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Despensa

Cómo comer bien y gastar menos: alimentos sanos y baratos que no deberían faltar en tu despensa

Aprovechar los sobrantes, comprar productos de temporada y elegir dónde gastar son las claves para que la compra cunda más: con ideas de platos sencillos y económicos

5 minutos

Arroz al estilo libanés con brócoli y huevos, una receta de Inés Butrón / Antonio Ron / Cómo comer bien y gastar menos: alimentos sanos y baratos que no deberían faltar en tu despensa

Tras las vacaciones llega la peor cuesta del año, que no es la de enero, sino la de septiembre. Los gastos en alimentación y la organización de la despensa juegan un importante papel en las economías domésticas y, aunque es muy difícil ahorrar con la imparable subida de precios en la cesta de la compra de estos últimos cinco años, si se puede controlar el modo en que invertimos nuestro presupuesto alimentario de manera que cunda lo más posible sin que merme la calidad de nuestros menús, es decir, sin poner en jaque a nuestra salud.

Porque comer bien no es necesariamente comer lo más caro del mercado, estos pocos consejos e ideas que hoy recopilamos son algunas de las prácticas que podemos poner en marcha para que la cuesta de septiembre sea más llevadera.

Acabar con los sobrantes

En primer lugar, y antes de empezar a llenarlo todo a lo loco, hay que hacer una limpieza a fondo de neveras, congeladores y despensa para evitar desperdicios y utilizar aquellas cosas que teníamos como comodines en el fondo de los estantes por si las moscas.

Si tienes restos de setas congeladas, guisantes o alguna gamba de no se sabe cuándo, aprovéchalas. Estas tres cosas, más media docena de huevos, un par de puerros y una patata pueden servirnos para hacer una buena crema de guisantes con menta y un revuelto de boletus con gambitas. En cocina, los nombres son importantes.

En la nevera seguro que hay restos de mil salsas calóricas e innombrables que solo probaste en una ocasión. Olvídalas en un rincón oscuro de tu memoria y empieza de cero.

En la despensa seguro que hay algo de bollería industrial. Si es así, gástalo cuanto antes. Hay púddings estupendos a base de croissants y magdalenas de hace una eternidad que te sorprenderían, pero, en general, es el gasto más superfluo de toda tu inversión en comida porque no aporta nada interesante nutricionalmente hablando y es un coladero de dinero que puedes gastar en buen pan, conservas de pescado y encurtidos clásicos.

Adiós ultraprocesados, hola legumbres

Lo mismo podemos aplicar a pizzas congeladas de mala calidad y otros ultraprocesados que calientas en el microondas para salir del paso. Con una barra de buen pan, unas rodajas de tomate, un par de pepinillos y unas sardinas en aceite de oliva se come mejor y más barato.

Arroz de papada y costilla de con trompetas de la muerte y judías, receta de Inés Butrón / Antonio Ron

Aprovecha para comprar los alimentos secos a granel y de temporada —en otoño llegan las nuevas legumbres— que han de permanecer durante varios meses en la cocina: arroz, pasta y legumbres. Aunque las modas low carb y de las proteínas a cascoporro estén haciendo furor, las personas, sobre todo, los niños y los jóvenes, necesitamos la energía de los carbohidratos. Son la base de muchos platos económicos, nutritivos y ricos.

Para comer arroz, por ejemplo, no es necesario que lo hagas de marisco; basta un poco de panceta y costilla de cerdo con cuatro setas sobrantes y un buen sofrito para hacer un arroz otoñal delicioso. El arroz largo, por su parte, es ideal como guarnición o para componer platos sencillos como un arroz al estilo libanés con pasas, almendras y especias que se prepara en 15 minutos. Una vez lista la guarnición, tu decides si quieres añadirle un poco de pollo a la plancha o un simple brócoli con unos huevos cocidos y llevarte un poco al trabajo para comerlo al día siguiente.

Si no quieres cocer legumbres —necesitan tiempo y bastante combustible— utilízalas ya cocidas y aprende cuatro guisos muy básicos a base de sofrito de ajo, cebolla, tomate y pimentón para hacer unas ricas lentejas con o sin embutidos. O una cazuela de alitas de pollo al vino blanco que se remata con unos garbanzos.

