El 1 de abril de 2026 quedará para la historia del vino como el día en que Juvé & Camps, una de las grandes bazas de la D.O. Cava, se incorporaba a la marca colectiva Corpinnat, su competencia directa en el Penedès. Un hecho que generó gran revuelo mediático y algunos interrogantes.
Para comprender estos sucesos no basta con observar el presente: es imprescindible remover los cimientos y las decisiones de gestión que han dado forma a la trayectoria histórica de esta Denominación de Origen.
Un origen ligado a un método de elaboración
A diferencia de la mayoría de las denominaciones europeas, la del cava no nació ligada a un territorio concreto, sino a un método de elaboración — son vinos espumosos elaboradossegún el método tradicional o champenoise, es decir, con dos fermentaciones—. Los elaboradores franceses se quejaron de la utilización de la nomenclatura ‘champán’ para definirlos, por lo que esta tuvo que eliminarse. Así, en 1959 se establecieron las primeras normas para los vinos espumosos de método tradicional, y en 1966 se creó la Región Especial del Cava.
El punto de inflexión llegó en 1970, cuando el Tribunal Supremo determinó que el término ‘cava’ no constituía una demarcación geográfica, sino una denominación genérica asociada al método tradicional. Esta interpretación jurídica sentó las bases para que, tras la entrada de España en la Unión Europea en 1986, se consolidara una D.O. plurirregional.

Esto significa que en cualquier lugar de España donde se elaboren este tipo de vinos se puede utilizar el nombre de cava —siempre que cumplan con los requisitos que marca la D.O.—. Se trata de un caso prácticamente único en el mundo, que engloba municipios de Cataluña, La Rioja, Aragón, Navarra, País Vasco, Valencia y Extremadura. Pero también es la base de todos los males y una decisión que históricamente ha suscitado quejas en Cataluña, en concreto en la zona del Penedès.
Los Siete Magníficos del cava
Siguiendo con el repaso histórico, el 25 de mayo de 1972 se estableció el Decreto 1493/1972 sobre la nomenclatura ‘cava’. Un proteccionismo legal de estilo por el que solo se podían incluir los vinos espumosos elaborados por método tradicional. Ningún otro estilo de espumoso era aceptado.
Los que firmaron el acta, y acudieron a las reuniones ministeriales, fueron Manuel Raventós de Codorniu, José Ferrer Sala de Freixenet, y otros representantes de bodegas como Juvé & Camps, Mestres, Marqués de Monistrol, Segura Viudas y Castellblanch. Los Siete Magníficos, las familias más influyentes del vino espumoso.

Desde el año 1959 formaban el primer Consejo Regulador de Vinos Espumosos: eran la visión, la expansión y el poder económico de aquella época. Al firmar el decreto de 1972, presionaron al Ministerio de Agricultura para que el cava tuviera una estructura administrativa propia. Como la región del Penedès ostentaba el 95% del volumen total de la producción, el Ministerio dio por sentado que el centro logístico y político debía estar allí.
La decisión tenía una lógica enorme: proteccionismo de un método e intento de salvaguardar un estilo básicamente tradicional catalán. Aunque queda visto que el diseño de un traje a medida, con unas costuras en su concepción endebles, da como resultado un traje que rompe por ellas.
Denominación de Origen o empresa
Con el paso de las décadas, el Consejo Regulador no siempre ha actuado como custodio del patrimonio vitivinícola. Muchas veces lo ha hecho más bien como si fuera el órgano directivo de una gran corporación.
Así, bajo la batuta de las grandes casas productoras —que siempre mirarán por sus intereses, naturalmente—, la D.O. ha aplicado sucesivos golpes de timón en función de las exigencias del mercado internacional. Por ejemplo, autorizando varietales foráneos antes que los autóctonos de gran arraigo tradicional.
Una estrategia que facilitó un crecimiento notable en volumen, pero que tuvo un coste evidente: la dilución de la tipicidad y la territorialidad y una creciente confusión para el consumidor. ¿Qué hace particular al cava si este puede elaborarse en territorios tan dispares y a partir de uvas de procedencia diversa?
Priorizar el mercado y no el territorio
Ante esa confusión, muchas bodegas empezaron su fuga hacia marcas como Clàssic Penedès o Corpinnat, mientras que en la D.O. seguían sin ver que la creciente discrepancia podía no estar tanto en la región, y sí en la poca defensa de la calidad o la competencia.

