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Alga nori más allá del sushi: mitos, beneficios y cómo incorporarla a tus recetas diarias

El ingrediente marino, muy asociado a la cocina japonesa, es capaz de transformar desde arroces hasta verduras asadas con un toque sutil de sabor

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Láminas de alga nori / CANVA
Láminas de alga nori / CANVA

Durante años, el alga nori ha vivido encasillada en el único papel de envolver makis. Para muchos, su presencia en la cocina empieza y termina en una bandeja de sushi. Sin embargo, esta lámina oscura y crujiente tiene mucho más que ofrecer. Es un ingrediente fácil de usar y capaz de aportar sabor sin necesidad de complicar una receta.

El interés creciente por la cocina vegetal y los productos del mar ha devuelto el nori al primer plano. Eso sí, para sacarle partido conviene desmontar algunos mitos y saber cómo integrarlo sin que la receta sepa “a sushi”.

Qué es exactamente el alga nori

El nori es un alga marina comestible, perteneciente al género Porphyra, que se cultiva principalmente en aguas de Japón, Corea y China. Tras su recolección, se lava, se pica, se prensa y se seca en finas láminas. 

En crudo, el nori tiene un sabor suave. Cuando se tuesta, desarrolla notas con trazos a frutos secos y caldo. Esa transformación es clave para entender por qué funciona tan bien en la cocina.

Los mitos más comunes sobre el alga nori

El principal obstáculo para que el alga nori salga del terreno del sushi no es su sabor ni su precio, sino una serie de ideas preconcebidas que la han encasillado durante años. 

Uno de los mitos más repetidos es que el nori sabe demasiado a pescado. En realidad, su sabor es bastante neutro cuando se usa en pequeñas cantidades. El problema suele aparecer cuando la calidad no es la adecuada. Un buen nori, tostado ligeramente, recuerda más a un fondo de caldo o a frutos secos que al pescado.

También es habitual pensar que solo sirve para recetas japonesas. Es una percepción lógica, pero limitada. El nori no pertenece a un recetario cerrado. Su perfil salino y su carga de umami encajan sin dificultad en platos mediterráneos. Funciona con arroz, con legumbres, con verduras asadas, con huevo e incluso como complemento en recetas tradicionales donde se busca profundidad de sabor sin añadir más sal.

Alga nori troceado en un bol pequeño / CANVA
Alga nori troceada en un bol pequeño / CANVA

Otro error frecuente es creer que es complicado de usar o que requiere técnicas especiales. Nada más lejos de la realidad. El nori se puede romper con la mano, cortar con tijeras o triturar en segundos. No necesita remojos ni cocciones largas. De hecho, cuanto más sencillo sea el gesto, mejor funciona.

Tampoco es cierto que todas las algas sean iguales. El nori es una de las más accesibles para el paladar occidental. Es fina y mucho menos intensa que otras algas como el kombu o el wakame. Precisamente por eso es más versátil que otras. 

Por último, está la idea de que es un ingrediente “raro” o difícil de integrar. En realidad, basta con cambiar el enfoque. No pensar en el nori como un envoltorio, sino como un condimento.

Beneficios de comer alga nori

No es un superalimento milagroso, pero sí un ingrediente con aportes nutricionales interesantes si se consume con moderación. El nori destaca por su contenido en minerales, especialmente yodo, hierro y calcio. También aporta proteínas vegetales en mayor proporción que otras algas y tiene un bajo contenido calórico.

Uno de sus grandes valores en cocina es su umami natural. Esa capacidad para redondear un plato hace que muchas recetas necesiten menos sal, menos quesos curados o menos caldos concentrados. En términos prácticos, el nori permite ajustar sabores sin recurrir a productos ultraprocesados.

Eso sí, conviene insistir en un punto: no es un ingrediente para usar sin medida. El yodo es necesario, pero puede ser perjudicial si se consume en exceso. Por eso el nori funciona mejor como complemento ocasional o como toque final, no como base diaria de la alimentación.

Formas sencillas de incorporarlo a recetas diarias

Una vez superado el tópico de que el nori solo sirve para envolver sushi, usarlo en las recetas de siempre resulta mucho más intuitivo de lo que parece.

Nori triturado como sal marina

Una de las formas más prácticas de utilizarlo es triturarlo en seco, ya sea con tijeras o en un molinillo. Después mézclalo con sal fina o con escamas.

El resultado es un condimento con un marcado sabor a mar que funciona muy bien sobre huevos, aguacate, tomate, patatas asadas o verduras a la plancha. Usado así, el nori potencia el sabor sin modificar la receta original.

En arroces y platos de cuchara

Espolvorea una pequeña cantidad de nori triturado sobre arroz blanco, verduras o incluso una sopa de legumbres aporta un fondo sabroso que recuerda a un caldo bien trabajado.

En este tipo de platos, el nori no pretende destacar, sino reforzar el conjunto. Aporta sabor umami sin necesidad de añadir más sal ni concentrados.

Bol de arroz con alga nori, queso, rúcula y carne / CANVA
Bol de arroz con alga nori, queso, rúcula y carne / CANVA

Con huevos: tortilla, revuelto o huevo cocido

El huevo y el nori se entienden especialmente bien. Un revuelto sencillo gana matices con solo un toque de nori picado, y una tortilla francesa se vuelve más interesante si se termina con unas tiras finas por encima.

Incluso un huevo duro aliñado con aceite de oliva y una pizca de nori puede funcionar como desayuno rápido o cena ligera, sin complicaciones.

En verduras salteadas o al horno

Verduras como brócoli, coliflor o zanahoria asadas cambian de registro con un acabado de nori tostado y sésamo. No hace falta añadir salsas ni aliños elaborados. Un buen aceite, un horneado correcto y ese toque final bastan para romper la monotonía de las verduras más neutras. 

Judías verdes, zanahorias y pimientos rojos con alga nori / CANVA
Judías verdes, zanahorias y pimientos rojos con alga nori / CANVA

En ensaladas

Si se usa con moderación, el nori encaja bien en ensaladas de legumbres o quinoa. Lo ideal es añadirlo en tiras finas o desmenuzado. Combínalo con cítricos o vinagretas suaves. La clave está en incorporarlo justo antes de servirla, para que no se humedezca en exceso y conserve su textura y aroma.