Huevos y patatas, imprescindibles

Las patatas son imprescindibles en cualquier cocina porque ellas solas componen un recetario completo. Si te gustan los clásicos, prueba las 'patatas a la importancia' y acompáñalas con la verdura de cada temporada: alcachofas, ajos tiernos, espinacas, etc.

Patatas a la importancia con ajos tiernos y alcachofas, una receta de Inés Butrón / Antonio Ron

Huevos y patatas forman el tándem perfecto, pero no siempre tienen que servirse rotos y con jamón de bellota. Las mejores tortillas pueden incluir, además de la clásica cebolla, un pimiento verde, calabacín, espinacas o... berenjenas. Prueba a cocinarlas de una manera sencilla: cortadas a rodajas y hechas a la parrilla, intercalando entre ellas una de tomate, un poco de queso de cabra y un par de hojas de albahaca hasta formar un timbal. Es una cena sencilla, barata y sabrosa.

No malgastar dinero

Saber distinguir el momento óptimo de un alimento es esencial para no malgastar dinero, de la misma manera que hay que entender que su precio puede variar por factores como la climatología adversa o los conflictos geopolíticos. Estos conllevan la subida de los insumos y, por lo tanto, el encarecimiento de la producción y el transporte.

¿Las judías verdes están carísimas? Pues compra brócoli, pimiento rojo, berenjena, calabaza o cualquier otro alimento de la estación y de tu entorno, si es posible. A la mayoría les basta una técnica sencilla como la plancha o el horneado para que estén deliciosas.

El mejor lugar donde percatarse de ello es el mercado. Libres de embalajes —el tiempo, el corte y el plástico también se pagan—, pero también más frescas y con el punto exacto de maduración, las verduras y las frutas no son las coristas de nuestra dieta, sino los básicos que realzan la carne y el pescado.

Saber elegir carne y pescado: no siempre es caro

¿Toda la carne es cara? Depende de los cortes y las partes del animal. Un chuletón de vaca vieja madurado hasta el límite de la podredumbre es más caro, y no necesariamente más rico, que unas carrilleras al horno o al vino tinto, o la sopa resultante de un caldo con un trozo de costilla de ternera, una carcasa de pavo, un trocito de gallina y un pie de cerdo salado bien acompañados de apio, zanahoria, nabo, puerro y chirivía que puede apañarte varias cenas a lo largo de la semana.

Si compras tú la carne picada puedes hacer unas buenas albóndigas —medio kilo de carne picada de cerdo y ternera dan para unas 14 o 15 albóndigas— o los clásicos filetes rusos de nuestras madres, las protohamburguesas de los 70. Son más ricos y baratos que esas hamburguesas o butifarras filigraneras llenas de cosas que pagas y no notas.

Y, por supuesto, está el conejo, ese animal que todos consideramos “de compañía”, pero que es riquísimo simplemente al ajillo o en arroces de montaña.

Sardinas a la brasa con hinojo y cherrys, una receta de Inés Butrón / Antonio Ron

¿Y el pescado? Depende de lo que quieras consumir. Si observamos bien, siempre hay en toda buena pescadería alguna pieza que pocos conocen: un sardo, una lluerna o rubio, alguna melva, un bonito del Mediterráneo, una moixina o pintarroja para guisar, las últimas sardinas, etc. Pregunta siempre la procedencia y escoge lo que sea de temporada, no lo que todos demandan y, por tanto, es más caro, como el salmón o el gall de sant Pere, tan vistoso y tan costoso.

Los postres se resuelven fácilmente utilizando fruta de proximidad o añadiendo la que no esté tan sabrosa como cabría esperar a yogures y bizcochos caseros que, además, pueden enriquecerse con quesos frescos y frutos secos y así rematar el plato a nivel nutricional. Ahora están en su máximo esplendor los melocotones de Calanda y pronto llegarán las granadas. Un poco de granada y melocotón bañados de zumo de naranja es una combinación de diez, para tu bolsillo y tu salud.

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