Hay muchas formas de celebrar el Día internacional de la Pizza que se celebra el 9 de febrero. Y, seamos sinceros, la mayoría son mejores que comerse una pizza de supermercado. El nivel del país en este terreno ha mejorado mucho en los últimos años y ya es posible encontrar en muchos sitios magnificas pizzas que no harían llorar a un napolitano, o que incluso llevan conceptos como la temporalidad o el producto de proximidad a masas bien hechas.
Los lineales del supermercado siguen, en líneas generales, muy lejos de este nivel. Al menos si el presupuesto es ajustado y la idea es gastar lo menos posible tirando de alguna pizza industrial, ya sea fresca o congelada. Pero teníamos curiosidad por hacer una de nuestras catas alrededor de un producto muy popular, pero con no muy buena fama, así que hemos elegido una decena de pizzas de marcas y supermercados muy conocidos para ver si alguna se salva.
¿Pizza fresca o congelada?
Detenerse un minuto frente al estante de pizzas del supermercado permite hacerse una idea de la variedad. No solo de marcas o ingredientes, sino también de gamas. Lo suyo había sido ponerse puristas y probar la pizza margarita, pero ni es la elección mesa habitual del público al comprar una de estas pizzas ni estamos psicológicamente preparados para soportar una decena de pizzas industriales margarita.
De hecho, muchas marcas ni la ofrecen. Así que optamos por la de jamón dulce y queso, algo más consumida, pero suficientemente plana como para poder apreciar mejor calidad de ingredientes y masas sin salsas de por medio que enmascaren más el tema. Con cuatro pegotes de queso, una salsa, ejem, carbonara por encima o bien de salsa barbacoa, cualquier cosa parece más comestible.
¿Pero fresca o congelada? Gran pregunta. Muchas marcas juegan ambas categorías, otras se centran solo en una, así que hemos combinado ambas, reservando la opción congelada para las dos más conocidas y consumidas en este terreno: la de Buitoni y la gama Ristorante de Dr. Oetker.
Congeladas: Buitoni (la peor) y Dr. Oetker (la mejor)
Empecemos por estas dos. Hay que recordar que, pese a lo que cabría pensar, las congeladas no son más económicas que las frescas y que, de hecho, si hablamos de marcas reconocidas como Buitoni o Dr. Oetker, son incluso más caras. La primera sale por unos 3,65 euros y la segunda por 3,99 euros. Ambas de jamón y queso, con un peso de entre 340 y 350 gramos y con las promesas habituales de ser muy artesana, hecha en horno de piedra y, en definitiva, como si te la hubiera preparado tu abuela de Nápoles.

La masa fina y crujiente tipo galleta tiene sus defensores y detractores. Tiene menos protagonismo y menos margen para detectar errores, porque aquí mandan el tomate, el queso y los ingredientes. Son pizzas muy lejos de lo que se encuentra en cualquier pizzería, pero que han creado su propio estándar.
La lista de ingredientes incluye en ambas alrededor de un 20% de tomate y el jamón cocido es del 11% en la Buitoni y 14% en la Ristorante. ¿Y el queso? Buen tema, porque se menciona emmental (5%) pero la lista de ingredientes hace pensar en grasas vegetales más que en un queso de verdad. Ambas, además, añaden bastante queso freso o incluso yogur en el caso de la de Dr. Oetker.
Muy interesante, ¿pero están buenas? Están como están las pizzas congeladas. La Buitoni tiene un intenso sabor de orégano integrado en el tomate que hará que guste o se odie depende del consumidor. A nosotros no nos convenció nada y es, de hecho, la que menos gustó y más sabor industrial tiene de todas las probadas. La Ristorante sale algo mejor parada, pero su precio mayor que la media le hace perder puntos en el ranking.
Pizzas calidad-precio: Hacendado y Tarradellas
Ya en el escaparate de pizzas frescas, asegurar que la de Tarradellas es algo así como la referencia de este segmento no parece exagerado. De hecho, tras probar una decena de ellas, su sabor no solo es característico, sino que otras marcas parecen querer acercarse a él. Sobre todo en el caso de algunas marcas blancas.