De hecho, la actual división en subzonas (Comtats de Barcelona, Valle del Ebro, entre otras) no aborda el problema de fondo. Se trata de un intento de normalizar una anomalía histórica, un parche para imponer orden a una estructura que ya nació marcada por una incoherencia geográfica de base.
La gestión en los últimos 20 años ha invertido el orden lógico de los factores: en lugar de asentar la denominación sobre la historia y el territorio como principios irrenunciables, ha priorizado el mercado y el beneficio inmediato, como haría cualquier empresa orientada al crecimiento.
La D.O. Cava, un modelo cuestionado
Una gran empresa puede permitirse rectificaciones estratégicas cuando dispone de músculo financiero. Una denominación de origen, en cambio, asume una responsabilidad mayor. El recorrido de la D.O. Cava demuestra que, cuando el comercio se antepone al patrimonio, la legitimidad se resiente.
El ruido mediático y las recientes escisiones de productores de perfil histórico no son una anomalía, sino la consecuencia lógica de un modelo cuestionado. Son la respuesta de quienes sostienen que una D.O. debe ser, ante todo, la guardiana de una historia y de un territorio, y no únicamente una marca comercial.
Todavía existen bodegas que, por ideales, fidelidad u otros motivos, no se han movido de la D.O. Cava, aun estando esta en entredicho. Se las está estigmatizando —ya sea desde la prensa o por profesionales que se apuntan a la nueva ola sin la imparcialidad necesaria— y, cuanto menos, se les debe un respeto ya que algunas cuentan con el mismo bagaje histórico que Juvé & Camps, la última pieza que ha entrado en Corpinnat.
Son bodegas que, más allá de denominaciones de origen y modelos cuestionados, siguen elaborando vinos que podrían estar en el top de los espumosos mundiales. Estas cinco referencias son buenos ejemplos de ello:
5 espumosos que son referencias mundiales
Clos Nostre Senyor 2018 (Mestres)

La bodega Mestres es uno de los Siete Magníficos y también referente si hablamos de Brut Nature. Ellos crearon el primer vino espumoso de este estilo: Visol. Otra referencia es Clos Nostre Senyor, un vino de altura con una rima de 72 meses mínimos asegurados y con una crianza en bota de castaño para el vino base —xarel·lo, macabeo, parellada— de 10 meses. Uno de los hitos de esta bodega, enfocada en las largas crianzas para expresar en sus vinos el placer líquido. Precio: 39,90 euros aprox.
Maria 2016 Gran Reserva (Maria Rigol Ordi)

El Gran Reserva renombrado de la bodega Maria Rigol Ordi en homenaje a la abuela Maria. Homenaje en talla y clase. Xarel·lo 100% con más de 60 meses de rima. Un vino increíble, me encanta descorchar botella tras botella a lo largo del año y comprobar que es un vino enorme con una evolución increíble. Fino, elegante, de burbuja integrada y un paso por boca sápido y fresco. Precio: 20 euros aprox.
Claror Can Prats 2016 (Vins El Cep)

Vins El Cep es una de las familias de viticultores más antiguas y arraigadas al Penedès: desde 1448 siendo elaboradores propios desde 1980. Paraje Calificado en 2017 por la denominación, el Claror Can Prats es suelo puro. La esencia del trio pendesenc marcando el mineral calcáreo de la tierra que lo ve nacer. De fina burbuja y envolvente aroma, es el ejemplo del clásico bien entendido. Precio: 50 euros aprox.
Bassegues 2010 (Parés Baltà)

La bodega familiar Parés Baltà, desde Pacs del Penedès, nos sorprende con la longitud de la xarel·lo. Este vino, representativo del Penedès y del vinculo con su uva estrella, va hasta los 102 meses de crianza para hallar alta costura. La mezcla de capas aromáticas junto a un frescura inusitada en un vino de tanta guarda, hacen de estas botellas orfebrería liquida. Precio: 100 euros aprox.
Guilera Musivari 2007 (Cava Guilera)

Cava Guilera es la anomalía en cualquier cuaderno de notas. Una bodega que data del año 1927 y que casi guarda los vinos desde esa época. Musivari es un vino con una guarda superior a 204 meses. Como la primera vez que lo probé fue a ciegas, puedo aseverar que esos +204 meses no se le ven por ningún lado. Xarel·lo, macabeo y parellada para demostrar que la historia y el patrimonio se deben guardar. Ya sea en botella o en la historia, pero lo de este vino rompe esquemas lo mires por donde lo mires. Impresionante. Precio: 29,90 euros aprox.


