setas, rabo de buey Discarlux al vino del Priorat y, de postre, una torrija con helado de yogur. Los siete platos se acompañan con una copa de cava Torelló.

Xalana, el catering que empezó en un bar

La familia cuenta, además de con el restaurante, con su propio negocio de catering, la Xalana. Sus orígenes se remontan al bar que Pepe Simoes abrió en 1973, a escasos metros de la actual Taverna del Clínic.

Aquel pequeño local, muy apreciado en el barrio, fue el germen de una actividad que empezó con encargos sencillos de las empresas cercanas. “Todo comenzó hace 23 o 24 años, cuando nos pedían bocadillos, bebidas o termos de café con pastas para reuniones”, recuerda Toni. Lo que arrancó como un servicio puntual fue creciendo hasta ganar protagonismo frente al propio bar, que servía a diario decenas de menús y tenía una intensa actividad. Con el tiempo, el peso del catering acabó superando al negocio original, que cerró definitivamente hace unos siete u ocho años al no renovarse el alquiler.

Hoy, Xalana vive una nueva etapa, con una oferta renovada y orientada principalmente al ámbito corporativo: desde coffee breaks y talleres hasta convenciones, cursos o servicios de chef a domicilio. Un ejemplo más de la capacidad de adaptación de la familia, siempre atenta a las oportunidades sin perder su esencia.

Una evolución con largo recorrido

Veinte años después, La Taverna del Clínic no es solo un restaurante, sino el testimonio de una manera de entender la gastronomía: honesta, cercana y ligada al producto. En un sector donde la permanencia es un logro excepcional, su historia demuestra que la clave no está en reinventarse constantemente, sino en saber evolucionar sin traicionar la esencia.

El futuro, como su cocina, seguirá cambiando con las estaciones. Pero si algo parece claro es que este rincón del Eixample continuará siendo, durante mucho tiempo, un lugar donde la tradición se sirve con mirada contemporánea y donde cada plato cuenta una historia que merece ser celebrada.