El caso de la pizza Hacendado de Mercadona, por cierto, es bastante curioso. Aquí se anuncia en el propio envase que son pizzas elaboradas por Tarradellas. En esta cadena la de jamón y queso sale por 2,50 euros. La de Tarradellas de jamón y queso se encuentra por unos 3 o 3,20 euros. ¿Son la misma? Si no lo son, costaría mucho distinguir. De hecho, hemos probado mitad de una y mitad de otra y nuestro panel de cata formado por adultos y niños ha sido incapaz de distinguirlas. Nosotros tampoco.
Pero es verdad que mirando la lista de ingredientes, no son idénticas. La de Tarradellas tiene algo más de queso mozzarella (25 frente a 20%) y algo menos de jamón. El sabor, igual. Con un punto dulce de, suponemos, el jamón cocido no especialmente bueno que es característico, sal también bastante subida, pero generoso en queso. Sabe a eso, a pizza Tarradellas.
En el mismo Mercadona, si subimos un poco el presupuesto, por 3,90 euros podemos encontrar otra pizza fresca, ahora ya en caja de cartón. También elaborada por Tarradellas, se aumenta cantidad de queso, se reduce la de jamón cocido —parece algo mejor— y sobre todo la masa parece algo más interesante.
Se promete masa madre que a estas alturas sabemos que significa bien poco, pero sea lo que sea hay algo parecido a sabor y profundidad en la masa, que es lo que falta en casi todas. Es una de las más ricas probadas y además de esta versión Mercadona, para quienes no frecuenten las tiendas de Joan Roig, también se puede encontrar la original de Casa Tarradellas por unos 4,2 euros en cualquier otro supermercado.
La mejor pizza de supermercado (si puedes gastar más): Ametller Origen
¿Merece entonces la pena pagar un poco más para poder tener, al menos, una masa mejor? Inspirados por esta idea, en Aldi elegimos su pizza fresca de la gama Cucina Selection. 370 gramos por 3,99 euros y promesa de fermentación larga, masa madre y, ojo, masa estirada a mano. La verdad es que el resultado es muy correcto en cuanto a la masa y más control en la cantidad de sal que otras. Si la versión de jamón y queso se salva, cabe suponer que el resto, con ingredientes algo más motivadores, será mejor.

Subimos el listón y el presupuesto en Ametller Origen, donde ofrecen una amplia gama de pizzas. Pero queríamos probar la fresca elaborada por Fratelli Colombo, referentes de la pizza de calidad en Barcelona. No tienen solo de jamón y queso, así que optamos por la misma parecida, con champiñones. Cuesta 5,49 euros, prácticamente el doble que la mayoría del resto de pizzas probadas.
¿Merece la pena? La diferencia en la masa es evidente desde el primer mordisco. Es la única que se acerca a una masa que nos podríamos encontrar en una pizzería decente. El problema es que aquí los champiñones, algo húmedos y con sabor claro a champiñones envasados, hacen un flaco favor al resto de la pizza. De nuevo, otras versiones estarán mucho más ricas que esta. Pero si buscamos una masa de verdad, esta es la pizza. Hay que pagar más, eso sí.
Lidl: barata y poco motivadora
Volvemos al precio base para probar otras dos más. La básica de Lidl de su gama Chef Select se encuentra por menos de 2,50 euros, siendo una de las más económicas. No obstante, no tiene nada destacable respecto al resto. Es decir, una pizza de supermercado estándar y poco motivadora, salvo que uno quiera llenarse por poco dinero.

En esta gama de precios, nos parecen más ricas las de marca blanca Dia y Consum. Mencionamos ambas juntas porque ambas salen del mismo productor, Palacios, que también elabora pizzas con marca propia. No son idénticas, pero sí muy parecidas en sabor y precios, sobre los 2,50 euros la pizza de 400 gramos. 22% de mozzarella y 20% de jamón en ambas, pero la de Dia suma un 0,5 de aceite de oliva, siempre luce. Es verdad que no es algo que se destaque en el etiquetado ni que pretenda ser una razón de venta.
Ranking de las mejores pizzas de supermercado (y las peores)
Llegados a este punto, toca recordar lo evidente: mejor poca pizza y buena de alguna pizzería artesana de nuestra ciudad que atiborrarse a pizzas del supermercado cada semana. Tras la intensa cata de una decena de pizzas, nuestro estómago estuvo unas cuantas horas recordándonos que las masas ultraprocesadas no son especialmente digestivas y que el exceso de sal —qué sed toda la tarde— es la característica común a la mayoría.
Hechas las aclaraciones pertinentes, si hay que recomendar una, la de Fratelli Colombo es la única que tiene una masa en condiciones y equiparable a una pizzería buena. No ha sido nuestra favorita por culpa de los ingredientes, pero otras versiones son lo más parecido a una pizza de verdad que podremos encontrar en el supermercado.
Si la idea no es gastarse casi 6 euros en una pizza de supermercado, la gama alta de Tarradellas —en versión Hacendado o normal— y la de Aldi son una buena opción. Por 4 euros o menos vamos a poder conseguir una pizza correcta, con masa decente, y sin exceso de sal o ese sabor dulzón de otras. Y si preferimos masa crujiente y fina, la Ristorante de Dr. Oetker es la clara ganadora.
Si, pese a las advertencias, insistimos en pagar lo menos posible por una pizza, la de Dia o la de Consum por 2,50 euros son de lo mejor dentro de esta gama a la que, eso sí, no le podemos pedir demasiado.


