Los garbanzos nunca se han ido, pero tampoco han necesitado reinventarse para seguir presentes en la mesa. Son base de cocidos, potajes, hummus y guisos de media Europa al Mediterráneo. Forman parte de esa despensa que resuelve comidas sin alardes, pero con sustancia.
Aun así, más allá de la receta heredada o del bote que se abre con prisa, conviene detenerse un momento, porque no todos los garbanzos se cocinan de la misma forma ni ofrecen el mismo resultado.
Saber elegir la variedad adecuada, entender cómo cocerlos correctamente y perder el miedo a usarlos en recetas distintas marca la diferencia entre un plato correcto y uno que apetece repetir.
Las principales variedades de garbanzos
En España se cultivan distintos tipos de garbanzos, cada uno con matices propios en tamaño, textura y comportamiento en la cocina. No es un detalle menor, ya que elegir bien el grano condiciona el resultado final del plato.
El garbanzo castellano es el más habitual en los mercados. De tamaño medio o grande, forma redondeada y piel ligeramente rugosa. Tiene una textura mantecosa tras la cocción. Es el clásico de los cocidos y guisos tradicionales, donde interesa que el grano quede tierno pero con cuerpo.
El pedrosillano, más pequeño y esférico, tiene la piel fina y apenas se despelleja durante la cocción. Mantiene muy bien la forma, lo que lo convierte en una opción excelente para ensaladas, salteados o platos donde el grano debe quedar suelto y entero.

Por su parte, el blanco lechoso destaca por su mayor tamaño y su piel lisa. Tras cocerlo, se vuelve cremoso, ideal para potajes o purés.
Elegir la variedad adecuada es el primer paso para que la receta funcione. Para un cocido contundente, el castellano suele ser el preferido; para una ensalada templada o un plato más ligero, el pedrosillano responde mejor.
Cómo cocer garbanzos correctamente
Cocer este tipo de legumbres no es complicado, pero sí requiere atención a ciertos detalles que marcan la diferencia. En primer lugar, antes de cocinarlos, hay que remojarlos en agua templada entre ocho y doce horas. Esto es imprescindible para hidratarlos. Hay quien añade una pizca de bicarbonato, aunque no es necesario si el grano es fresco y de buena calidad.
A diferencia de otras legumbres, al cocer los garbanzos hay que meterlos en la olla cuando el agua ya esté caliente o hirviendo. Esto ayuda a que la piel se desprenda y el grano conserve su estructura.
Además, la cocción debe ser lenta y constante, sin cambios bruscos de temperatura. Y es necesario entre una hora y media y dos para que queden perfectos. En cuanto a la sal, conviene añadirla al final, cuando el garbanzo ya está tierno, para evitar que la piel se endurezca.
Recetas originales con garbanzos
El garbanzo tiene fama de legumbre de cuchara, pero más allá del potaje y el cocido, admite preparaciones muy versátiles. La clave está en cambiar el enfoque.
Garbanzos crujientes al horno
Una de las formas más sencillas de preparar garbanzos es convertirlos en un bocado crujiente. Tras escurrirlos y secarlos, paso muy importante para que doren en lugar de cocerse, mezcla aceite de oliva y especias al gusto. Te recomendamos el comino, el pimentón ahumado o el curry.
Extiéndelos en una sola capa sobre la bandeja y hornéalos a temperatura media-alta durante unos 40 minutos. El resultado es un aperitivo adictivo, con exterior tostado e interior ligeramente tierno. También puedes añadirlos como topping para ensaladas, cremas de verduras o platos de arroz.

Salteado con verduras de temporada
Otra opción práctica es incorporarlos a un salteado rápido con verduras frescas. Cocina judías verdes, zanahoria, espinacas o calabacín en una sartén grande con aceite de oliva y ajo. Cuando las verduras estén casi en su punto, añade los garbanzos ya cocidos y saltéalos unos minutos más para que se integren en la mezcla y absorban el sabor.
Añádele un poco de comino y ralladura de limón para elevar el plato a otro nivel sin complicarlo. Perfecto tanto para una comida principal como para acompañar proteína a la plancha.
Garbanzos especiados con tomate y huevo
Este plato funciona como receta única para una cena o comida rápida. Se parte de un sofrito de cebolla y tomate y se le añaden especias, como cúrcuma o pimentón. Una vez que la base esté bien ligada, incorpora los garbanzos y déjalos reposar unos minutos.
Después, casca los huevos directamente sobre la mezcla y cocínalos tapados o introdúcelos en el horno hasta que la clara cuaje y la mezcla quede en su punto. El resultado es un plato sabroso que combina proteína vegetal y animal.
Crema de garbanzos más allá del hummus
El hummus ha popularizado el uso del garbanzo triturado, pero no es la única forma de prepararlo. Conviértelo en una crema caliente. Basta con triturarlos con un poco de caldo de verduras y un chorrito de aceite de oliva hasta que tengan una textura suave.
Puedes enriquecer la crema con especias, un toque de yogur o unas semillas tostadas por encima. Es una opción sencilla y económica.

Garbanzos en cocina dulce
Aunque pueda parecer poco habitual, el garbanzo también tiene su hueco en la repostería. Prueba de ello es esta receta. Para prepararla, tritúralos hasta obtener una pasta fina y mézclala con cacao, frutos secos o chocolate. De esta forma, obtendrás una base para brownies o bizcochos sin harina.
En este tipo de preparación, los garbanzos reducen la cantidad de harinas refinadas y le dan una textura sorprendentemente jugosa.


