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Café sin azúcar y máquinas de vending más saludables: nutricionistas analizan la ley en hospitales

El Gobierno busca que al menos el 80% de los productos de las máquinas vending en hospitales sean saludables, limitando ultraprocesados y azúcares añadidos

Laia Shamirian, escritora gastronómica. Hule y Mantel

Periodista gastronómica, nutricionista y bióloga

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Hombre seleccionando un producto en una máquina de vending / Canva
Hombre seleccionando un producto en una máquina de vending / Canva

Durante años, pacientes, profesionales sanitarios y organizaciones como la OCU han señalado la contradicción de que el hospital, un espacio destinado al cuidado de la salud, ofreciera de forma sistemática menús ricos en hidratos de carbonos simples, galletas, mermeladas, postres industriales y que en sus pasillos y salas de espera hubiese máquinas expendedoras repletas de bollería industrial, snacks salados y refrescos azucarados

La preocupación tenía bases sólidas. Según este estudio de The Lancet, la ingesta de ultraprocesados en España se ha triplicado, pasando del 11% al 32% del total de la dieta, en tan solo 20 años. Sin olvidar que el consumo de ultraprocesados está relacionado con el desarrollo de obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, mortalidad prematura y un rápido desplazamiento de patrones dietéticos saludables, tal y como confirma este estudio.

En este contexto, el Gobierno de España ha anunciado una nueva propuesta de Real Decreto destinada a transformar la oferta de alimentos de las máquinas de vending en entornos sanitarios y otros centros de carácter público y privado. 

En qué consiste la nueva medida

La normativa, impulsada por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 junto con Sanidad, establece que al menos el 80% de los productos disponibles en las máquinas de vending deberán ser alimentos saludables, tanto en hospitales como residencias públicas y privadas, así como a centros de salud, centros de día y otros espacios de titularidad pública.

Entre los productos que formarán parte de esa oferta prioritaria se incluyen agua, leche, fruta, frutos secos naturales, zumos, panes y sándwiches integrales y yogures sin azúcares añadidos.

Hombre seleccionando un producto en una máquina de vending / Canva
Hombre seleccionando un producto en una máquina de vending / Canva

Además, los productos ultraprocesados —bollería industrial, snacks, galletas o bebidas azucaradas— no podrán situarse en las filas centrales y más visibles de las máquinas, limitando así su consumo impulsivo.

La medida incorpora otros tres cambios relevantes. Por un lado, las bebidas calientes se dispensarán sin azúcar por defecto, permitiendo añadir de forma opcional un máximo de 5 gramos. Por otro, se favorecerá el acceso al agua mediante la instalación de fuentes de agua potable gratuitas debidamente señalizadas.

Por último, esta medida también contempla la retirada de ultraprocesados de los menús y platos destinados a niños, niñas y adolescentes en hospitales tanto públicos como privados.

Por qué es importante esta medida, según las nutricionistas

Para muchas profesionales de la nutrición, esta regulación llega como una respuesta necesaria a un problema acusado. Belén Rubio, dietista de la clínica Alimmenta - Centro de Dietistas y Nutricionistas de Barcelona, apunta que “es una medida básica y necesaria, porque las personas asistidas en estos centros siguen en su amplia mayoría dietas especiales y es contradictorio que sus máquinas de vending ofrezcan alternativas que los pacientes directamente no deben consumir”.

La nutricionista y dietista de la restauración colectiva de la cocina del Hospital del Mar, Paula Bach Solís, valora la medida como un primer paso clave tanto para niños como para adultos. En su opinión, “reducir azúcares y procesados en las máquinas de vending puede ayudar a concienciar a la población adulta y, al mismo tiempo, facilitar que los niños crezcan con una noción más clara de lo que es una alimentación saludable”.

Mujer comprando un café o bebida caliente en una máquina / Canva
Mujer comprando un café o bebida caliente en una máquina / Canva

Bach recuerda que gran parte de los productos habituales en estas máquinas —bollería y dulces— contienen altas cantidades de azúcares añadidos, lo que favorece un consumo excesivo desde edades tempranas.

A este respecto, Rubio añade que “restringir el azúcar, sal y grasas no saludables en la ingesta de snacks, es algo importante y que debe ir calando en el resto de la sociedad porque hay personas que empiezan a tener claro que las comidas y cenas 'es mejor si son caseras' pero luego recurren cada día a snacks (almuerzos, meriendas, picoteos) procesados o ultraprocesados con ingredientes nada recomendables”.

En cuanto a la reducción de azúcar en el café, Rubio comparte la postura general de dietistas y nutricionistas: “Lo ideal es acostumbrarse a los sabores naturales de los alimentos desde la etapa infantil para dejar de buscar el exceso de sal y azúcar. En el caso de los 5 g de azúcar como máximo que define la medida puede contribuir a que personas acostumbradas a endulzar su café añadan el equivalente a solo un terrón en lugar de las 2 o 3 cucharillas de media”.

Ambas nutricionistas están de acuerdo de que, en todos los casos, medidas como estas se verían mucho más beneficiadas si estuviesen acompañadas por programas de educación nutricional en las escuelas y centros de trabajo. Tal y como se aplica en Japón, mediante el programa shokuiku, un sistema que enseña a los niños a comprender los alimentos, a respetar su origen y a desarrollar criterio nutricional desde edades tempranas. Y que, a su vez, ha demostrado, que el conocimiento profundo del alimento, de su entorno y de la cadena de producción, es clave para mantener una alimentación saludable durante toda la vida. 

Qué impacto se espera a largo plazo

En palabras de Pablo Bustinduy, ministro de Consumo, más allá del efecto inmediato de la nueva medida, esta normativa aspira a “generar un cambio profundo, social y cultural, de tal manera, que el derecho de comer bien deje de ser un privilegio”. Desde su ministerio perciben el cambio en la oferta alimentaria en hospitales también como una forma de educar sobre qué alimentos se consideran adecuados en contextos de cuidado, enfermedad y recuperación, buscando una mayor coherencia entre el discurso sanitario y práctica cotidiana.

Acerca de si es esto suficiente como primer paso, Belén Rubio, insiste, “para que la medida se mantenga en el tiempo, es vital que ese 80% de alimentos sea apetecible, que partan de opciones de calidad y cuenten con un buen marketing para que las personas se sientan bien al consumir esos alimentos saludables”. Ya que cuando la opción saludable es la opción fácil, visible y accesible, las decisiones cambian con mayor facilidad. 

Recordando siempre que el objetivo no es solo reducir el consumo de ultraprocesados, sino construir entornos que protejan, enseñen y normalicen una alimentación saludable como parte esencial del cuidado individual y a largo plazo.