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Viticultoras independientes: la nueva voz femenina del vino de Rioja reivindica el viñedo

En el Día de la Mujer, charlamos con cinco viticultoras y bodegueras del colectivo VIR sobre la diversidad y excepcionalidad de sus vinos más allá de las grandes bodegas

Yolanda Cardo

Fotógrafa y redactora

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Sandra Bravo, propietaria de la bodega Sierra de Toloño / Yolanda Cardo / Viticultoras independientes: la nueva voz femenina del vino de Rioja reivindica el viñedo
Sandra Bravo, propietaria de la bodega Sierra de Toloño / Yolanda Cardo / Viticultoras independientes: la nueva voz femenina del vino de Rioja reivindica el viñedo

Que La Rioja brilla con luz propia en el mapa mundial del vino es un hecho irrefutable. Su orografía, la confluencia de dos climas —el atlántico y el mediterráneo— y una tradición vitivinícola milenaria han convertido estas tierras en un ecosistema excepcional para la producción de grandes vinos. Bodegas de renombre han posicionado la marca Rioja en mesas y restaurantes de medio mundo, consolidando un prestigio que trasciende fronteras y generaciones.

Pero Rioja es mucho más que grandes producciones y etiquetas icónicas. Más allá de bodegas históricas y arquitecturas vanguardistas que decoran el paisaje, late una red de viticultores independientes que cultivan pequeñas parcelas, casi invisibles, en este inmenso mapa de viñedos. Son proyectos personales, discretos en tamaño pero inmensos en personalidad, de mirada contemporánea y profundo respeto por el terruño.

Un colectivo de viticultores independientes

Y en estos vinos de producción limitada se descubre otra Rioja, quizá más íntima y arriesgada, pero muy arraigada al territorio, al origen, donde la figura del viticultor se revela imprescindible para entender el vino como una expresión directa del lugar.

Reunión en Madrid de Viticultores Independientes en Rioja (VIR) / Cedida
Reunión en Madrid de Viticultores Independientes en Rioja (VIR) / Cedida

Son precisamente estos valores los que reivindica VIR (Viticultores Independientes en Rioja), un colectivo de 38 pequeñas bodegas de 18 municipios que comparten la pasión por la tierra y reivindican el viñedo como “la pieza más esencial del alma del vino”. No es casualidad que Madrid haya sido el escenario de su puesta de largo. En una ciudad saturada de marcas y referencias, esta iniciativa pone el foco en la riqueza de la diversidad más allá de los crianza, reserva y gran reserva de la denominación.

Pequeños-grandes proyectos

Es precisamente en la fértil diversidad de esta tierra donde reside su grandeza. Para Bárbara Palacios, miembro de la saga de los Palacios de Alfaro y dueña de su propia bodega en Haro, “lo bonito de Rioja es que puedes hacer el vino más grande y potente, pero a la vez puedes hacer un vinito parcelario de un lugar muy especial, porque tienes todos los elementos para que así sea".

Bárbara Palacios, propietaria de la bodega Bárbara Palacios / Yolanda Cardo
Bárbara Palacios, propietaria de la bodega Bárbara Palacios / Yolanda Cardo

Y añade: "Creo que la reivindicación está en mostrarle al mundo que Rioja es mucho más que esa idea que la gente tiene en la cabeza y que se pueden hacer vinos de muchísima calidad”.

Una idea que comparte Lucía Abando San Pedro, enóloga de la bodega familiar Las Orcas, en Laguardia: “La gente piensa que siempre es lo mismo, que en Rioja somos todos iguales. Pero es importante que vean que hacemos cosas diferentes. Que hay pequeños productores que tienen sus viñas, que hacen sus vinos y que ponen en valor sus pueblos. Es importante que vean que Rioja es diversa, con muchos tipos de proyectos y que se pueden hacer muy bien las cosas siendo pequeñito”.

Lucía Abando San Pedro de la bodega Las Orcas / Yolanda Cardo
Lucía Abando San Pedro de la bodega Las Orcas / Yolanda Cardo

Como hizo ella después de transformar el viñedo en ecológico, por respeto a la tierra, antes de hacer vino por parcelas y recuperar variedades minoritarias que se habían ido perdiendo, como la garnacha y las maturanas tinta y blanca.

