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Dónde comer

6 restaurantes para comer (muy bien) en La Rambla de Barcelona

En la zona cero de la gentrificación gastronómica y de los locales para turistas, hemos encontrado seis restaurantes (y una heladería) que te volverán a reconciliar con esta calle

9 minutos

Vista a La Rambla desde el restaurante CentOnze / Foto: web

En la calle más carismática de Barcelona se come de pena, así te lo digo, aunque generalizar esté mal. La Rambla es territorio comanche, primera línea de combate. Gastronómicamente, es la peor zona de la ciudad. Abunda la oferta destinada a turistas, igual que en la Sagrada Familia, que hoy han venido pero no volverán jamás, así que no importa mucho lo que les demos… haremos caja igual. Sin embargo, existen restaurantes que resisten la tentación de la pesca turística con dinamita, cocinan rico, con criterio y logran no defraudar al comensal.

No son muchos y de hecho hemos tardado tres semanas de visitas acumuladas para conseguir cribar apenas media docena de restaurantes, esa es la verdad. Algunos son casi centenarios, otros cosmopolitas y modernillos, alguna apertura reciente e incluso uno de ellos está dentro del casal gallego más antiguo de toda Europa. Date un paseíto por La Rambla, desayúnate un bikini frente al Liceo o empújate una brandada en una de las sillas-butaca más cómodas de la ciudad. Acércate a La Rambla, aunque parezca mentira… si buscas, encontrarás.

Louro, de los mejores gallegos de Barcelona

El rodaballo a la meunière de yuzu con grelo salteado de Louro / Foto cedida

A cuatro zancadas del Liceu y en su misma acera encontramos la entrada al Centro Cultural Gallego más antiguo de Europa. La entrada tiene un aspecto espartano y envejecido. Está en el interior del antiguo Palacio del Conde Güell y el busto de Castelao preside las gastadas escaleras imperiales que conducen hasta el principal, hasta la puerta del Louro, un tesoro oculto a plena luz de La Rambla.

Aquí la cocina gallega se presenta alejada del cliché e interpretada con moderna naturalidad. A los mandos encontramos a Guillermo Dosil, que ha incorporado a la carta “la receta de las vieiras al horno de mi madre y la de las almejas a la marinera de mi padre, me gusta que haya una cocina de origen y familiar. Así da gusto, de vedad.

La personalidad gallega impregna toda la carta, y así cuando es temporada los grelos acompañan al rodaballo a la meunière y en la preparación clásica francesa sustituyen el limón por el cítrico del yuzu y añaden el punto astringente del grelo a la combinación final. Si no hay grelo, lo hacen con pack-choi, espinacas y acelgas y el plato es algo más domesticado. Las croquetas de cocido gallego son un clásico instantáneo: perfumadas con eau de chorizo, esféricas, gigantes en tamaño y en sabor. Adicción.

Excelentes las tostadas de pan con sardina ahumada y queso D.O. Cebrerio que, nos cuenta Guillermo, “son un clásico de esos que no puedes tocar en la carta del local”. El pan lo cortan en formato lingote, lo tuestan dejando el interior jugoso y elástico, y la suave acidez de este queso fresco tan singular combina de maravilla con la carnosidad ligeramente enranciada de las sardinas. Maravilla sideral.

También elaboran arroces, grano variedad dinamita cultivado en Valencia. En el arroz de choquitos de la Barceloneta, espárragos trigueros y mayonesa de hierbas “preparamos un fumet de galera, cabeza de rape y langostino. Y un sofrito con pimiento choricero, pimiento verde y pimiento rojo”. Te lo sirven en cazuela de hierro, a la antigua, y es un espectáculo total. Para los postres, tarta de queso cremosa, tarta Larpeira y A Torrija do Ferreiro. ¿Te suena gallego? Pues es exactamente como sabe, a Galicia puesta en el paladar. // Louro. Rambla del Caputxins 37, principal, Barcelona). Tel. 937 308 280

Banquet (Sergi de Meià), la gran cocina catalana

La oveja 'xisqueta' con verduritas crocantes de Sergi de Meià / Foto: Òscar Gómez

La cocina de Sergi de Meià es delicada y sutilmente compleja. Este cocinero de talento desatado y pasión por la cocina catalana tradicional sabe combinar con sensibilidad los sabores y aromas. La suya es una labor de perfumista del paladar, orfebrería del sabor. Su restaurante Banquet está a 50 metros de La Rambla, tiene una sala espacios y señorial con una de las mejores sillas-butaca de toda la ciudad. Comodidad extrema a precios razonables, puedes comer por menos de 30 euros y desde luego también por mucho más.

