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Las rutinas de comida que tu cuerpo agradece en invierno y por qué funcionan mejor

Hábitos y horarios que se adaptan al frío y al ritmo del invierno para mejorar la digestión y mantener la energía durante todo el día sin complicaciones

Manos sujetando un cuenco de sopa caliente / Canva
Manos sujetando un cuenco de sopa caliente / Canva

El invierno cambia la forma en que vivimos y también la forma en que comemos. Apetece más el plato caliente que reconforta, menos el picoteo improvisado y un cierto orden que ayude a sentirse mejor cuando el frío aprieta y los días se acortan. No es cuestión de comer menos, sino de ajustar rutinas: horarios, temperaturas y platos que encajan mejor con esta época del año.

En este artículo descubrirás qué hábitos de comida funcionan mejor en invierno, desde desayunos y comidas principales hasta cenas y snacks, y otras ideas que te ayudarán a sentirte con más energía. Todo pensado para que la alimentación acompañe tu día a día, sin reglas estrictas ni sacrificios innecesarios.

Porque, más allá de calorías, la clave está en adaptar horarios a tus ritmos biológicos, dar prioridad a preparaciones templadas, elegir alimentos ricos en nutrientes y fibra y mantener la hidratación. Sí, también en invierno. 

Desayuna caliente o templado (y completo)

En invierno es habitual que las temperaturas matinales inviten a seguir en la cama. Para arrancarnos de la cama, nada mejor que comenzar el día con un desayuno caliente o templado, ya que ayuda a elevar la temperatura interna, estabilizar la energía y mejorar la sensación de saciedad.

Un porridge de avena con fruta cocida, tostadas integrales con aguacate o una infusión reconfortante con jengibre no solo aporta calor, sino que también ayuda a mantener el calor interno y la sensación de saciedad, evitando picos de hambre, hasta la siguiente comida.

Infusión de jengibre y limón / Canva
Infusión de jengibre y limón / Canva

Planifica comidas principales más densas y nutritivas

Es común tender a comidas más nutritivas en invierno, pero no por necesidad fisiológica, sino por percepción del frío. De hecho, los nutricionistas recuerdan que no hace falta consumir más calorías que en otras estaciones, sino mejor calidad nutricional y variedad

Una comida principal equilibrada, ideal para invierno, puede incluir legumbres con verduras de temporada (como zanahorias, nabos o calabaza), verduras cocinadas en guisos o al horno con especias aromáticas, así como proteínas magras (pescado, pollo, tofu) y cereales integrales. Estos platos aportan energía que se libera lentamente, ayudan a la digestión y son más saciantes, sin resultar pesados. 

Acostúmbrate a las cenas más tempranas y ligeras

El ritmo circadiano del invierno cambia: al anochecer más temprano, el cuerpo se prepara para descansar antes. Según expertos en salud, cenar 3 horas antes de ir a la cama ayuda a mejorar la digestión y el sueño, evitando sensaciones de hinchazón y malestar. 

Opta por cenas ligeras y calientes: cremas de verduras, pequeños guisos con legumbres o proteínas suaves combinadas con vegetales bien cocidos. Comer antes y más tranquilo permite que el cuerpo procese la comida con comodidad y respete tu ciclo natural de descanso. 

Incorpora caldos y sopas y reconfortantes

Nada define mejor al invierno que una sopa caliente, y no solo por placer. Los caldos aportan agua y nutrientes, ayudan a mantenerte hidratado incluso cuando no sientes tanta sed y son fáciles de digerir.

Un caldo vegetal con legumbres o cereales integrales, enriquecido con especias termogénicas como cúrcuma o jengibre, puede convertirse en una comida completa o un acompañamiento fantástico. La combinación de fibras, líquidos y calor ayuda a que el sistema digestivo funcione con más suavidad en invierno y aportan un extra de nutrientes sin complicaciones.

Vasito con caldo caliente /Canva
Vasito con caldo caliente / Canva

Elige snacks saludables que aportan energía

En lugar de picar alimentos procesados o muy azucarados entre horas, opta por snacks que aporten nutrientes y ayuden a mantener la energía: puñados de frutos secos tostados o ligeramente salados, un yogur natural con un toque de miel y especias, rodajas de manzana tibia con canela, etc. 

Son fáciles de preparar, aportan grasa saludable, fibra y energía lenta para las horas entre comidas, sin descuidar la digestión, y ayudan a mantener la energía. Perfectos para tus nuevas rutinas de invierno, sin generar pesadez. 

Hidrátate aunque no notes sed

Aunque no se sude tanto en invierno, la hidratación sigue siendo clave para el bienestar general y la función digestiva. Beber agua tibia, caldos o consomés calientes, infusiones herbales o bebidas calientes sin azúcar ayuda a mantener el equilibrio de líquidos, favorece la circulación y puede incluso calmar el apetito entre comidas, aportando  confort general durante el día.

Por ejemplo, una infusión de hinojo o manzanilla tras la comida puede ayudar a digerir mejor, mientras que un consomé ligero de verduras a media tarde aporta calor y nutrientes sin llenar demasiado.

Ajusta según tu actividad y tu ritmo

El invierno tiende a desacelerar nuestros movimientos: menos sol, menos actividad al aire libre, más momentos en casa. Esto hace que adaptar tus rutinas de comida a tu ritmo real sea esencial para no sentir ansiedad por comer o caer en opciones poco saludables.

Escucha tu cuerpo: come cuando tengas hambre real, no por costumbre o aburrimiento, y adapta las porciones y platos a tu actividad diaria. Mantener rutinas suaves y regulares ayuda a sentir más ligereza, energía y bienestar. En este sentido, los profesionales aconsejan no abandonar por los vegetales y frutas de temporada, aunque la tentación sea mínima en frío.