Los fartons son una de las piezas de repostería más típicas de la gastronomía valenciana. Es originario del municipio de Alboraia, en Valencia, donde surgieron como solución a un problema concreto: crear un bollo capaz de absorber la horchata sin romperse.
A diferencia de otros dulces tradicionales vinculados a recetas centenarias, el origen del fartón es reciente. Se creó en la década de los sesenta como respuesta a una necesidad práctica. Hasta mediados del siglo XX, la horchata se acompañaba con pan o rosquilletas, productos que no terminaban de integrarse bien con la bebida. Fue entonces cuando los obradores de Alboraia elaboraron un dulce más ligero y absorbente. El resultado fue un bollo alargado diseñado específicamente para mojar en horchata sin perder su estructura.
Qué ingredientes llevan los fartons
La receta tradicional del fartón se elabora con harina de trigo, azúcar, aceite, huevos, leche y levadura. Al combinar estos ingredientes se obtiene una masa flexible pensada para absorber líquidos sin romperse.
La harina aporta estructura a la masa, mientras que la levadura es la responsable de la fermentación y le da volumen. Por su parte, los huevos y la leche hacen que la miga sea tierna y el aceite vegetal la vuelve más consistente y menos densa que otras piezas de bollería.
Finalmente, el azúcar aporta dulzor y favorece el acabado dorado durante el horneado. De hecho, uno de los rasgos más reconocibles del fartón es el glaseado blanco. Esta fina capa de azúcar se aplica cuando las piezas todavía conservan algo de calor, lo que le da el toque característico a este dulce valenciano.
Cómo se hacen los fartons
Este es el proceso de elaboración del dulce más típico de las tierras valencianas:
1. Mezcla de ingredientes y formación de la masa: Pon agua, leche, aceite y huevos, junto con el azúcar y la levadura, en un recipiente. A continuación, incorpora poco a poco la harina de trigo hasta formar una masa uniforme. Es importante que los ingredientes queden bien integrados y que la masa sea consistente y pegajosa.

2. Técnica del amasado: Una vez formada la masa, comienza el amasado. Es un paso fundamental porque desarrolla el gluten de la harina, responsable de aportar elasticidad y estructura al fartón. El amasado retiene mejor el aire que se genera durante la fermentación. Gracias a ello, el fartón consigue una miga ligera, flexible y con pequeños alveolos que facilitan la absorción de líquidos. Se puede hacer de forma manual o mecánica, aunque en ambos casos debe quedar una textura elástica y homogénea que no se rompa con facilidad.
3. La fermentación y el crecimiento de la masa: Después del amasado, deja reposar la masa de 2 a 3 horas antes de hornearlas. Esta fase es una de las más importantes de toda la elaboración. Durante el reposo, la masa crece progresivamente gracias a los gases que produce la levadura. Ese crecimiento es el que aporta la textura característica del producto. Además, hay que controlar la temperatura para evitar que la masa pierda fuerza.
4. Formado manual de las piezas: Cuando la masa ya ha fermentado, se divide en pequeñas porciones individuales. Cada una se trabaja manualmente hasta conseguir la forma alargada y estrecha que caracteriza al fartón. Ese estirado no responde solo a una cuestión estética. El formato largo facilita que el dulce pueda mojarse cómodamente en la horchata sin romperse ni perder consistencia.

5. Horneado breve para mantener la suavidad: Los fartons se hornean de 8 a 10 minutos a una temperatura de 170 °C a 180 °C para cocer la masa sin generar una corteza demasiado dura o crujiente. Un exceso de cocción alteraría la capacidad de absorción que define al fartón.
6. El glaseado final: Nada más salir del horno, y todavía con algo de temperatura, se añade una capa de glaseado elaborado principalmente con azúcar. El calor residual ayuda a fijar la cobertura sobre la superficie sin endurecer la pieza. Ese acabado blanco es uno de los rasgos más reconocibles de este dulce valenciano. Una vez fríos, ya están listos para consumir.
Cómo se comen en Valencia y su expansión
La forma más habitual de consumir fartons es maridarlos con un vaso de horchata de chufa bien fría, especialmente durante los meses de primavera y verano. La horchata valenciana se elabora con chufa cultivada principalmente en la comarca de l’Horta Nord, una zona con denominación de origen propia. Aunque su consumo está estrechamente ligado a esta bebida, también es frecuente acompañarlos con un café con leche o chocolate caliente.
Durante décadas, el fartón fue un producto que solo se consumía en la Comunidad Valenciana. Su expansión comenzó con la industrialización de algunas marcas locales y la popularización de la horchata envasada en supermercados y grandes superficies. Empresas valencianas, como Fartons Polo y Horchata Panach, tuvieron un papel fundamental en esa difusión comercial a partir de la segunda mitad del siglo XX.
Aun así, su consumo mantiene un fuerte componente local y estacional gracias a su relación directa con la horchata. Su receta, su formato y su textura responden a la misma función con la que fueron concebidos hace más de medio siglo. Por ello, la combinación entre ambos productos se ha consolidado como una de las referencias más reconocibles de la cultura gastronómica valenciana.