Ofrecen una carta extensísima donde puedes encontrar desde platos tradicionales elaborados con la receta de Adelaida Castells, madre de Sergi, “No podían faltar las recetas de la mama, como la tripa con capipota o los macarrones de toda la vida”, nos cuenta el cocinero, junto a versiones gloriosas de platos como la brandada de bacalao que Sergi borda: “La hacemos añadiendo un poco de hinojo a la combinación clásica de aceite, refrito de ajos y bacalao”.

Es imprescindible su oveja de raza xisqueta con verduras crocantes que van cambiando durante la temporada. Hemos tenido suerte y hemos podido disfrutar de la flor de calabacín rellena como acompañamiento de una carne que tarda más de 12 horas en ser procesada y elaborada. Es un plato de carnes fundentes, verduras tersas y salsa con sabores tostados, caramelizados y gloria palatal. Esta raza de oveja “se ha recuperado, pero estuvo en peligro de extinguirse. Tiene el cuerpo robusto, los machos no tienen cuernos y está bien adaptada a las duras condiciones de la alta montaña. Proviene de mi comarca de origen”, nos cuenta el cocinero: El Pallars.

Para los postres, divertida versión modernizada del músico, donde el clásico puñado de frutos secos con porroncito de mistela se convierte en cucharadas de crema catalana enriquecida con nata, helado de mató, chorro de miel y, junto a las almendras y avellanas clásicas, también orejones y ciruelas pasas. Cucharadas golosas en un postre que de hecho son tres postres juntos del recetario catalán. Para los amantes del chocolate, el suizo, con cacao puro procedente de Perú y nata sin azúcar montada en la casa: un postre sin dulce, amargo y ligeramente astringente. Me encantó, la verdad. // Banquet Barcelona-Sergi de Meià. c/del Pintor Fortuny, 5, 08001 Barcelona. Tel.: 937 155 936

Cafè de l'Òpera, bikinis para desayunar

El bikini gozoso del Cafè de l’Òpera en un entorno singular / Foto: Òscar Gómez

En cuanto le paseas el ojo a las paredes del Cafè de l’Òpera, te das cuenta que estás viviendo historia viva de la ciudad. Estética modernista para un local que nació ya en el siglo XVII, aunque en aquel momento se decoró con look vienés. Luego pasaría a ser una chocolatería antes de convertirse en café, a principios del siglo XX. Camareros veteranos que se las saben todas, con uniforme clasicón de chaleco negro sobre camisa blanca y una curiosa mezcla de clientela turística y trabajadores del Liceo —situado justo enfrente— que acuden durante la mañana para desayunar.

En la carta tienen muchos sándwiches, pero a mí me sulibeya el bikini, que cuando está bien hecho es una oda a la simplicidad y la belleza en el paladar. Toni ha sido nuestro camarero, bregado y simpático. Nos ha dado las pistas de cómo se comporta el personal: “Triunfa bastante el bikini, pero aún más el bikini doble y sobretodo el Club Sándwich. En cambio, a los anglosajones les cuesta mucho más el sobrasada con queso, ese no lo entienden tanto”, y sonríe con sorna mientras recoge la mesa y la prepara porque lo de este café es un no parar.

Yo seguiré con mi bikini simple, bien elaborado aunque un poquito más de tostado externo no le vendría mal. Buen jamón york y abundante queso. En plena Rambla, a precio razonable. ¿Quién da más? // Cafè de l’ÒperaLa Rambla, 74, 08002 Barcelona. Tel. 933 177 585

CentOnze, un risotto de escándalo

Los cannoli de ricotta con tomate y albahaca del CentOnze Restaurant / Foto: Òscar Gómez

Suelo desconfiar de los restaurantes de hotel —en este caso, el hotel Lé Méridien—, a menudo son fríos e impersonales, pensados para gustar a todo el mundo y cuando eso sucede es complicado que también lleguen a enamorar. La sala del Centonze es un poquito así, espaciosa, cómoda y algo fría. Con música ambiente que a mí me sobra, la verdad. Aunque compensa con creces con su carta variada y divertida, una cocina bien ejecutada, unas vidrieras espectaculares que dan a la misma Rambla a pie de calle… y un risotto escandalosamente bueno. Pero bueno de verdad.

Antes del risotazo, nos zampamos unos divertidos cannoli de ricotta con tomate seco y pistachos. Cannoli salados, cremosos y crujientes, una manera divertida de jugar con el formato del tubo relleno de requesón. Nos gustó el guiño, queremos más. Buenas patatas bravas en formato hojaldrado, con numerosas capas de patata confitada y compactada antes de pasar por la fritura final. Buenas salsas caseras, sobre todo la roja de textura rústica y sabor intenso, aunque para llamarse brava, quizá debería picar un poco más.

