El juicio de París: la cata a ciegas que cambió el mundo del vino

Así fue y así se contó la cata a ciegas que puso a los vinos americanos a la altura de los vinos franceses. Una historia con giros de guion, medias verdades y adaptaciones cinematográficas poco fieles a la realidad

Javier Cirujeda, codirector del podcast La Picaeta y autor en Hule y Mantel

Comunicador gastronómico y codirector del podcast La Picaeta

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Collage de Hule y Mantel del juicio de París con la noticia de la revista del Time y viñedos de California
Collage de Hule y Mantel del juicio de París con la noticia de la revista del Time y viñedos de California

En la historia mundial del vino, hay un capítulo para el juicio de París. Si bien la Guerra de Troya se inició por culpa del otro juicio de Paris (sin tilde, el príncipe que raptó a Helena), en el Juicio de París la contienda fue entre Francia y Estados Unidos. No hubo muertos ni manzanas doradas como en la mitología, pero sí uvas, concretamente chardonnay y cabernet sauvignon

Una cata a ciegas crucial de los años setenta que sigue inspirando debates ardientes como el que mantuvimos en la I Bienal Enológica de Burgos. Allí celebramos una mesa redonda alrededor de la película que relata aquel evento, "Bottle Shock" (2008), absurdamente traducida en España como "Guerra de vinos" (disponible en Movistar+). El conductor del acto, Santi Rivas, convocó para la tertulia al enólogo Tao Platón (Península Vinicultores), Álvaro Pérez (Abadía Retuerta), Adri Alcaide (mi socio en el podcast La Picaeta) y a servidor de ustedes. La polémica estaba servida: ¿sucedió aquella cata a ciegas como lo cuenta la película?

La previa

El juicio real sucedió en mayo de 1976, pero esta historia empezó en el verano de 1975 de la mano de Steven SpurrierPatricia Gastaud-Gallagher en L’Academie du Vin en París, en la trastienda de Les Caves de la Madeleine. Allí fue donde Spurrier comentó a su socia la creciente calidad de los vinos californianos. Patricia, ni corta ni perezosa, decidió ir a su norteamérica natal y visitar la zona de Napa Valley.

Steven Spurrier y Patricia Gastaud-Gallagher fotografiados en L'Academie du Vin, en 1977 / Foto: Archant
Steven Spurrier y Patricia Gastaud-Gallagher fotografiados en L'Academie du Vin, en 1977 / Foto: Archant

Patricia volvió entusiasmada del viaje y decidieron hacer una cata en París para dar a conocer los vinos californianos y compararlos con los vinos franceses. Spurrier viajó a California para hacer él mismo la selección de vinos, después de que Patricia le pasase una lista con sus recomendaciones. Finalmente se decantó por seis chardonnay y seis cabernet sauvignon, de los que se llevaría a la cata dos botellas de cada uno.

En aquella época no se podía viajar con tanta bebida en el avión, pero Spurrier tuvo la suerte de conocer a un americano que organizaba tours de “tenis y vino”, curioso maridaje, y pudo ayudarle con el transporte de las 24 botellas. Cabe remarcar que esta ha sido siempre la versión oficial, pero en 2008, en un artículo del San Francisco Chronicle, se reivindicó la figura de Patricia como la ideóloga de la cata, aunque ella nunca pretendió que fuera vista como una competición.

La cata

La cata, que fue a ciegas para hacerla lo más objetiva posible, se realizó en el Hotel Internacional, y a ella asistieron Steven Spurrier, Patricia Gastaud-Gallagher, los 9 miembros del jurado, George Taber (revista Time) y Bella Spurrier, fotógrafa del evento y mujer de Steven Spurrier.

Una imagen de la cata que recibió el nombre del juicio de París / Foto: Canva
Una imagen de la cata que recibió el nombre del juicio de París / Foto: Canva

Siempre se ha dicho que durante la cata los miembros del jurado comentaban los vinos, con frases como “este vino es la magnificencia de Francia” o “este vino no tiene nariz, típico californiano”, porque así llegó a publicarse. Sin embargo, según palabras del propio Spurrier “fue una cata a ciegas muy seria con solo los participantes en la sala. Los jueces no estaban hablando entre ellos”.

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Los vinos ganadores del juicio de París, sobre un fragmento del mural que creó el artista Alexander Verhaver, expuesto en el Museo de Arte de San Francisco

El punto de inflexión que cambió la historia fue el resultado: el chardonnay más votado fue Chateau Montelena 1973, y el cabernet sauvignon ganador resultó ser Stag’s Leap Vineyard 1973, ambos californianos. Fue tal la sorpresa que Odette Khan, miembro del jurado, pidió cambiar sus puntuaciones, a lo que Spurrier, evidentemente, se negó.

Las puntuaciones del juicio de París
Las puntuaciones del juicio de París

El después

En los días posteriores al evento no hubo reacciones en los medios, ya que no asistieron periodistas franceses, pero el as en la manga lo tenía George Taber, que publicó en la revista Time un artículo de 7 páginas sobre lo que pasó. Después de esto, la fama de los vinos americanos subió como la espuma, y muchos otros países, en especial los del nuevo mundo, se dieron cuenta de que podían competir con los vinos franceses.

