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Cuaderno de Viaje

La máquina expendedora de carne de ballena que desconcierta a los turistas en Japón

El consumo de carne de ballena cae en Japón en medio de la polémica, mientras aparecen máquinas de vending para reactivar su demanda con cortes congelados y platos preparados

4 minutos

Máquinas expendedoras de carne de ballena en Japón / Iker Morán

No muy lejos de la conocida zona de Tsujiki de Tokio (Japón), donde antes estaba el mercado de pescado y la subasta de atún, en Monja Street lo suyo es probar el monjajaki. Se trata de una versión local del popular okonomiyaki, elaborado al momento sobre una plancha caliente con caldo de pescado.

Un plato poco fotogénico surgido tras la Segunda Guerra Mundial y que atrae hasta aquí a muchos visitantes con ganas de probarlo en alguna de las decenas de locales especializados que se reparten a lo largo de esta calle. Es algo más o menos habitual dentro de las rutas turísticas de Japón, aunque menos abarrotado que Tsujiki, que amenaza con ser algo así como las Ramblas en Barcelona.

El caso es que en esta misma calle Monja hay otra parada que puede chirriar en esa imagen idílica que muchos tienen de Japón y su cultura: un vending de carne de ballena. En realidad, no debería sorprender y, de hecho, los locales seguramente pasen de largo y no entenderán muy bien la reacción de los visitantes ante esta propuesta.

La polémica carne de ballena

El universo de máquinas de vending en Japón es infinito y casi cualquier cosa que se nos ocurra está disponible en este tipo de venta. Por otro lado, la carne de ballena es un producto muy arraigado en la historia y la gastronomía del país, por mucho que sea un asunto que siempre genera polémica. Así que combinar ambos conceptos entra dentro de lo previsible, salvo para quienes crean que en Japón solo se come sushi preparado delicadamente por manos veteranas y se observan las flores de Sakura en temporada.

Gráfico con el despiece de una ballena junto a las máquinas de vending en Japón / Iker Morán

El espacio de la empresa ballenera Kyodo Senpaku es uno de los que la compañía tiene repartidos por Tokio, Yokohama y Osaka desde que en 2023 puso en marcha este sistema de venta. Pese a que, nos explican, no es raro encontrar cortes de carne de ballena en algunos supermercados, también internamente es un tema que genera debate y muchos establecimientos ya no lo ofrecen.

De ahí que en su momento el presidente de esta marca dedicada a la pesca de ballenas planteara las máquinas de vending como una alternativa para potenciar un consumo que no ha dejado de caer en los últimos años.

El pequeño local cuenta con tres máquinas expendedoras donde se ofrecen diversos cortes envasados y congelados de carne de ballena. Una fotografía de un momento de la caza desde el barco arponero y un gráfico con el despiece del animal decoran el lugar con una naturalidad que sorprenderá al visitante, pero que en realidad nos puede recordar a lo que veríamos en cualquier carnicería. Con un cerdo o una vaca, no con una ballena, claro.

Platos preparados: curry de ballena

Además de estos cortes, también se ofrecen platos preparados como un curry de carne de ballena o filetes empanados de ballena listos para freír en casa. También conservas en lata de carne de ballena, al estilo de las de atún o caballa que son tan habituales en nuestros supermercados.

Conservas de carne de ballena en Japón / Iker Morán

¿Y cuánto vale la carne de ballena? Dependerá del corte y la calidad, claro, pero para hacerse una idea, en este vending se pueden encontrar a partir de 1.500 yenes los 250 gramos. Al cambio actual eso son unos 35 euros el kilo. La comparación tal vez sea injusta o no tenga mucho sentido, pero si tenemos en cuenta que la carne de wagyu en Japón se sitúa a partir de 150 euros por kilo, la verdad es que sorprende que la ballena una especie salvaje y que tampoco abunda pueda venderse tan barata.

Un consumo que va en descenso

La historia de Japón y el consumo de carne de ballena es tan larga como polémica. Se trata de un producto arraigado en la cultura del país, uno de los tres únicos del mundo que siguen cazando este mamífero junto a Noruega e Islandia. Desde 1986 hasta 2018 Japón aceptó una especie de veda en la caza, aunque siguió matando ballenas usando la excusa de los fines científicos y una triquiñuela que anima a revisar eso de los valores japoneses: ya que se mata por la ciencia, mejor comérsela.

De todos modos, el país acabó saliéndose de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) en 2019 y recuperando la caza comercial de ballenas sin recurrir a excusas científicas. El apoyo del gobierno es incondicional alegando motivos de tradición y cultura, pero lo cierto es que la respuesta del público es menos entusiasta que la de los políticos en un país de larga tradición conservadora. El consumo no ha parado de caer y, por ejemplo, en 2021 se consumieron apenas mil toneladas frente a las 233.000 toneladas de los años 60.

Detalle de las máquinas expendedoras de carne de ballena en Japón / Iker Morán

Un recordatorio de que tras esa imagen de país civilizado y respetuoso hay aristas culturales y gastronómicas que pueden chocar al visitante. Como esas cafeterías que se pueden encontrar en cualquier gran ciudad de Japón donde la gracia es tomar algo junto a búhos, capibaras y demás, y que chocan con conceptos muy básicos de protección animal que harían que algo así fuera ilegal en muchos otros países.

También es verdad que un país donde los toros —y aquí sin excusa de tradición gastronómica— son criados para morir de forma festiva en una plaza, o que hasta antes de ayer tiraba cabras de los campanarios igual tampoco es el mejor para ir por el mundo dando lecciones. Los japoneses, muy dados a comerse casi todo, no suelen señalar ese ejemplo para zanjar debates balleneros, sino que les basta con recordarnos que somos salvajes por comer conejo, esa adorable mascota que, además, suelen considerar un animal símbolo de buena suerte.