Excelente risotto de langostinos con textura cremosa y toque cítrico, muy elegante y punto de cocción perfecto. Cada cucharada resultó espectacular. Buen raviolone relleno de pato deshilachado con salsa gástrica de cerezas. Y para los postres, otra vez un juego: un xuixo con sabores de bakvlava, que resultó ser un croissant tostado relleno de crema de pistachos acompañado de un buen helado de yogur con un chorrete de miel. Un conjunto fresco, untuoso y muy goloso. También queremos más. // CentOnze. La Rambla, 111, 08002 Barcelona. Tel.: 933 164 660

Restaurant Núria, tapas donde empieza La Rambla

Gambas al ajillo y ensaladilla rusa en el Restaurante Núria / Foto: Òscar Gómez

Desde 1926 llevan dando de comer rico en este local situado justo donde empiezan las Ramblas junto a Plaça Catalunya. En tanta década ha tenido tiempo de ser piano-bar, punto de encuentro para marines de la Sexta Flota y lugar de tertulia y famoseo de artistas a mediados del siglo pasado. El Núria es una institución de la ciudad situado en una zona complicadísima, de enorme presión turística y que en los últimos años ha perdido personalidad a marchas forzadas.

Es un entorno abarrotado de franquicias clónicas, restaurantes de comida rápida y gentrificación gastronómica brutal. Y ese es su gran mérito: seguir y persistir, no dar su brazo a torcer y dar continuidad a una carta que sin ser una recopilación de cocina catalana tradicional, es capaz de proponer unas buenas gambas al ajillo y una ensaladilla rusa para comer o desayunar.  Eso es mucho en la Rambla actual.

Otra virtud añadida es que la cocina está abierta desde primera hora de la mañana y no cierran ningún día del año. Así que puedes pedir lo que quieras y aunque fuera de horario habitual puede que tarden un poco más en cocinarlo, te van a traer cualquier plato, platillo o postre de la carta. No está nada mal.

Su sala es señorial, con grandes espejos, lámparas colgantes, suelo elegante de combinación blanco y negro… recuerda un poco al estilo Gatsby, y ayuda que durante la mañana suene de fondo música de dixie-jazz. Además de las gambas, que llegan en una mini-sartén, perfumando con ajo el ambiente, peladitas y jugosas, también sirven tortilla de patatas de tamaño individual y buen pan de coca con tomate. Tostado, crujiente y tibio, una forma de no maltratar este icono del paladar catalán. // Restaurant Núria. Rambla de Canaletes, 133, 08002 Barcelona. Tel.: 933 023 847

Canaletes, garbanzos y bacalao

Bacalao a la brasa  y alubias de Santa Pau y garbanzos salteados con espinacas / Foto: Òscar Gómez

Menos de un año lleva abierta esta cervecería que ha apostado por la brasa y el producto sin mucho disfraz como gran valor gastronómico. Y que tiene una carta bien poblada de platillos con raíz catalana, sobre todo los pensados para el momento de desayunar.

Además la estética es una pocholada, combinación moderna de sillas de esparto, lámparas rústicas, mesas de ladrillo de obravista y todo justo enfrente de la fuente de Canaletes. Es una apuesta arriesgada que evita el cliché de la sangría y la paella chunga, bravo y endavant.

Me gusta sobretodo que den desayunos desde bien temprano, con unos garbanzos con espinacas donde el cocinero Germán Lérida ha sabido combinar la tradición catalana con el toque andaluz, el vino de jovencito desde Sevilla a Barcelona para cocinar. Añade al pimentón y al comino de los garbanzos un toque de vinagre suave, sospecho que de Jerez o similar. El resultado es goloso, acidulado, en cierta manera fresco y es una maravillosa forma de desayunar.

Si quieres recuperar la tradición barcelonesa de almorzar bacalao, lo preparan a la brasa con una muselina de allioli y lo acuestan sobre una cama de mongetes de Santa Pau. Estas alubias son menudas y cremosas, una combinación canónica de alta tradición que le va de maravilla a las carnes jugosas del bacalao. // Canaletes Cerveseria. La Rambla, 127, 08002 Barcelona Tel.: 931 206 167

Bola extra: Rocambolesc 

Heladería Rocambolesc en La Rambla / Foto cedida

Los hermanos Roca llevan hasta la Rambla su heladería protagonizada por los sabores originales, las formas soprendentes y los toppings variados. El local ocupa un espacio en el Gran Teatre del Liceu, que es un plus divertido que suma un puntito de glamour al conjunto. No sería la primera vez que de postre tras disfrutar de alguno de los restaurantes comentados, nos paseamos La Rambla con un buen helado entre las manos. Eso es mucho pasear. // Rocambolesc. Gran Teatro Liceu, La Rambla, 51, 59, 08002 Barcelona. Tel.: 937 431 125