Respecto a otros cambios que "el juicio" supuso, Santi Rivas señalaba que potenció la moda de vinos "más técnicos, más densos, estructurados y maderizados. En España en 1986 los pioneros fueron Cosme Palacio con Michel Rolland en la asesoría, y Barón de Chirel de Marqués de Riscal". Según Santi "este estilo todavía sigue coleando a día de hoy, y para mí es una consecuencia negativa que trajo el juicio de París". Fue tal la repercusión que el propio George Taber recogió lo ocurrido y sus consecuencias en un libro en 2005.

George Taber entre el artículo que escribió en 1976 y el libro que publicó en 2006
George Taber entre el artículo que escribió en 1976 y el libro que publicó en 2005

Pese a que algunos textos dicen que Steven Spurrier tuvo que cerrar su tienda tras la cata y poco menos que abandonar Francia bajo orden de destierro, la realidad fue bien distinta. Spurrier, además de llegar a ser editor consultor de la revista Decanter, participó como socio en varios negocios relacionados con el vino francés y mantuvo abierta su tienda hasta 1988, cuando se trasladó a su Reino Unido natal. Allí pudo comprar un viñedo en Dorset, donde elaboraba vino espumoso bajo la marca Bride Valley Vineyards. El inglés fue muy querido por la comunidad vitivinicola y visitó varias veces España. En una de esas visitas, Álvaro Pérez pudo conocerle y durante el coloquio nos habló muy bien de él, destacando que "era elegante hasta para criticar los vinos". Steven Spurrier falleció en marzo de 2021.

"Bottle Shock" (Guerra de vinos, 2008)

Tal fue la importancia y repercusión del juicio de París que hasta Hollywood se subió al carro adaptando en 2008 la historia al cine, con actores de la talla de Alan Rickman, que interpreta al propio Spurrier, así como Bill Pullman o Chris Pine. La película se centra en el Chateau Montelena 1973, contando la historia de sus creadores, Jim y Bo Barret y dejando de lado completamente a Stag’s Leap Vineyard. En la película parece que el vino lo hace Jim Barret, pero el auténtico enólogo fue Mike Grgich, que al parecer no quiso salir en la película, aunque también se rumorea que discutió con Jim Barret y por eso fue ninguneado en la película.

Mike Grgich a los 99 años / Foto: Instagram
Mike Grgich a los 99 años / Foto: Instagram

"Completa basura"

Una de las cosas que más se suele criticar de la película es su poco parecido con la realidad. Según palabras del propio Spurrier, “la gente detrás de Chateau Montelena fueron los que escribieron el guión”, que calificaba de “completa basura”. También decía que “solo hay 5 verdades en la película: mi nombre, los nombres de mis empresas, la fecha de la cata y el nombre de Chateau Montelena. El resto es una tontería”.

“Solo hay 5 verdades en la película: mi nombre, los nombres de mis empresas, la fecha de la cata y el nombre de Chateau Montelena. El resto es una tontería” Spurrier

Respecto a que su papel lo interpretara Alan Rickman, Spurrier tenía sentimientos encontrados, ya que por un lado era un actor respetable, y le llamó antes de rodar la película para preocuparse, pero por otro lado Rickman tenía casi 30 años más que la edad que tenía Spurrier en 1976. Aun así Spurrier estaba agradecido a Rickman porque “interpretó al personaje con mucha más simpatía de lo que retrataba el guión”.

Falta de rigor

Otro punto de la película muy criticado por los expertos es cuando un vino blanco al embotellarlo se vuelve de color marrón. "Un vino del color de la mierda" llega a decir uno de los personajes. En la película un supuesto experto dice que es algo que puede pasar si la barrica está demasiado bien cerrada y no entra nada de oxígeno en ella, pero que en un par de días el vino vuelve a su color natural.

En el coloquio le preguntamos a Tao Platón, que lo desmintió: “Un vino blanco cambia de color hacia tonos marrones/ocres por oxidación. Para evitarlo hay dos estrategias: la primera es oxidarlos en la fase de mosto, así precipitan y ya no te dan mucho más problemas. Es la técnica de hiperoxidación de mostos. La segunda estrategia es evitar que el mosto y el vino tengan contacto con el oxígeno. En ese caso el vino empieza a oxidarse porque no tiene protección, es algo irreversible. Si elaboras un vino blanco en barrica por mucho que cierres el tapón siempre hay contacto con el oxígeno. El argumento que se ve en la película es inventado”. Es gravísimo que una película sobre el mundo del vino cometa este error garrafal.

Licencias argumentales y borrado de mujeres

Steven Spurrier en su tienda Les Caves de la Madeleine y Alan Rickman en el papel de Spurrier
Steven Spurrier en su tienda Les Caves de la Madeleine y Alan Rickman en el papel de Spurrier / Fotos: Pinterest

Aparte de los errores respecto al vino, la película tiene triángulos amorosos que no existieron, catas a ciegas en bares de carretera que son auténtica comedia involuntaria y hasta un ring de boxeo, en el que se pelean Jim y Bo Barret, en mitad de un viñedo. Evidentemente todo es falso. Lo que viene a ser una americanada en toda regla. Además, la película borra la figura de Patricia Gastaud-Gallagher, persona clave en toda esta historia, así como el papel que desempeñó Joanne Dickenson DePuy, la cicerone de Steven y Bella Spurrier en California.

Hasta tal punto llegó el cabreo de Spurrier que amenazó con denunciar a la productora por difamación. La productora solucionó el problema poniendo un rótulo al incio que dice “basado en un relato verídico”. En resumen, y sin querer yo prejuzgar, parece que el bueno de Spurrier no quedó muy contento con la película. Y nosotros, ya de paso, tampoco.