Una tierra para cada vino. Al fin y al cabo, dice Sandra Bravo, propietaria de la bodega Sierra de Toloño, “aquí cada bodega tiene su propia personalidad y los vinos, aunque estemos próximos, tienen un carácter diferente porque cada uno de nosotros entiende sus viñedos, su tierra y su forma de hacer vino de una forma diferente. Después de todo, lo que te hace elaborar el vino de una determinada manera son tus vivencias y tu forma de entender el entorno”.

Vinos parcelarios y variedades autóctonas

Y entenderlo es cuidarlo con pasión, dice Itxaso Compañon, propietaria de El Mozo. Una pequeña bodega familiar situada en Lanciego (Rioja Alavesa) que apostó desde el primer momento por lo ecológico, por separar los viñedos viejos de los jóvenes y, a partir de ahí, elaborar desde el tradicional vino joven de maceración carbónica —“el que hacía mi abuelo, mi padre y mi tío”— hasta los Cosmonauta, “vinos parcelarios, más divertidos, que dependen del año y de lo que nos apetezca hacer”.

Itxaso Compañon de la bodega El Mozo / Yolanda Cardo
Itxaso Compañón, propietaria de la bodega El Mozo / Yolanda Cardo

Eso sí, vinos lo más naturales posibles que siempre cuentan una historia y son la expresión de una orografía cincelada por arroyos, barrancos y replanos. “Esa Rioja que muchas veces no se conoce y que sorprende porque tiene cosas súper especiales, diferentes y todas buenas”, apunta Elena Corzana, que fundó su propia bodega en 2024, en Navarrete.

“Una zona de tierra roja, de arcilla roja, que marca bastante los vinos”. Comprometida con la tradición, Elena elabora sus vinos con las variedades autóctonas, maturana blanca y maturana tinta y, además, “como es un pueblo alfarero, uno de ellos lo elaboro en tinajas de barro fabricadas allí. Eso es lo que quiero mostrar, lo que hay en mi casa”.

Un sector (o una D.O.) en crisis

Ninguna de ellas es ajena a la crisis que vive el sector. Concretamente, el vino de Rioja registró en 2025 una caída porcentual del 4,5%. Aunque, dicen, afecta principalmente a los grandes productores, el descenso global del consumo y comercialización del vino no atiende a un solo motivo, sino que se trata de una conjunción de factores.

Elena Corzana fundó su propia bodega en 2024, en Navarrete / Yolanda Cardo
Elena Corzana fundó su propia bodega en 2024, en Navarrete / Yolanda Cardo

Prácticamente todas coinciden en identificar los cambios en nuestros hábitos de consumo y la incertidumbre global como las principales causas de este descenso. Bárbara Palacios cree que la cultura del gimnasio está haciendo mucho daño. “Gente que prefiere ir al gimnasio a pasar la tarde en vez de irse a tomar cuatro vinos con sus amigos. Se debería hacer más por enseñar que el vino es mucho más que alcohol. Hay muchísima cultura y tradición detrás”.

Igual opina Sandra Bravo: “En mi casa mis abuelos, mis padres, siempre comían con vino, era parte de nuestra alimentación. Yo de pequeña merendaba pan con un poco de vino y azúcar. Ahora lo dices y la gente se escandaliza, pero es parte de nuestra dieta, es cultura y es salud”.

Y Elena Corzana recuerda cómo su abuelo llevaba la cuartilla de vino al campo. “Era parte de su alimento. Hoy en día, igual que se fuma menos, también se bebe menos alcohol en general”.

El gran damnificado del carro de la compra

La inestabilidad geopolítica y la consiguiente incertidumbre en los mercados tampoco ayuda y se traslada al bolsillo del consumidor, que sacrifica los productos prescindibles. “Hay una crisis global muy importante y la gente lo está pasando mal. Claro, lo primero que haces es quitarte los placeres porque tienes que pagar el alquiler, el colegio...”, dice Lucía Abando.

Lo mismo piensa Itxaso Compañon: “Si la gente va justa porque no puede pagar la hipoteca o el alquiler, al final tampoco se puede permitir una botella de vino. Prioriza los productos de primera necesidad”.

Y mientras el futuro del sector se decide entre tendencias y conflictos comerciales, estas pequeñas bodegas de producciones limitadas seguirán contando historias singulares sin imposturas. Explorar y conocer estas propuestas es completar el retrato de una región que, sin renunciar a su grandeza, encuentra en lo pequeño una de sus expresiones más auténticas.